Así se hace 'Fama, a bailar'

Charlamos con el productor ejecutivo Floren Abad, la directora María Zambrano y el guionista Juan Higueras, los 'cerebros' de 'Fama, a bailar', el concurso de Movistar+ en colaboración con Zeppelin, cuyos participantes han seducido a miles de espectadores por su vitalidad, optimismo y talento.

Grafitis en las paredes de hormigón, enormes tubos industriales en el techo… Parecen atrezo pero no lo son. Una antigua fábrica de jabones ubicada en Alcalá de Henares, Madrid, se ha convertido en un elemento más del concurso de baile. El plató ocupa la mayor superficie. En él se han construido unos modernos cubos metálicos con paredes de cristal, donde se reúne el claustro o ensayan los alumnos. Al fondo no pasa desapercibida una elevada escalera que conduce al otro ala. Pero no se puede acceder; conduce a las estancias donde permanecen encerrados los participantes. Para conocer el funcionamiento de Fama, a bailar, que se ha convertido en un centro de formación hablamos con el productor ejecutivo, Floren Abad, la directora María Zambrano y guionista Juan Higueras.

"Para poder llevar a cabo un programa de estas características, con una planificación que nosotros llamamos la sábana santa por lo extensa que se necesita una persona que lo coordine todo, y ese es Juan Higueras, uno de los guionistas. Lo que hacemos cada día ya está preparado desde hace diez días; incluso lo que se emite hasta la última gala en junio está prácticamente cerrado. Solo nos falta por cerrar algún premio y actuaciones de artistas invitados", dice el productor.

Un ritmo frenético del que también se contagian los concursantes: "Cuando dicen que están muy cansados es que están sometidos a un estrés tremendo de baile, baile, baile… Cada coreo que arrasa en youtube tiene seis o siete horas detrás, las grupales llegan a durar hasta doce y luego se comen hasta cuatro o cinco de grabación".

"Este programa es pura mecánica", sentencia la directora. "Hay que adaptarse a las cinco galas diarias; el martes empezamos a trabajar la gala del domingo; luego, las escaletas hay que prepararlas dos días antes para que esté el día que lo necesitas. A veces te vuelve loco porque no sabes en qué día estás. Trabajamos de forma simultánea. Los equipos trabajan el día y el futuro". El equipo está formado por 115 personas: "Pensábamos que fuera más reducido pero el día a día les ha obligado a incrementarlo".

¿También los profesores trabajan en esa misma velocidad? "Desde luego que sí, desde que empezamos creo que han tenido un día libre, que no hayan venido aquí", dice el productor. Y el guionista aclara: "Aunque parece que no están enseñando la coreo porque los alumnos ya la saben están montando la siguiente, incluida la grupal". En esta nueva etapa de Fama, a bailar se han prescindido de elementos de antes que funcionaron bien: "El tribunal de convivencia era uno de ellos, pero había que hacer algo distinto del original. Este programa es más corto; entonces duraba hasta dos horas y media, y todo se narra de otra manera. El talent funciona mejor si lo centras en eso, en el talento", añade el productor.

En cuanto al perfil de los concursantes, también ha cambiado: "Se nota en la versatilidad. Antes estaban formados en un estilo concreto y ahora conocen todas las disciplinas, no hay nada estanco, pueden bailar cualquier tipo. Ahora es muy difícil definir cada pieza. Se fusionan mucho. Ese fue un debate que desarrollaron antes de hacer el programa", reconoce María Zambrano. La mentalidad de hace 10 años tampoco sirvió en el casting de los profesores: "Ellos mismo rechazaron las etiquetas, cada uno marcaba su estilo personal en cada coreografía. Eso fue nuestro primer golpe de realidad", confiesa Floren Abad.


Otro gran cambio es la disposición de las cámaras para prescindir del reality. "Los concursantes tienen tiempo fuera de cámaras. La lógica –dice Floren– es que ellos mismos decidan qué contar". María insiste en que "hay cosas que no interesa mostrarlas, queremos poner el acento en el baile y en su dedicación. Ellos saben que están las cámaras, pero buscamos otro lenguaje audiovisual. Creo que merecía la pena no forzar nada".

El canal 24 horas está abierto de 9 de la mañana a las 23.30. Floren recuerda que en el primer Fama, que empezó en 2008, los concursantes aprendieron a utilizar el Whatsapp. Ahora son conscientes de que se consume menos televisión al uso. "A pesar de las nominaciones o expulsiones tenemos que hablar del diferido o bajo demanda, que en este programa es importante aunque parezca incoherente al tener una mecánica diaria". "Además –recalca el guionista-, ahora se construye la televisión en fragmentos, la pieza o coreo que interesa. Igual no se asoman al programa entero, pero sí consumen trozos, y nosotros tenemos que tenerlo en cuenta".

Es importante contrarrestar la carga de baile con una actuación musical, excepto la gala de los martes, que tiene siete coreografías. "Y hay que dejar hueco a lo que les pasa ello, además del talent incluir algo de convivencia. Mostrar sus dificultades, alegrías, agobios… Aunque apenas llevamos tramas personales", dice Zambrano. Cada jornada arranca a las 12 con la reunión de contenidos: "Revisamos las previsiones que ya hemos dejado hechas el día anterior, si acaso hay que incluir un vídeo que se produjo la noche anterior. Estamos todo el día negociando con el departamento. Luego se empieza a escribir el guion para pasarlo a realización, que asiste también al ensayo de la tarde y conocen el orden de actuaciones".

La selección de canciones y de actuaciones se estudia a fondo. "Los chicos se crecen en la gala del domingo –explica María–, por eso elegimos más por el tipo de música y menos contenidos, lo mezclamos". Eso sí, resulta imposible planificar quién va a destacar cada día. "Todo puedo pasar en la pista por el factor artístico. Tienen la suerte de no tener que estar pendientes de la audiencia; lo hacen cómo tienes que hacerlo y no buscamos cebos. Solo tenemos un corte de publicidad y nos dicen que lo pongamos donde queramos. Es lo bueno de una tv de pago, solo piensas en hacer el mejor producto", aclara el productor.

Un juego muy acompasado en el que también tiene que haber espacio para los imprevistos: "Cuando un chico se rompe surge un momento de crisis, como cuando Claudia se lesionó una hora antes del directo; lo más gracioso fue la cara de Raymond cuando le pedimos que adaptara la coreografía", recuerda María. Se repitió con Valero, pero él fue por la mañana, y no pudieron tomar decisiones hasta que volvió cuatro horas después del fisio. Han desarrollado una memoria coreográfica enorme, "que no traen de casa, es donde más se nota la evolución, cómo se adaptan a los imprevistos".

En la recta final resulta difícil hacer pronósticos. Defienden que sea al público el que elija al margen de la calidad del baile: "Un artista se debe a su público, no vale solo ser el mejor sino que también conquiste con su carisma. No queremos que elijan solo los profes, la gente tiene que empatizar con su favorito –añade Zambrano–. Eso es parte de la magia del programa".

Salir fuera para ellos es una fiesta. ¿Hasta qué punto están aislados? "Este no es un programa de encierro sino de aislamiento relativo. No saben la repercusión exterior ni tienen contacto con la familia, pero sí con los estilistas, los técnicos, cámaras… Ven a mogollón de gente. Con el equipo están todo el rato. Pero seguro que echan más de menos Instagram que su padre", bromea la directora. Sus móviles no tienen conexión de internet, un servidor interno gestiona luego sus mensajes. Tampoco pueden salir a los jardines cuando quieran, tienen que pedirlo: "Es una especie de recreo en lo que ellos llaman el patio andaluz".

"La estructura es muy parecida entre los dos programas en cuanto a la atención en la escuela, en la organización de clases, tutorías… que se hacen en vivo –explica Floren–. Pero aquí los espacios son limitados y muy diáfano, y ellos se están moviendo constantemente, y hay que mover las cámaras todo el rato con el beneplácito del director de fotografía. Eso también hace que seamos más lentos en algunas cosas".

En esta edición, por primera vez se han utilizado unas cámaras japonesas para el directo, que uso Velvet en episodio final. "Un trabajo que ha supuesto muchos quebraderos de cabeza. Venimos de otros programas de trabajar a la velocidad del rayo y cuando metes un director de fotografía en tu vida todo se hace más lento. El resultado es precioso, pero cuando quieres captar lo que quieres, estás esperando a llevar e instalar la cámara y ajustarla como tú quieres…".

Está claro que prima la parte artística sobre las historias personales. "Y eso se nota en que los profesores son menos personajes, y van sin guion. Se coordinan bastante bien". Y no se descuida el aspecto emocional. "Antes de entrar se les hace estudio psicológico. El coach Juan de la Torre trabaja con ellos, y una preparadora física Sally. Pero en general todos les cuidamos. Todo el equipo está acostumbrado a tratar con el concursante", dice Floren. "Nos ven desde los niños hasta los profesionales del baile y por eso les pedimos a los profesores que piensen en el público en general para que entiendan tantos los pasos como los términos que utilizan".

"Esto es más que un programa –cuenta Juan Higueras–. Tenemos que encontrar un equilibrio entre el programa de televisión y la formación. Los chicos tienen que formarse. En el programa pasan desapercibidos los workshop por ejemplo pero para ellos son muy importantes. Procuramos que todas las semanas tengan dos o tres, para que reciban su aprendizaje". María Zambrano aplaude que "sean superexigentes, y están desarrollando por desconocimiento un aprendizaje que les servirá en un futuro, un rodaje que se van a llevar. Y eso es impagable".

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