Jesús Calleja retoma ‘Volando voy’: ¿Cuáles son sus nuevos destinos? ¿Con quién se ha encontrado?

El aventurero nos enseña nuevos lugares de la geografía española a vista de pájaro, desde la Ribeira Sacra a Tabernes y Fornells, a bordo del helicóptero ‘Robinson 44’. La primera entrega convence a 1.170.000 espectadores, un 7,4% de share.

 

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Dicharachero,  intrépido, Jesús Calleja es también el aventurero total. Igual escala las cimas del Himalaya, que bucea en los cenotes de México, que se sube a un helicóptero para recorrer España. Como en Volando voy, cuya segunda temporada emite
Cuatro en breve y en la que
surcará los cielos de Castilla
y León, Andalucía, Baleares, Cataluña y Galicia. “Vamos a mostrar sitios poco conocidos, pero con una belleza espectacular 
y unas gentes increíbles”, dice.

Además, en esta entrega, quiere realizar una labor de servicio público: “Nos hemos propuesto resolver las necesidades de cada zona. Si en un pueblo no tienen cobertura para internet o problemas con el suministro de luz, movilizaremos lo que haga falta para resolverlo”. Como en Fornells, un pueblo pesquero al norte de Menorca, donde viven de la langosta: “Allí hicimos un despliegue brutal, a bordo incluso de un buque oceanográfico. Las langostas se están agotando, así que hemos construido unas ‘casas’ para ellas en el fondo del mar y hemos intentado calcular cuántas habrá en el futuro”.

En el desierto de Tabernas, 
Almería, el objetivo era experimentar con la energía solar:
 “Muchos no saben que es el único desierto de Europa… Explicaremos cómo se vive allí y las posibilidades que las energías renovables ofrecen”. La Sierra de la Culebra (Zamora), la Ribeira Sacra (Galicia), el delta del Ebro (Tarragona), las marismas de Doñana (Cádiz) y el bosque de
Muniellos (Asturias) serán otros de los escenarios.

El programa tampoco ha perdido el sentido lúdico de su primera tanda: “Queremos ser útiles, desde luego, pero también reírnos tanto o más que las otras veces”. Así, en Tabernas visitarán Fort Bravo, una especie de parque temático sobre las películas del Oeste, donde se han
rodado más de 300 títulos: “Nos hemos topado con auténticos personajes, y el último día hicimos una proyección con los momentos más divertidos y tomas falsas de la grabación. ¡Fue genial!”. También hay un hueco para la cultura: “En Menorca nos desplazamos al poblado de Torre d’en Galmés para charlar sobre la arquitectura talayótica con el arqueólogo Ismael Moll”.

La primera temporada superó
el millón de espectadores de
media, pero Jesús no se siente presionado: “Como personalmente me encuentro mejor que nunca, a nivel profesional también, así que estoy sereno”. De hecho su siguiente estreno será lo nuevo de Planeta Calleja, con invitados como Elsa Pataky, Carles Francino o Cayetano Rivera. “Lo mejor de este espacio es que nos hemos convertido en una referencia televisiva y los personajes importantes quieren venir. Muchos, incluso nos llaman 
–asegura–. Además, como me encanta conversar, me permite profundizar en aspectos de sus vidas menos conocidos”.

Con Elsa y su marido Chris Hemsworth fue al Himalaya y sufrieron algún susto; a Carles se lo llevó a rapelar cascadas en Cabo Verde y a Cayetano lo convirtió en un colono explorando los glaciares de la Patagonia chilena. “Todas fueron expediciones muy físicas, pero me siento más en forma que nunca, a mis 51 años. Entreno un mínimo de cinco horas cada día de la semana y eso me permite competir en carreras de fondo o de bicicleta con veinteañeros, a los que encima gano (risas)”.

Pero… ¿le cuesta más recuperarse? “Al revés, no me hace falta ni descansar, ya que mi cuerpo está acostumbrado a entrenar duro. Cuando noto mucho desgaste, me ejercito más flojo y listo. Mi combustible son los embutidos de León”.

Tampoco descuida su faceta solidaria, ya que sigue muy volcado con Nepal, que todavía se resiente del terrible terremoto de 2015: “Una parte del presupuesto la destinamos a ayudas, es nuestra obligación”.

Próximo destino de ‘Plante Calleja’: Chile

De las próxima entregas de Planeta Calleja, destaca la que grabó con Cayetano Rivera 
en Chile y, en concreto, su visita a Caleta Tortel, “uno de los lugares más aislados del planeta, sin televisión ni teléfono y donde sus 500 habitantes viven 
del ganado y de 
cortar madera”. Allí descendieron en una sencilla balsa hecha 
con troncos el río Baker, el más caudaloso de 
la Patagonia chilena.

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