Íker Jiménez y Carmen Porter: “Lo paranormal de ‘Cuarto milenio’ es que llevemos 500 programas”

¿Qué programas han funcionado mejor? ¿Cómo desconectan? El matrimonio hace balance del programa más longevo de Cuatro.

 

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Doce temporadas, 2.000 reportajes, 8.000 entrevistados, más de 1.000 recreaciones históricas y 500 testimonios científicos. Este es el balance de Cuarto Milenio, que celebró su emisión número 500 con un especial grabado en la instalación militar española de alta seguridad de las ruinas del antiguo palacio de Sisla, en Toledo. Acompañamos a Íker Jiménez y Carmen Porter a las instalaciones para hacer balance de estos años.

¿Impone la cifra de 500 programas?
Íker Jiménez: En este tiempo, el programa ha generado una comunión. Particularmente no me lo termino de creer, me parece un misterio muy grande.
Carmen Porter: Lo paranormal del programa es que llevemos 500. Nos preguntaron si íbamos a tener temas para trece entregas y no hemos parado. Cada vez nos escribe más gente que no tiene miedo a contar lo que les pasa. Ahora hemos conseguido que nuestras cámaras entren en un recinto militar. Eso hace 12 años era impensable.

¿Qué límites os marcáis en cuanto a los temas?
I.J.: Es como un pálpito que hemos desarrollado durante mucho tiempo: esto interesa, esto no. Cuando tratamos temas del demonio, por ejemplo, cae en picado. Lo que mejor funciona en cuarto Milenio es la conspiración. Yo pienso lo que me interesa de verdad y lo cuento. Hemos seguido pautas que no son propias del éxito en televisión. Si lo único que haces es meter miedo, miedo y miedo, parece que ya no es verdad.

¿Cuál ha sido el programa más visto?
I.J.: Es curioso porque los temas que menos han funcionado son los que tradicionalmente se asocian al programa. Fue muy bien el de los mitos y verdades del crack; el especial de las Caras de Bélmez o los reportajes de Félix Rodríguez de la Fuente.

¿En algún momento os habéis planteado un cambio de registro?
C.P.: Cuando hicimos el programa 13 dijimos que dejábamos la televisión, justo cuando el programa tenía una audiencia brutal. Pero no podíamos más: hacíamos radio y televisión, apenas pasábamos por casa… Íker se estaba poniendo malo.
I.J.: Y me dijeron que sabían que estaba loco, pero no tanto (risas). Nos dijeron que, desde el segundo programa, ya nos estaba imitando todo el mundo.

¿Como desconectáis?
C.P.: Ayer, por ejemplo, estábamos con la niña en la piscina y, al momento, hablando de psicología.
I.J.: Lo importante es tener sentido del humor. Esto para nosotros no es un trabajo, es una forma de vivir. Hay otras parejas del mundo televisivo que también han funcionado…
C.P.: ¡Lo que no sé es si durante 23 años! (risas)

¿Alguna vez lo habíais pasado tan mal como en el programa 500?
C.P.: Están los militares delante… ¡Y con ellos no hay bromas!
I.J.: Yo soy el primero que veo normal que la gente no se crea determinadas cosas… Pero cuando se escuchan las voces de los niños gritando: ‘¡Fuera, fuera!’…

 

En este tiempo, ¿os ha cambiado la percepción sobre si hay vida después de la muerte?
C.P.: Yo creo mucho más, antes era una escéptica. Hemos vivido historias increíbles. Como la de un padre que se queda enganchado a una torre de electricidad, le ponen incluso la manta térmica con la que se tapa a los difuntos y él nos dice que llegó a ver el túnel, que se sintió tan a gusto que, aunque tenía una hija pequeña, prefirió seguir el camino. Y al final revivió. Cuando alguien te cuenta una experiencia así es porque algo más hay seguro. ¿El qué? No lo sé. Pero algo hay.

En estos doce años, ¿de qué os sentís más orgullosos?
I.J.: Yo sigo siendo ese niño enamorado de los temas de misterio.
C.P.: Yo estoy feliz de haber dado seriedad a estos temas en una época en la que solo existía Carlos Jesús y era el choteo máximo.

¿A vuestra hija también le atraen los misterios?
C.P.: A ver, un día nos dice que quiere ser espía, otro bailarina…
I.J.: Hay una anécdota muy bonita. Un día nos preguntó que por qué nos paraban por la calle para pedirnos fotos. Le expliqué que mamá y papá trabajaban en la tele. Y ella cree que todos los padres trabajan en la tele (risas).

¿Tenéis miedos?
I.J.: Por supuesto. Cuando eres padre tu percepción del miedo cambia y aparecen algunos que no sabías que tenías. Lo que ha pasado en Manchester, por ejemplo… eso sí que da miedo. El que en un sillón se hayan hecho o no rituales me da igual. Lo que da miedo es lo que cuenta Pedro Piqueras cada día.

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