María Casado: “Traigo la sonrisa puesta de casa”

La periodista se reconcilia con la profesión gracias a su libro y al gran momento que atraviesa.

 

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“Soy una niña ochentera, de Espinete y La bola de cristal”, reconoce María Casado. Con esta premisa publica Historias de la tele, con anécdotas e imágenes de la época y prólogo de Mayra Gómez Kemp. “Quiero que el lector haga el viaje emocional que yo he hecho al escribirlo”.

¿Por qué el libro? ¿Es un encargo?
No, nació de mi desencanto con el periodismo, por su pérdida de valentía y de contacto con las fuentes. Y también de mi gran interés por la trastienda de la televisión. 

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¿Cuánto te ha llevado el proyecto?
Dos años y medio para recopilar datos, fotos, entrevistas… y, luego, escribirlo.

Abarcas del 56 al 90, antes de las privadas, así que no tocas tu época.
No, porque voy en busca de los pioneros, que con pocos medios y la censura acechando hicieron una tele muy digna. Además, veíamos todos lo mismo, algo ya impensable. 

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¿Eres nostálgica?
De anclarme en el pasado no, pero sí de mirar de dónde vengo para coger la esencia de nuestros mayores, referentes.

El apartado De mayor quiero ser corresponsal, ¿fue verdad?
En parte. Me habría encantado serlo, pero me falta valor para ir a un campo de batalla.

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Te hubiera gustado presentar…
Aquellos programas de entrevistas en profundidad de Mercedes Milá o Julia Otero.

¿Pero qué haces en la tele si aseguras que tu pasión era la radio?
Y sigue siéndolo. Curiosamente en ese medio hice el camino que estoy haciendo aquí: de informativos a programas, donde me siento más cómoda, sin el corsé del telediario. Un magazine como el mío te permite ser tú mismo; reír y llorar, como en la vida.

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¿Recuerdas tu primera vez?
En Sant Cugat. Coordinaba la información que se enviaba a Madrid. Me pidieron que montase noticias sin tener ni idea.

¿Una anécdota profesional?
Los directos de la final del Mundial de fútbol de Sudáfica, desde un andamio en una fábrica de harinas próxima al estadio. ¡Venía de España, donde nos asábamos, y allí hacía mucho frío!

¿Tu entrevista preferida?
En Los desayunos hice muchas a políticos, pero me quedo con la de Spielberg, por emotiva y completa.

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¿Tu mayor virtud?
No sé. Me encantaría que fuera la cercanía, pero poco más. 

¿Tu sonrisa te ha abierto puertas?
Sí, pero la llevo puesta de casa. El buen humor es imprescindible en la vida, y a veces te salva de momentos malos.

Pudimos ver cómo se te heló este 
verano con el atentado de Barcelona.
Estaba de vacaciones allí y me ofrecí a cubrirlo. Fue duro  y sentí rabia, sobre todo al 
recorrer esa Rambla donde he desgastado tantas zapatillas.

En La mañana, ¿te sientes ‘liberada’ de la información pura y dura?
No he tenido sensación de alivio, también la disfrutaba. 
La responsabilidad y la presión se las pone uno mismo.

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Se critica la falta de transparencia de los informativos de TVE.
Ojalá se llegue a un acuerdo para despolitizar las teles y radios públicas; solo así serán plurales y competitivas.

Ahora estás en otro registro.
Sí, soy inquieta y me gusta cambiar y probar otras cosas; es sano y enriquecedor.

¡También lo has hecho en lo físico!
Desde que acabé el libro, en marzo, hago deporte; una 
hora de crossfit, de lunes a viernes. Me ha cambiado el cuerpo y también el coco, me ha hecho más fuerte. 

¿Otras aficiones?
Leer, pasear y quedar con amigos. Antes de La mañana no tenía vida social.

¿Una asignatura pendiente?
Un programa de humor o un late night, ¿por qué no?

¿Es cierto que optaste a OT en 2001?
Sí, estaba en la radio e hice el casting de presentadores de Canal OT; llegué a la fase final. Sigo el programa. Amaia, Raúl y Alfred son mis ‘top’.

¿Te veremos en Telepasión?
¡Claro! Es mi cuarto año. Me encanta canturrear y bailar. Esta vez hago un solo, con un cuerpo de baile masculino.

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Sus 12 años en Televisión Española

María, trabajó cuatro años en la radio antes de llegar a la tele en 2005. Primero en Barcelona y en Madrid, donde hizo el Telediario con David Cantero; luego en 59 segundos, 
El debate de… y 
Los desayunos, hasta verano de 2016.

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