Karra Elejalde corta el bacalao en ‘Chiringuito de Pepe’: “Nunca pongo condiciones cuando me ofrecen un trabajo”

Interpreta a Gascón, un chef vasco de armas tomar. Más popular que nunca gracias a ‘Ocho apellidos…’, el actor relativiza su éxito y deja la puerta abierta a nuevos proyectos en televisión.

Secundario de lujo, a Karra Elejalde le tocó el ‘gordo’ con su papel de Koldo en Ocho apellidos… Ahora tiene cuatro películas por estrenar y el lunes 4 de enero lo vimos en Telecinco con Chiringuito de Pepe, como estrella invitada en el primer capítulo –visto por 2.951.000 espectadores, 15,6% de share– de la segunda y última temporada (todas las tramas y novevades, aquí). Este personaje podría ser un aperitivo de su carrera en televisión, ya que suena como protagonista de Bodas, bautizos y comuniones, otra serie para Mediaset.

¿Cómo es Garcón, tu personaje en Chiringuito de Pepe?
Surgió como un guiño de la cadena [que también produce Ocho apellidos…]. Es chef vasco muy peculiar que ha estado cocinando en conflictos bélicos internacionales como Afganistán, Irak o Siria y que llega al bar para poner orden. Habrá choque de conceptos, ya te avanzo que no me va a gustar nada lo que me encuentro.

¿Una versión de Alberto Chicote?
Puede ser… Su disciplina es marcial y la leyenda que tiene detrás, ¡tremenda! Como no le hagan caso, les hará la ‘prueba del marmitako’ y se enterarán.

¿En qué consiste?
No lo puedo desvelar, pero muy pocas personas la han superado.

¿Tú eres buen comensal?
Como vasco me gusta disfrutar de la buena mesa, pero tanto la cocina de mi tierra como la catalana, la gallega… En España se come bien en todos lados.

¿Cocina tradicional o creativa?
Me crié en un pueblo navarro y recuerdo las matanzas desde pequeño… Me quedo con la tradicional. Yo animo a la gente a jugar con la cocina, hay que gozarlo, igual que follar, comerte un churro o beberte una cerveza. Comer es un placer. Yo abogo por menús sencillos con buenos productos, no hace falta ponerle mil tonterías encima al plato para que esté rico. Yo con unas alcachofas con jamón o con un buen gallo estoy tan contento. Aunque si le añades unas gulas, pues ya es el remate es maravilloso.

¿Cómo fue la grabación de Chiringuito…?
La verdad, un poco paliza, pero genial. A Jesús Bonilla y a Santi Millán ya los conocía, y todos los compañeros me acogieron con mucho cariño. Fue muy fácil trabajar con ellos.

¿Qué ingredientes ha de tener una serie para que te unas a ella?
Nunca pongo condiciones cuando me ofrecen un trabajo. Quizá respecto a la televisión me preocupa la gestión de los tiempos, sería mejor si se pareciera más al cine, con un ritmo más relajado, pero dudo que me hagan caso. En cualquier caso el nivel de las series ha subido mucho en los últimos cinco años tanto a nivel internacional como nacional.

Tras 20 años actuando, estás de moda gracias a Ocho apellidos… ¿Cómo vives el éxito?
Bueno… Unas veces no paras y otras no te ofrecen nada, esta profesión va por rachas. Así es el juego de la vida, una lotería, por eso quiero disfrutar el momento al máximo. Pero sigo siendo el mismo actor de antes, ni mejor ni peor; ni me merezco todo lo que está sucediendo ahora ni probablemente tampoco me merecía todo lo que me sucedía antes.

Te gusta relativizar…
¡Es lo que toca! Tengo 55 años y me tomo todo con calma y tranquilidad. Ahora todo el mundo me dice lo bien que lo hago, pero nunca me he sentido imprescindible ni único.

¿Te paran más por la calle?
Claro, y es lo más incómodo de esta situación, y eso que yo tengo paciencia. Anhelas el éxito y, cuando aparece, resulta que merma tu calidad de vida.

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