Un día en la grabación de 'Arde Madrid'

Cambiamos de profesión por un día y nos convertimos en actores para participar en la rueda de prensa en la que Ava Gardner (Debi Mazar) firmaba el contrato para protagonizar '55 días en Pekín'.

 

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Participar en una serie de televisión siempre es una buena experiencia, y más si, siendo periodista, encima tienes que interpretar a una colega, pero de 1961, y acudir a la rueda de prensa de una gran estrella del cine de la época, Ava Gardner. En ese ambiente se rodó una de las escenas del séptimo capítulo de Arde Madrid, la nueva serie de Paco León, que dirige y protagoniza, junto a Inma Cuesta, Anna Castillo y la actriz norteamericana Debi Mazar, con un parecido excepcional con la diva del cine, “y con la misma vida y espíritu que Ava. Encontrar a la protagonista ha sido lo más difícil de la serie. Hicimos casting a mucha gente, muy guapa y perfecta, pero debía tener el carisma y el bagaje de la Gardner, y eso no era tan fácil”, me confesaba Paco León muy de mañana.

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Un grupo de periodistas reales, de medios escritos y digitales, volvimos más de 50 años atrás en el tiempo el pasado viernes, en un viaje, cuanto menos, sorprendente y divertido. Para reflejar el ambiente de la época, había que tener un aspecto similar en el vestir y en el peinado, y el numeroso equipo de la serie fue impecable, entregado y conciso para conseguir esa transformación. A las 9.30 de la mañana nos citaron en un  Hotel Intercontinental de Madrid, donde se rodaría la escena de la rueda de prensa en uno de sus majestuosos salones, con espectaculares lámparas y relucientes suelos de mármol.

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Nada más llegar, tuve que pasar a peluquería, donde Rosa, una señora francesa, muy amable y cortés, me llenó la cabeza de rulos calientes, como cuando era jovencita. A mi lado, Anna Castillo llevaba también esos rulos mágicos y Debi Mazar, vestida con un pantalón de grandes cuadros en tonos verdes, tipo años 50, fumaba con mucho estilo, con su cabello plagado también de grandes rulos. Y, de repente, apareció Paco León, el artífice del proyecto y, en inglés, le contó a la exuberante Debi cómo iba a ser la escena que se grabaría más tarde en el salón. El ambiente no podía ser más agradable y cálido, aunque parte del equipo corriera de un lado para otro organizando el día de rodaje.

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Por su lado, el jefe de peluquería revisaba todos los peinados y anotaba en una carpeta en qué proceso estábamos los figurantes, periodistas incluidos. Era muy instructivo escuchar a León cómo ponía en ambiente a sus protagonistas. Tranquilo, atento y muy detallista, Paco se paseaba por las dos improvisada salas de los bajos del hotel, así como sus ayudantes, para comprobar que todo se estaba desarrollando según lo previsto. Con mis rulos en la cabeza estaba irreconocible, pero tras cruzar su mirada con la mía y sonreírme con calidez, me presenté al director “como una periodista de verdad, de Teleprograma.tv”, que se mostró sumamente amable y complacido de que hubiera aceptado la invitación de Movistar de participar en la grabación.

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De esta guisa, y esperando que el pelo se fuera marcando, pasé al improvisado apartado de vestuario, entre biombos. Multitud de caballetes, con abrigos, vestidos, cinturones, camisas y bolsos de la época, colgaban por doquier. Ahora había que buscar la talla y el modelo. Al final, tras algunos intentos, me decanté por una falda de grandes cuadros blancos y grises y un jersey rosa, de punto y canalé, de manga francesa. Con los rulos en la cabeza, apenas me podía vestir bien, pero todo era por una buena causa. Como colofón, unos zapatos negros con cordones y un bolso a juego. El conjunto lo completó un abrigo de lana beis de grandes solapas y botones. Así me tocó pasar por maquillaje, sin abrigo claro, donde varios profesionales se afanaban en dar los retoques necesarios para que no desentonáramos en la serie. Isabel se encargó de que yo apareciera guapa y creíble en la toma. Me dio un poco de base de maquillaje y un suero, y después comenzó con las sombras, el eye liner negro (muy propio del maquillaje de la época), el rímel y, para finalizar, el pinta labios: “uno neutro, porque en la época no se llevaban los colores fuertes”, me dijo. Mi último detalle fueron los pendientes, dorados y con grandes perlas. Ya estaba transformada en una periodista de los años 60. Eso sí, parecía mucho más mayor.

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Y llegó la hora de quitar los rulos. Como en los 60 se llevaba el pelo muy marcado, mi cabello quizá no resistiría tanto, así que me propusieron hacer un moño. Rosa se dispuso entonces a cardarme el cabello y, poco a poco, horquilla tras horquilla, hacer realidad un bonito recogido. Maquillada, peinada y vestida de los años 60, solo faltaba ponerse delante de la cámara.

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A mi alrededor, todos los improvisados participantes estábamos sufriendo esta transformación, y también los colegas de otros medios, la mayoría barbudos y con pelo largo, que tuvieron que pasar por la maquinilla y las tijeras, eso sí, con alguna duda y pena que otra, pero el fin merecía la pena.
 

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A las 11.30 subimos al salón donde se grabaría la rueda de prensa. Siempre acompañados por Paco León, llegó el momento de las fotos, los posados y de reconocernos los unos a los otros. Con el vestuario, ellos trajeados o de sport, pero siempre con corbata, y ellas con moños, vestidos sesenteros y abrigos amplios, apenas éramos los mismos. Entonces empezaron a darnos las primeras instrucciones para el rodaje, que duraría, más o menos, hasta las 2 de la tarde. Hicieron dos grupos y nos fueron ubicando delante de la mesa en la que Ava (Debi) comparecería ante los medios de la época firmando un contrato de matrimonio. Y comenzamos a ensayar. Primero una toma, luego otra y otra. Paco León, muy amable y profesional, se acercó a darnos algunas indicaciones. Tras el… ¡Tres, dos, uno y acción!, llegó la hora de la verdad. Hacer preguntas es lo nuestro, pero actuar es otro cantar, pero fue sencillo y no lo hicimos mal, al menos eso comentaron. Quizá un poco exagerado al principio, pero tras algunas concreciones, todo fue encajando. Es verdad eso que dicen muchos actores que les pagan por esperar, pues en la televisión y en el cine parece ser lo habitual. Paco y el equipo que rodó con nosotros nos dio las gracias y nos aplaudió al terminar.

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Sobre las 2, Paco nos invitó a ver las tomas en el set, pero en blanco y negro, como se va a emitir la serie, una de las grandes novedades de esta producción. Nos quedamos embobados. ¡Lo que provoca salir en una serie! Algo cansados, llegó la hora de volver a ser otra vez periodistas del siglo XXI. En los salones de abajo, el equipo de la serie se disponía a comer y el buen olor me despertó el hambre. Los figurantes empezamos a desvestirnos. Fue una liberación quitarse el moño, las miles de horquillas, los pendientes enormes y los zapatos y volver a ponerse unos cómodos vaqueros.

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Pero nuestro trabajo no había terminado. Ahora tocaba hacer otra vez de periodistas, pero de verdad. Así que volvimos al salón de la grabación y sentados alrededor de dos mesas, junto con otros colegas que no habían participado en el rodaje, hablamos con los creadores y protagonistas de este interesante proyecto de Movistar. Una gran experiencia que en algún momento veremos en Arde Madrid. Ser actriz por un día no ha estado nada mal.

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