Ara Malikian: "Me preocupan los refugiados porque son el problema más grave que hay en el mundo"

La historia de Ara Malikian es la prueba fehaciente de que la realidad supera la ficción. Nació en Beirut (Líbano), en plena Guerra Civil, y fue su padre quien le inculcó la pasión por la música. Seguramente para hacerle olvidar los bombardeos y la crueldad de la que es capaz el ser humano. Pero el destino puso en su camino, recién cumplidos los 15 años, a Hans Herbert, un conocido director de orquesta alemán, quien le consiguió una beca en Hannover y cambiaría su vida para siempre.

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Desde entonces ha tocado con los músicos más prestigiosos, con las orquestas más famosas del mundo y, sin embargo, lo que más me impresiona de Ara es su humildad. Un bien escaso en los tiempos que corren.

Hemos terminado de celebrar las navidades, ¿qué recuerda de esas fiestas en su Beirut natal?

Cuando yo salí de mi país apenas tenía 15 años, y los recuerdos que me quedan de aquellas navidades no son de fiesta precisamente. Aunque guardo momentos bonitos junto a mis padres, mi infancia no fue como la de otros chicos de mi edad, ya que no podíamos jugar en la calle por los bombardeos.

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¿A esa edad todo eso quedó grabado en el disco duro de su memoria?

Estoy seguro de que los mejores y los peores momentos están ahí, en algún rincón de mi memoria. Aunque lo que yo siempre intento y he querido recordar son las cosas bonitas, es decir, los pocos momentos de felicidad que pasé con mis padres.

¿Siente añoranza cuando vuelve a su país?

Con la vida que he llevado lo que he intentado es no dejarme llevar por la nostalgia, porque me resultaría insoportable recordar todo lo que viví de niño. Quizá por eso mi vida siempre ha sido viajar-despedirme, viajar-despedirme. He conocido a tanta gente que, si añorase a todos, no podría vivir.

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¿Es la manera de no quedar prendido de su pasado?

Seguramente es una forma de convencerme a mí mismo de que con lo que disfruto es con lo que tengo ahora mismo. Volver la vista atrás sólo me traería añoranza.

¿Es el resultado de lo que ha gozado y sufrido?

Por supuesto que sí, de eso no tengo la menor duda, y es lo que me ha ayudado a no quedarme estancado. Siempre intento estar a gusto, disfrutar en cualquier situación en la que me encuentre, porque otra persona en mis mismas circunstancias podría haber acabado mal. A mí me gusta mirar hacia adelante, hacer cosas nuevas.

¿Fue su padre un visionario al inculcarle la pasión por el violín?

Visionario no sé si lo fue, pero sí que era un fanático. Él amaba la música por encima de todo, y su sueño era ser un gran violinista, pero no pudo hacer realidad ese sueño. Me transmitió la pasión por el violín, tanto que me encerraba horas y horas en una habitación para que practicara porque era muy riguroso, y eso es algo que le agradeceré eternamente. Aunque no lo haría con mi hijo.

Las circunstancias son muy diferentes, supongo.

Mucho, si en aquellos años mi padre no hubiera sido tan exigente, yo no estaría aquí. Era una cuestión de supervivencia, la única opción que tenía para sobrevivir en medio de la guerra. No me quedaba otra opción que tocar el violín a muerte.

¿Le gustaría que su hijo siguiera sus pasos?

Me gustaría que jugase, que se divierta, que haga lo que yo no pude hacer a su edad. Y después, que sea lo que él quiera ser.

¿Qué prefiere para él, la tecnología o el violín?

Yo intento, ya que es muy pequeño, que utilice lo menos posible la tecnología, y no parece que le haga mucha gracia.

¿La música aplaca a las fieras?

Es un dicho muy correcto, muy realista, porque el poder de la música en el ser humano es increíble. No sólo nos hace más sensible a los sonidos, también más respetuosos con la gente, independientemente del tipo de música que a cada uno le guste. Para un niño, que tenga acceso a la música, la pintura, la cultura y a la belleza que proporciona el arte es lo mejor que le puede pasar.

¿Qué aporta la cultura según usted?

Si la gente fuera más culta, se podrían evitar muchos conflictos, mucha violencia, también muchas guerras. Por eso, yo recomiendo a quienes tienen hijos que inviertan en cultura porque lo que van a recibir a cambio es mucho más.

¿Qué le ha proporcionado a usted?

En los momentos difíciles me ha ayudado a escapar de los problemas. Cuantos más problemas tenía, más horas dedicaba a practicar con el violín. No sé si es muy sano una dedicación tan exhaustiva, pero a mí me ha salvado, y ha logrado que me sienta muy feliz en los momentos de sufrimiento.

¿Sabiendo lo que sabemos, por qué los gobiernos no invierten más en educación?

No lo sé, porque invertir en educación es invertir en el futuro de nuestros hijos, que son lo más importante que tenemos como seres humanos, pero también como sociedad. La educación nos enseña que, aunque parezcamos diferentes, no lo somos tanto, por más que hayamos nacido en otros países o hablemos otras lenguas.

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Acercar la música clásica a los jóvenes es otro de sus objetivos.

Me preocupaba que no fueran a los conciertos, que muchos no se sintieran identificados con ese estilo ni con ese mundo. Fue cuando empecé a dar conciertos más relajados, ahora, en cambio, toco todo lo que me gusta. Por ejemplo, música clásica pero también pop, jazz, rock... y entre el publico veo gente mayor, pero también niños, y eso es muy importante para mí.

Una de sus aficiones es el flamenco, ¿de dónde nace?

No lo sé, pero me emociona cuando toco flamenco, incluso cuando lo oigo. Y al público, también.

¿Son las ventajas de ser ciudadano del mundo?

Rosa, viajo tanto a lugares tan diferentes, que a la fuerza he tenido que aprender a sentirme a gusto en cualquier lugar donde me encuentre. Imagina cómo me sentí cuando a los 15 años me fui a vivir a Alemania, alejado de mis padres, de mi familia, de mis amigos, donde hablaban un idioma tan distinto al mío. Fue un aprendizaje a lo bestia.

¿Qué es lo que más le costó en aquel momento?

Fueron dos años de mucho sufrimiento, pero una vez que me adapté, traté de ser lo más feliz posible.

¿Cómo se siente en Madrid?

Muy bien, llegué cuando aún no había cumplido los 30, entonces vivía a caballo entre Alemania e Inglaterra, porque daba conciertos por muchos países, pero fue llegar a España y todo me encantó: la gente, la luz, la gastronomía porque me recordaba a la de mi país... Y me dije, voy a disfrutar de esta tierra un tiempo. De eso hace ya 18 años.

A punto de cumplir los 50, ¿cómo es ahora su vida?

Tengo muchas razones para ser feliz. Hago lo que me gusta, toco las horas que quiero, donde quiero y como quiero, nadie me obliga a nada. Viajo mucho porque es importante para mí tocar en los teatros más importantes del mundo. Tengo la inmensa suerte de rodearme de un reducido grupo de amigos íntimos que me dan estabilidad, después de vivir experiencias muy malas.

¿En su caminar por la vida soñaba con la fama?

Nunca, porque para mí la fama era ser violinista: tener un control técnico y profesional del violín. El peligro de los jóvenes de ahora es que buscan ser famosos sin pasar un proceso que nunca se termina. Yo soy reconocido por lo que hago, pero si no siguiera aprendiendo, la caída sería muy rápida.

En su caso el proceso ha sido largo.

Lo más difícil es mantener el nivel. La pregunta sería: ¿Qué es el triunfo? ¿Ganar dinero? ¿Que te conozcan? Para mí, no.

¿No le gusta ponerse metas?

Lo que a mí me gusta es tocar y tocar. Si un día no me quisieran escuchar en los grandes auditorios, seguiría tocando en cafés, en la calle, donde sea, porque eso es para mí la felicidad.

¿Cuántos violines tiene?

Bastantes, porque mi padre era un enamorado del violín. Compraba muchos, los destrozaba y los volvía a reconstruir, y yo he heredado muchos que eran suyos.

¿Bohemio?

Sí, soy bohemio. Yo tuve la suerte de tocar en una orquesta de concertino durante siete años. Fue el único momento de mi vida que sentí que no era bohemio, porque tenía un trabajo y un sueldo fijo, catorce pagas, todos los días iba a ensayar a la misma hora, y me sentí tan agobiado que lo dejé. Necesitaba sentirme inseguro ante las dificultades de la vida, que en mi caso me ayudan a crear, a componer, y echaba mucho de menos ser bohemio y ganarme la vida todos los días, que también es una forma de aprender.

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¿Acaso no fue feliz en esos siete años?

Lo fui mucho, fue una época maravillosa, pero tenía que tener la fuerza de voluntad de salir de ese lugar de confort. No fue fácil pero lo hice.

Ha sufrido bastante...

Mucho. Ha habido épocas peores que otras, pero como para mí lo económico nunca fue una meta, porque yo soy una persona que no tiene apego al dinero, si no lo tengo no es un trauma. Si lo tengo, me lo gasto y si no lo tengo, no pasa nada.

¿Cuáles son sus necesidades?

No soy consumista, me gusta comprar cosas cuando viajo que en Madrid no encuentro, regalos para mi hijo; pero como ni consumo drogas ni juego en los casinos, pues no necesito tanto para vivir.

Y su hijo, ¿cómo es?

Es muy niño, sólo tiene 3 años, y en algunos aspectos sí se parece a mí. Me gustaría que heredase de mí la búsqueda de la felicidad. Soy optimista y agradecido.

Y humilde.

También, por eso siempre he sido feliz y nunca me he sentido mal cuando no he tenido algo que me hubiera gustado tener. Yo me alegro cuando un compañero triunfa, no soy nada envidioso.

A su edad, ¿qué le da miedo?

Los problemas humanitarios, como el de los refugiados. Me preocupan porque es el problema más grave que tenemos en estos momentos en el mundo. Un problema que me toca muy de cerca porque lo he vivido, pero tuve la suerte de que me ayudaran y gracias a eso soy lo que soy. He podido estudiar, trabajar y estar legalmente en Europa, que es lo más importante y una de las razones por las que tanta gente muere, y eso me entristece y preocupa.

¿Alguna vez se ha sentido rechazado?

Siempre he sentido rechazo, cuando llegué a Alemania también, pero me he acostumbrado. Sentirte rechazado te hace sentir más fuerte, pero molesta. Yo que viajo siempre con mi violín y mi pasaporte libanés he tenido que escuchar más de una vez: "¿Qué llevas ahí? ¿Un kalasnikof?". Y eso duele bastante.

¿No hemos avanzado?

Sí, se ha avanzado. Ahora hay más respeto y solidaridad.

¿Enamorado se toca mejor?

No sólo enamorado, también emocionado se toca mejor. Cualquier situación emotiva que vivas, la tienes que aprovechar porque te enriquece.

¿Con su profesión es difícil la conciliación?

No es fácil, y eso que a mí me tocó ser padre bastante tarde, en un momento en que viajo muchísimo, pero tengo un compromiso con él de estar juntos lo máximo posible. Conoce ya medio mundo.

¿Quién es él?

Nació: En Beirut (Líbano), el 14 de septiembre de 1968, en el seno de una familia armenia.

Inicios: Su padre le inició en el violín a muy corta edad. Su progenitor era un enamorado de este instrumento y le hacía practicar horas y horas. Su talento fue reconocido siendo un niño en medio de la Guerra Civil Libanesa. Su primer concierto lo dio con tan sólo 12 años.

Su oportunidad: Cuando tenía 14 años, el director de orquesta Hans Herbert Jöris le escuchó tocar y así consiguió una beca del gobierno alemán para estudiar en Hannover. Un año después fue el alumno más joven admitido en este prestigioso centro. Años más tarde amplió sus estudios en la Escuela de Música y Drama de Londres. Ha recibido lecciones de los más prestigiosos violinistas del mundo.

Trayectoria Ha tocado en los mejores auditorios del mundo. Ara es artista exclusivo de Warner España. Ha grabado 25 discos, entre los que destacan "Manantial" y "De la felicidad" con el guitarrista flamenco José Luis Montón.

Vive: En Madrid con su hijo.

En pocas palabras

¿Supersticioso?

Tengo la manía de comprobar, antes de subir al escenario, si mi bragueta está cerrada.

¿La suele llevar abierta?

Me ha ocurrido por despiste no subirme la cremallera.

¿Qué le gusta hacer en sus ratos libres?

Andar y pasear mucho. Sobre todo me gusta estar con mi hijo.

Su foto favorita

"En esta foto estoy en Brasil con mi hijo. Me muero de amor cuando la veo porque estamos de espaldas en un auditorio enorme y él está agarrado a mi pierna".

Entrevista realizada en el Hotel 7 Islas. Calle Valverde, 14. Madrid. Tel.: 915 23 46 88.

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