Noche de juerga; ‘Acacias 38’

Ignacio y José llegan ebrios a casa y Bellita los sorprende. La1. Del 2 al 6 de noviembre. 18.15h

acacias 38
PEDRO VALDEZATE

QUÉ HA PASADO

• Aurelio logra que Anabel pase una noche con él.

• Natalia tiene la intención de conquistar a Felipe.

• Antoñito vuelve de viaje con sus ideas cambiadas.

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Ignacio ha prometido a su tío que estudiará muy duro para sacarse la carrera de Medicina. Sin embargo, una noche decide tomarse un pequeño descanso y se va a la taberna.

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Allí lo encuentra José, que al principio se enfada con el muchacho: “Me dijiste que ibas a esforzarte y no veo que estés haciéndolo”. Pero más tarde, se une a la juerga.

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Cayendo la madrugada, ambos se presentan en su domicilio. Bellita es quien los recibe con un gran regañina. “¡Me teníais con el alma en vilo! Sois unos descerebrados y encima venís oliendo al alcohol”, asegura dando un portazo y metiéndose en su habitación.

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Cuando al Choco se le pasa la borrachera, decide cambiar a su sobrino el turno de las clases. A partir de ahora irá por las mañanas y no por las noches. Así evitará la tentación de terminar en un bar.

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Por otro lado, Liberto está muy angustiado por su matrimonio. Rosina le reprocha que ya no es romántico con ella y ni siquiera la tiene en cuenta.

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El hombre hace todo lo posible por hacerle cambiar de opinión, pero nada surte efecto.

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Agarrándose a un clavo ardiendo, decide unirse a la tuna que han creado Servando y Jacinto. “Iremos cantando composiciones de amor y nuestras mujeres se derretirán por nosotros”, comenta el portero.

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No obstante, el grupo termina siendo un fracaso estrepitoso. No solo no cantan bien, sino que tienen una desorganización tremenda. Viendo sus carencias, deciden pedir ayuda a Domínguez. Este se resuelve a echarles una mano: “Aquí hay mucho trabajo que hacer, queridos míos”.

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Ajena a los tejemanejes de sus compañeros de altillo, Casilda pasea por el barrio cuando se topa con un vendedor de almendras garrapiñadas. La criada suelta todos los trastes al suelo y se queda impactada. “¿Es mi Martín?”, sopesa con el corazón acelerado.

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Durante la tarde, la joven no deja de darle vueltas al casual encuentro y piensa que el desconocido que ha visto es su fallecido esposo: “Se ha reencarnado para estar conmigo de nuevo”. Al día siguiente, decide volver al puesto del muchacho y conocerlo mejor.

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A su vez, en el apartamento de los Palacios, la situación de calma y paz que habían logrado está a punto de estallar por los aires. El culpable es Antoñito, que con sus ideas conservadoras radicalizadas tiene a toda la familia muy enfadada.

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Ramón no reconoce a su hijo, menos aún cuando concede una entrevista a un diario nacional llena de prejuicios e intolerancia. El patriarca intenta hacer entrar en razón a su vástago: “Tú nunca has sido así, no sé qué te ha pasado en África, con quién has estado o qué viste, pero no es excusa para que digas estas tremendas barbaridades”. El diputado ignora las palabras de su progenitor y la mirada de angustia de su esposa, presente en la discusión.

Acacias 38 Mendez
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Méndez ha llegado a la droguería donde se compró el veneno que terminó con la vida de Felicia. El inspector enseña al tendero una foto de la señorita Quesada y este la identifica como la mujer que compró el tónico.

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Acto seguido, el policía informa a Marcos, quien, sin dudarlo, ataca a Natalia en plena calle, pero sin revelarle el motivo de su furia. Además, le echa en cara que, junto con su hermano, hayan puesto a Anabel en su contra: “Sois unos malnacidos y no me temblará el pulso para acabar con vosotros de una vez. Quedáis avisados”

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Lejos de allí, Soledad se encuentra en casa de los Bacigalupe acabando sus tareas, cuando alguien llama a la puerta. En el descansillo solo hay un paquete que lleva su nombre y apellido. En el interior, un cartucho de dinamita. La sirvienta se asusta al ver el contenido, pues tiene que ver con un episodio muy turbio de su pasado.

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En el restaurante Siglo XX, Daniela está en la bodega y empieza a inspeccionarla. Roberto entra en ese instante y la descubre, pero la camarera sabe salir bien librada. Sabina llega en ese momento y se pone celosa al descubrir a la pareja sola y en penumbra. “Escúchame, no quiero que te acerques a ella”, le dice a su marido.

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