La tercera en discordia; ‘Acacias 38’
Azucena se pone celosa al ver la gran complicidad que existe entre Guillermo y Claudia.

QUÉ HA PASADO
• Pascual Sacristán llega por sorpresa al vecindario.
• Ignacio se acerca a Alodia.
• Genoveva descubre la farsa que ha creado su marido.
• Quesada quiere comprar los inmuebles del barrio.

Tras la reprimenda de su padre, Guillermo decide dejar las clases de Liberto y alejarse un poco de la familia Rubio. Sin embargo, su plan se viene abajo cuando le encargan arreglar el cableado de la academia de baile en la que ensaya Azucena.

Allí, una de las compañeras de clase de la chica, llamada Claudia, se ha fijado en el electricista y ahora quiere seducirlo. Cuando que ve la escena de complicidad entre ambos, la joven tiene un ataque de celos y se enfrenta a su pretendiente.

“Parece que le duró poco lo que decía sentir por mí”, dice enfadada y él no sabe cómo tomarse las palabras de la señorita.

Quien tampoco está en su mejor momento es Aurelio, pues ha descubierto que su esposa fue la responsable de la muerte de su hermana. Colérico, entra en el apartamento y la toma con su mujer, a quien acusa de ser una asesina.

La tensión es tal que Genoveva termina desmayándose y quedando inconsciente en el suelo. Ya recuperada, explica al criollo el as que tiene bajo la manga. Él no tiene otro remedio que parar con sus ataques y el matrimonio pacta una tregua. Además, la señora le exige que nunca más le guarde secretos: “Quiero saber cada uno de tus movimientos, querido”.

Ajeno a la fuerte discusión que están teniendo sus señores, Marcelo hace frente a sus propios problemas. El mayordomo se ha enterado de que Luzdivina le habló a su jefa de Chabela y no duda en echarle en cara su falta de palabra. “Me dijiste que no contarías nada, no volverá a confiar en ti nunca”, le espeta con cierto dolor en el rostro. La cocinera, muerta de vergüenza, reconoce que no actuó bien y pide perdón a su compañero de altillo. Sin embargo, este se muestra frío ante sus sinceras disculpas: “Ahora ya no puedes arreglar nada”.

Por otra parte, la atracción que sienten David y Valeria el uno por el otro ha aumentado. Fingir que son pareja ha creado entre ambos una conexión muy especial. Una tarde, mientras charlan amigablemente en su hogar, David está a punto de besar a la mujer.
No obstante, ella, aunque lo desea, se aparta en el último momento ya que siente que si se deja llevar por la pasión está traicionando a su marido. “Ni siquiera debería permitirme acercarme a ti de esa forma. Debo recordarme todos los días que soy una mujer casada”, explica ella.

La culpabilidad y la confusión de Valeria van a más cuando Quesada le hace entrega de la carta falsificada de Rodrigo. “Para que veas que no se olvida de ti, aquí te deja escritas unas cuantas líneas”, asegura el hombre a la par que le extiende la misiva. Ella la recibe con lágrimas en los ojos.

Ramón se preocupa cada día menos en ocultar el odio que siente por la policía tras el atentado en el que murió su hijo y vomita sus ideas radicales en un artículo que publicado en el periódico bajo un seudónimo. En pocas horas, el escrito se convierte en la comidilla del barrio.

Todos los vecinos se quedan estupefactos, a excepción de Felipe, que es el único que no ha leído la columna, pues Dori ha resuelto ocultarle el diario. Cuando el abogado se entera de la decisión de la enfermera se enfada con ella. “¡No puedes tratarme como si fuera un niño pequeño al que hay que proteger de todo!”, grita el licenciado, que cancela su paseo con la joven. “Prefiero quedarme
encerrado, no tengo ninguna gana de ver a nadie”, afirma.

A su vez, Lolita exige a Fidel que le cuente qué le ocurre a su suegro y Pascual confiesa a Liberto, con quien ha hecho muy buenas migas, que todavía no ha superado la defunción de su amada esposa

En la pensión, Servando nota algo distante a Fabiana y sopesa tener un detalle con ella. Tras mucho pensar, se decide por regalarle una medalla de San Fabián. “Seguro que con esto le saco una sonrisa”, reflexiona mientras pasea.

El que no está tan pendiente de su esposa como debería es Ignacio, que comienza a recibir unas misteriosas notas. Al leer la primera, se da cuenta de que la remitente es su amante. Preocupado porque Alodia pueda descubrirlas, pide a Jacinto que intercepte todas las cartas que vengan a su nombre y que únicamente se las entregue a él.

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