Anabel Alonso de ‘Amar es para siempre’: “Disfruto mucho como productora”

Invirtiendo en teatro, la actriz quiere apoyar su profesión y “dar una oportunidad a nuevos dramaturgos”

 

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Cuando la llamaron de Amar es para siempre pensó que sería para una temporada, pero su personaje de Benigna Castro gustó tanto –a pesar de que era de lo más malvada– que se ha quedado al frente de la pensión La Estrella.

Eso sí, reconvertida en una buena persona. Anabel Alonso está encantada en la novela, aunque debido al ritmo de trabajo tuvo que dejar de actuar en la obra El eunuco y pasó a producir El sepelio.

Segundo año en Amar… ¿Te apetecía quedarte en la plaza?

Sí. Salvo los de El Asturiano, soy la única que continúa y se agradece que mi personaje haya calado. Esta novela tiene la filosofía de renovar cada temporada para que parezca una serie nueva, pero esta vez quisieron contar conmigo y que el hostal quedase como otro bastión en la vida de los vecinos. Aun así, otros compañeros podrían haber repetido perfectamente.

¿Cómo Pepón Nieto, que interpretaba a tu hermano?

Sí, pero también te digo una cosa: los dos teníamos necesidad de aire porque, menos dormir, estábamos juntos a todas horas.

¿Qué dirías que aporta a una actriz salir cada día en la televisión?

No sé. Yo no tengo más expectativas que hacer bien mi trabajo y no pienso más allá.

¿Qué destacas de tu papel?

Que me permite explorar otro género. A mi se me asocia más con la comedia y Beninga me ha dado la posibilidad de hacer drama. Estoy muy agradecida.

Ha pasado de mala a buena…

Sí, la vida ha llevado a mi personaje por otros derroteros. Yo hago lo que me dicen y voy conociendo las tramas día a día. Lo prefiero para no estar mediatizada mientras interpreto.

¿Cómo estudias los guiones?

Bastante relajada y en ningún lugar fijo. No me gusta que me pasen el texto, así que los leo solita en el sofá de mi casa o en el camerino, aprovechando los parones entre secuencias. Lo que sí necesito es estar concentrada, sin música ni televisión.

¿Sabes desconectar?

Ahora sí. Es cierto que hasta noviembre compaginaba la telenovela con el teatro y luego me dedicaba a dormir o hacer zapping. Ahora, he cambiado y trato dedicar más tiempo a mi madre, que está mayor, a los amigos y a ver películas en el cine. Al teatro voy menos, pero intentaré cambiar esa mala costumbre (risas).

Tu faceta de productora teatral es menos conocida. ¿Cómo la vives?

Disfruto mucho esta actividad. Empecé junto a Pepón Nieto con dos montajes: Sexos y El eunuco, pero me he lanzado en solitario con El sepelio, de Heidi Steinhardt. Es un teatro más manejable, con menos presupuesto.

¿Te llena más que actuar?

Es tocar otra tecla. Como actriz haces lo que te dicen y ya, mientras que como productora tienes que estar pendiente de todo y, gracias a ello, he ampliado mi visión de la profesión.

¿Qué debe tener una obra para que te animes a ponerla en pie?

Que aporte cosas que ‘toquen’ de alguna manera. El sepelio, por ejemplo, trata de una madre manipuladora que machaca psicológicamente a sus hijos, pero se expresa de tal forma que te hace reír a carcajadas.

¿Eres exigente con el equipo?

No, porque cada uno tiene que saber cuál es su trabajo y ser responsable, sin estar yo encima.

¿Y supersticiosa?

Me pongo negra cuando me toca compartir camerino con compañeros que tienen rituales. Me acuerdo de Pilar Bardem que siempre va con un montón de amuletos. Yo le decía: “Quita algo que no se cabe” (risas).

¿Tienes más proyectos?

Sí, sigo trabajando. En abril estreno El trompo metálico, donde produzco y actúo.

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