Juanma Lara, de ‘Amar es para siempre’: “Es imposible que Gervasio acabe bien”

Le ha tocado ser el villano de la temporada, uno de los más crueles de la novela desde sus inicios, por eso este actor malagueño, curtido en el teatro, el cine y la televisión, cree que al final, lo pagará

 

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Un profesor lo animó a hacer teatro en el instituto y cuando descubrió el aplauso, ya no hubo vuelta atrás. “La obra fue un éxito y me hice el más popular de la clase. Encontré magia en reproducir las palabras que había escrito otro”, explica Juanma Lara, de 52 años, que ha estado en casi todas las series de los últimos tiempos, pero reconoce que el camino no ha sido fácil.

¿Cómo puede Gervasio Perona ser tan malo? ¿No tiene límites?

La verdad es que cada día lo es más. Al principio tenía un pequeño corazoncito que ahora ya no sé dónde lo ha puesto. Debe estar en la nevera (risas).

¿Qué lo lleva a ser así?

Enloqueció por una mujer que estaba enamorada de otro. Además del dolor personal que le causa, estamos en una época en que una infidelidad significaba una pérdida de honor. Y más tratándose de un sargento.

¿Has imaginado cuál puede ser el desenlace de Perona?

Es imposible que Gervasio acabe bien. Las personas que no respetan ningún valor terminan por no respetarse ni a ellos mismos.

¿Crees que la Guardia Civil se siente representada en la serie?

No creo, pero un día grabando en exteriores se me acercó un hombre para explicarme que yo no simbolizaba a la Benemérita, de la que estaba dando una imagen muy mala. Tuve que explicarle que yo no soy así, que todo lo que hago está escrito. También recuerdo a una mujer que me dijo: “Usted tiene que ser muy malo, porque esa mirada que pone en televisión no es de alguien bueno”.

Antes te pararían por tu atormentado papel de Quílez en El Príncipe.

Muchísimo. En esa serie tuve secuencias muy bonitas con José Coronado, que es un actor muy generoso. También coincidí con Elia Galera, que ahora es Adela en Amar es para siempre

De tu extensa trayectoria, ¿con qué trabajo te quedarías?

Es difícil. En teatro recuerdo con cariño Otelo, con la Compañía Nacional de Teatro Clásico; en televisión, la serie Padre Medina fue una maravilla. Era comedia, un género que yo siempre he sacado muy bien. Y en cine me vienen a la memoria Carlos contra el mundo y Cabeza de perro.

Tienes una compañía de teatro. ¿Qué te llevó a arriesgar?

Fundé Teatroz en los años noventa porque no quería que mi trabajo dependiera de otros y eso que tener una compañía es un infierno. Luego, me empezaron a surgir proyectos y tuve que abandonarla un poco, pero la he retomado con fuerza y estamos con el montaje Se ha escribido un crimen. Es una obra donde la gente no para de reírse. Yo la dirijo y también actúo.

¿Por qué estudiaste Filología?

Porque mi familia decía que el teatro no me iba a llevar a nada bueno, que no tenía futuro. Compaginé dos años esta carrera con Arte Dramático, aunque tenía claro que no quería salir del mundo de la interpretación.

¿Recomendarías ser actor?

Es que si uno tiene ese gusanillo dentro no hay opción. Yo tengo dos hijos y Olivia, de 24 años, está en una escuela preparándose y está contentísima. No la animo especialmente porque es una profesión muy dura, pero tampoco le digo que lo deje. Considero que la gente tiene que dedicarse a lo que le haga feliz, no a lo que le dé estabilidad económica

Lee la entrevista completa en la revista Telenovela, cada lunes en tu quiosco.

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