Víctor Clavijo es Diego Durán en ‘Amar es para siempre’: “Prefiero un buen secundario a un mal protagonista”

El actor de 44 años, que compagina las grabaciones de la telenovela con la gira de la obra ‘Trainspotting’ y con su pasión por la fotografía, busca siempre personajes que tengan “calado”.

 

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Han pasado veinte años desde Al salir de clase y Víctor Clavijo no ha parado de trabajar. Lo hemos visto en telenovelas como La Señora y Gran Reserva. El origen, que compaginó con series, películas y teatro. Desde este verano se enfrenta a un nuevo reto: meterse en la piel de un periodista atormentado y enamorado en Amar es para siempre.

¿Eras seguidor de la novela?

Puntualmente. La temporada pasada no pude porque me pilló trabajando, pero he ido viendo capítulos sueltos desde que salió mi chica [Montse Pla] en Amar en tiempos revueltos, de La 1.

¿Te ha dado algún ella consejo antes de incorporarte?

Ella en concreto, no. Todo el mundo me decía que el equipo era fantástico y el ambiente familiar, pero también que es prácticamente un sacerdocio. Son diez meses dedicado en cuerpo y alma a esta historia.

Pues lo compaginas con el teatro.

Sí, estoy de gira con Trainspotting, basado en la película, y dirigida por Fernando Soto.

¿Cómo aguantas?

Hasta ahora me notaba bien, pero he empezado a tomar vitaminas porque llega un punto en que el cuerpo se resiente y le supera el esfuerzo. Intento alimentarme bien y descansar.

Ser actor es una profesión dura. ¿Alguna vez te has arrepentido?

No, lo tenía claro desde los 15 años, aunque estudie dos cursos de Derecho porque mis padres me dijeron que no hiciese “el loco”. Lo dejé cuando tuve la suerte de que me cogieran en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático).

Acertaste y vives de esto.

Sí, la verdad es que me ha ido bastante bien. Y menos mal, porque no sé a qué me hubiera dedicado de no ser actor.

En tu carrera destacan papeles secundarios. ¿Sientes que te falta encabezar una historia?

Puede ser, pero no me quejo y te digo una cosa: prefiero un buen secundario a un mal protagonista. El actor prefiere que el personaje tenga calado a que salga mucho tiempo en pantalla.

¿Cómo llevas la popularidad?

Bien, salvo en los photocalls. Soy muy malo para posar y me siento ridículo poniendo posturas para salir más guapo. Yo solo actúo cuando oigo: “¡Acción!”.

Sin embargo, te apasiona la fotografía. ¡Qué contradicción!

Sí, desde la adolescencia me atraía y mi afición creció cuando estaba en la universidad y no podía hacer teatro. Fue mi vía de escape. Luego la olvidé, hasta que hace poco decidí volver a ella.

¿Tienes otras aficiones?

Escribir, ir al teatro y la música. Estudié cinco años de piano y puedo tirarme horas tocando en casa. También me apasiona viajar y cuando tengo tiempo libre voy al gimnasio porque, además, si no hago deporte me quedo como consumido.

¿Algún proyecto en cartera?

Tengo dos películas por estrenar: Las siete muertes, de Gerardo Herrero, que rodamos en Santo Domingo, y Llueven vacas, de Fran Arráez. También hay una de José Luis Garci para la que me han confirmado que quieren contar conmigo.

¿Dirigir entra en tus planes?

A priori me da miedo meterme en algo grande. Si alguna vez me animo, sería en un proyecto intimista. Teatro o cine, me da igual, pero con pocos actores y que no requiera un gran montaje técnico ni de producción.

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