Un día redondo; ‘Mi hija‘

Demir recibe la felicitación de Semih por su trabajo y Ömer le entrega una ayuda económica.

mi hija

Öykü se encuentra en el parque un sobre con dinero.

• Ugur pide la mano de Sevgi.


Tras regañar a su hija por coger un dinero que no es suyo, Demir se dirige a la cafetería donde cada mañana suele acudir Ömer y se sienta a esperarlo. Unos minutos más tarde, aparece el anciano pero con la policía. “Le acusan de robar”, le informan. Él trata de defenderse sin ningún éxito y se lo llevan detenido.

Öykü está en la parada de autobús y lo ve. Sin dudar, sale corriendo y defiende a su padre. “Yo fui quien encontré ese sobre. Estaba jugando en el parque y, al ver que tenía mucho dinero, lo cogí porque nosotros no tenemos nada, ni siquiera casa”, declara entre lágrimas la niña. Ömer, al escucharla, se da cuenta de que todo ha sido un malentendido y no presenta denuncia.

La boda de Ugur y Sevgi, en peligro

A su llegada al trabajo, Demir recibe un importante encargo de Semih: “Hoy vendrá un crítico gastronómico al restaurante y tú te encargarás de atenderlo. Es una gran oportunidad para nosotros y, si sale bien, te lo recompensaré”.

En el vecindario, Candan se sorprende al ver a Müfide de regreso. La anciana está hecha una furia al saber que han celebrado la pedida de mano de Ugur sin su presencia y solo se alegra de abrazar a Öykü. Demir estudia con ayuda del chef todos los platos de la carta y consigue que el crítico quede satisfecho. “Su metre me sugirió la comida de forma muy detallada y a mi gusto. Volveré”, comenta a Semih antes de irse. Ya a solas, el dueño del restaurante felicita a su empleado por su labor.

No es la única buena noticia para Gokturk ya que Ömer lo llama y le pide que tomen un café. Una vez reunidos, el anciano se disculpa por su comportamiento y le entrega una pequeña ayuda económica.

Por la noche, Ugur, Cemal y Demir llegan a casa y se llevan una gran reprimenda de Müfide: “¿No os da vergüenza? ¿Cómo se os pudo ocurrir hacer todo esto a mis espaldas?”. Los tres amigos intentan justificarse, pero es en vano. “No habrá ningún matrimonio”, zanja la anciana.

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