El miedo a la oscuridad es natural en la especie humana. Todos lo hemos sufrido con mayor o menor intensidad en la infancia y, aproximadamente el 10% de la población adulta, confiesa no haber llegado a superarlo nunca.
La explicación más elemental es que viene del instinto de supervivencia: la especie humana no posee una buena visión nocturna y eso hace que sea vulnerable al ataque de sus enemigos, “depredadores” en los orígenes y más tarde asaltantes, pero eso no se justifica cuando se convierte en un miedo irracional. En estos casos, para superarlo es necesario identificar su origen:
Experiencias traumáticas de la infancia. Castigos o algún incidente que nos mantuvo en un cuarto oscuro, bromas en la oscuridad...
Sentimientos de inseguridad. A veces inducidos por nuestro propio carácter, que asocia en el subconsciente el miedo a lo desconocido con la oscuridad.
Situaciones personales. A menudo relacionadas con la edad o la pérdida de seres queridos. Los ancianos temen a la noche por miedo a la muerte. Quien ha perdido a su pareja también la teme por el miedo a la soledad.
¿Se puede vencer este miedo?
Como cualquier otra fobia, el miedo a la oscuridad se puede y se debe tratar por un especialista, siempre que imponga limitaciones o se viva con mucha incomodidad. Cuando el miedo es tolerable, lucha por superarlo, habituándote a ciertas situaciones, usando técnicas de relajación y evitando estímulos que lo desaten, como las películas de terror.












