La Familia Real Noruega no gana para disgustos. La salud de Harald V de Noruega ha vuelto a acaparar la atención mediática internacional tras publicarse informaciones que apuntaban a un ingreso hospitalario de urgencia. La inquietud se desató a raíz de un reporte del medio noruego Se og Hør, que afirmaba que el monarca, de 89 años, había sido trasladado en ambulancia al Hospital Nacional de Oslo (Rikshospitalet). Ante la creciente preocupación, la Corte Real noruega ha tenido que intervenir rápidamente para matizar la situación y desmentir el carácter de emergencia de la visita. Aunque la Casa Real apresuró un desmentido -aclarando que se trataba de un chequeo rutinario y que el monarca acudió en su propio vehículo antes de retomar su agenda pública-, el episodio deja al descubierto la extrema sensibilidad que rodea a la institución.
A sus 89 años, Harald V ha manifestado en repetidas ocasiones su férrea decisión de mantener el juramento de 1991 y reinar hasta el último de sus días. Sin embargo, su anatomía parece llevarle la contraria a su devoción por el deber. El historial de los últimos tiempos -desde la grave infección en Malasia en 2024 que requirió un marcapasos hasta su reciente ingreso en Tenerife por deshidratación e infección cutánea- dibuja el retrato de un Rey cuya salud obliga a una reestructuración permanente de la vida pública del país.
Este constante estado de alerta médica se produce, además, en un contexto máxima crispación judicial y familiar. La delicada situación de Marius Borg, hijo primogénito de la princesa Mette-Marit, ha salpicado la imagen de la Corona. Las severas acusaciones judiciales que pesan sobre el joven y la reciente solicitud de la Fiscalía para su ingreso en prisión preventiva con monitoreo electrónico han añadido una presión mediática y moral devastadora sobre los príncipes herederos, enrareciendo aún más el clima en la Corte.
Con la princesa Mette-Marit lidiando simultáneamente con el avance de su fibrosis pulmonar y el impacto emocional del caso de su hijo, el príncipe Haakon se ve obligado a asumir la regencia de manera intermitente bajo un desgaste insólito. La estabilidad de la Casa Real tiende de un hilo.
















