Rosa Montero: "Escribir es un camino de libertad"

Desde que Rosa Montero irrumpió en el periodismo en los setenta, se ha hecho notar por la calidad de su escritura, de sus artículos, de sus novelas y por su lucha en favor de la mujer de todas a quienes se les impide alzar la voz. De ahí que apoye sus movimientos, como la huelga del 8 de marzo convocada por asociaciones feministas, a la que se suma por convencimiento y por considerarlo un deber.

Galardonada con el Premio Nacional de las Letras 2017, que le ha otorgado el ministerio de Cultura por su labor literaria, Rosa es una de las cinco escritoras en recibirlo junto con Rosa Chacel, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Carmen Riera.

¿Qué ha supuesto para usted que le concedan un premio tan prestigioso?

Ha sido una de las mayores alegrías de mi vida, un alivio tremendo porque no me lo esperaba. Todos los novelistas tenemos un agujero de inseguridad brutal, patológico, porque escribir es una cosa muy rara, que requiere sentarte en un sillón de tu casa e inventar historias.

Un trabajo en solitario que en su caso se le ha reconocido.

Porque no hay ninguna medida objetiva que te diga que lo que estás haciendo tiene sentido, por eso es tan sanador que te den un premio así.

¿Qué sintió cuando se lo comunicaron?

Alivio, seguridad en lo que estás haciendo y en cómo lo estás haciendo.

¿Cómo reacciona cuando se enfrenta a la pantalla en blanco?

Jamás me he sentido así, porque donde están las ideas es en la cabeza. Hubo una época que estuve tres años bloqueada, eso que José Donoso definía como que se seca la cabeza.

¿Cuando eso ocurre, cómo reacciona?

Hay quien dice que los novelistas somos gente que no ha terminado de madurar, porque la mayor parte de lo que imaginamos no va a parar a ninguna novela. A mí lo que me quita la presión interna es el alivio terapéutico.

Isabel Allende dice que se levanta a las seis, se ducha, se viste, se maquilla y se pone a escribir.

Yo lo que hago cuando se me ocurre una idea es tomar notas en un cuadernito rayado, lo escribo con pluma estilográfica, así durante un año, hasta que tengo desarrollada la novela, porque soy muy arquitectónica y me gustan mucho las estructuras, de manera que en una cartulina grande pongo todos los personajes, hasta que la tengo desarrollada.

¿Sus personajes tienen vida propia?

La tienen desde el principio. Soy disciplinada pero no metódica, yo escribo cuando puedo, pero escribo mejor del mediodía hasta la noche.

¿El Periodismo le ayudó a ser escritora?

No, el Periodismo me ha ayudado a ser persona. Ser reportera me ha enseñado otros mundos y otras maneras de vivir. Yo no quería especializarme en nada porque me interesan demasiadas cosas, pero como periodista-reportera aprendes continuamente.

“Ante los mismo síntomas, a nosotras nos mandan ansiolíticos y a ellos pruebas diagnósticas”

¿Alguna vez pensó dedicarse sólo a la novela?

No, la novela debe de ser un ámbito de libertad, pero si necesitas pagar la hipoteca, como novelista sólo no puedes hacerlo, porque te obligaría a escribir a un ritmo demasiado rápido.

Usted participará en la huelga del día 8, ¿por qué?

Porque es un paso adelante en la reconstrucción del sexo en Occidente. Un peldaño más para que nosotras mismas nos veamos de otro modo. Porque el machismo es una ideología en la que nos han educado a todos. Hay investigaciones que demuestran que las mujeres no nos juzgamos a nosotras mismas de la misma manera que se les juzga a ellos.

¿Por falta de autoestima?

También, porque en la asistencia médica primaria, ante los mismos síntomas, a las mujeres nos mandan ansiolíticos y a los hombres pruebas diagnósticas. Lo mismo sucede con el dolor, si a un hombre le duele algo reciben más analgésicos y las mujeres más sedantes.

¿Por qué ocurre eso?

Porque la palabra del hombre sigue valiendo más que la de la mujer.

Naciones Unidas ha realizado un estudio con parlamentarias, de las cuales el 82% ha sufrido acoso.

¿Y quién no? Yo fui al Instituto Beatriz Galindo de los 10 a los 17 años, en los 60, una época en la que a los niños no se nos protegía como ahora. Iba en el metro cuatro veces al día porque comía en mi casa, pues bien, hasta que cumplí los 16 no hubo un sólo día que no me tocaran el culo o se restregaran contra mí. Cuando era más pequeña, peor.

Lo increíble es que ahora sigan pasando esas cosas.

Entonces teníamos la percepción de que cuando veníamos al mundo nosotras éramos las gacelas y ellos los leones. Y eso no tiene por qué ser así, y de eso estamos tomando conciencia hoy, tanto hombres como mujeres, gracias al “MeToo”.

Sin embargo, en derechos hemos avanzado mucho.

Por supuesto que sí, y es un camino que hemos recorrido juntos en los últimos cien años, porque basta decir que en Francia no votaron las mujeres hasta el 1945, y en Suiza hasta 1971. Yo estoy hasta las narices de que se hable del feminismo como si fuera cosa de chicas.

¿No lo es?

No, porque si cambia el papel de la mujer cambia el del hombre, es ridículo pensar lo contrario. Estamos cambiando el mundo, y en eso somos todos necesarios porque nos afecta a todos.

¿En qué ayuda vestir de negro en la fiesta de los Globos de Oro o en los Goya?

Sirve para visualizar el problema. Decía Bernard Shaw, que a veces uno se cansaba de repetir las mismas causas mil veces. Cómo no se iban a repetir si no se arreglaban. Con esto ocurre igual.

¿Le sorprende que las diputadas de C´s y PP se nieguen a apoyar la huelga?

Es un problema de esos partidos políticos y de la forma que tienen de hacer política, por eso hay que refundar a la clase política, y no sólo en España, también en otros países. De ahí, el distanciamiento de la gente respecto a quienes nos representan, lo que está dejando el campo libre a los antisistema, o a personas como Donald Trump.

¿Qué les diría a quienes piensan que esto no va con ellas?

Que hemos avanzado un poco, pero tenemos que avanzar mucho más para tener las oportunidades que no tenemos ahora. Para conseguirlo, necesitamos armarnos de fuerza y de valor.

¿El que tenían nuestras “madres coraje”?

Ellas lo pasaron muy mal con el franquismo, que les impedía trabajar, abrir una cuenta corriente si no tenían el permiso del marido. A nuestras madres les cogió lo peor, porque no fue hasta que tuvieron 40 o 50 años cuando empezaron a darse cuenta de que había otras posibilidades de vivir, pero ellas ya habían perdido ese tren.

“No sé si hubiera querido tener hijos, sé que no he sido libre por el peso materno”

Nosotras lo cogimos en marcha.

Hay muchas mujeres de mi edad o de la tuya que no hemos sido madres, y yo creo que eso es porque crecimos con un poderoso susurro que nos decía: no tengas hijos, no te cases, vive la vida, no cometas los mismos errores que yo.

Lo decían sin tapujos.

Esto se ve en las estadísticas, ya que durante muchos años la tasa de natalidad en España fue muy baja, la más baja junto con Italia. Los dos países con el mismo proceso de madres prisioneras del sexismo. Y eso no es bueno porque nos impidió ser libres en esos asuntos.

¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?

Yo no sé si hubiera querido tenerlos o no, lo que sí que sé es que no he sido libre por el peso materno.

¿Se ha sentido más libre escribiendo?

Escribir es un camino de libertad. Yo empecé a escribir ficción, como la mayoría de los novelistas, a los 5 años, escribía cuentos sobre ratitas que mi madre guardó celosamente. Esto quiere decir que para mí escribir es como beber, comer o respirar. Siempre digo que para escribir novela y para hacer bien el amor, hay que borrar la consciencia del yo.

¿Dónde aprendió todo eso?

En el instituto, porque en colegios de monjas no, puedo asegurártelo, porque no fui nunca.

Dice que escribe para perder el miedo a la muerte.

Yo tengo la teoría de que los novelistas somos personas con una mayor conciencia del paso del tiempo y de la muerte. Quizá, porque la mayoría de las personas viven como si fueran eternas, y eso les ayuda a vivir. Yo me recuerdo con 10 años diciendo, mira qué tarde tan bonita, disfrútala porque dentro de nada te habrás hecho mayor, habrán muerto tus padres, habrá pasado el tiempo y habrás muerto tú.

¿Pensaba así a una edad tan temprana?

Sí, porque cuando estás muy llena de la conciencia de la muerte estás muy llena de la conciencia de la vida. Yo leo mucha biografía y me he dado cuenta de que la mayoría han perdido la infancia.

¿Alguien en especial?

Simone de Beauvoir, era hija de un banquero que se quedó en la bancarrota y tuvo que vivir en una casucha con un retrete para 40 familias. Hay otras vidas perdidas, por eso tiene coherencia que si has perdido algo o a alguien muy valioso a una edad temprana, cómo no vas a estar obsesionada con la muerte y el paso del tiempo.

En su novela “La carne” aborda la decadencia física, ¿tanto le preocupa?

No necesariamente. Me preocupa muchísimo el deterioro físico. En “La carne”, la protagonista es una mujer pero podría ser un hombre, aunque si algo me pone nerviosa es que cuando una mujer escribe sobre una mujer todos piensan que está escribiendo sobre sus propias experiencias, en cambio cuando lo hace un hombre, parece que escribiera sobre el género humano.

Volvemos a la desigualdad de trato.

Son prejuicios, porque la protagonista de mi novela habla de lo que el tiempo hace y deshace, ni siquiera de la vejez, porque vivir es envejecer desde la cuna. Y he conocido chicos y chicas de 30 años que se identifican con la mordedura del tiempo.

Es indudable que la edad no está en el DNI.

El combate con el paso del tiempo es igual para los de 30 que para los de 60. Ser joven no es tener los glúteos más duros y la cara más tersa, no. Ser joven es tener un futuro intacto, que la vida sea como un paquete de Navidad sin abrir.

Bonita metáfora.

Yo me acuerdo, Rosa, que cuando tenía toda la vida por delante, deslumbrante, y podía emprender cualquier cosa, eso es algo que se puede perder a los 30 o no, pero a esa edad ya llevas la mochila llena de oportunidades perdidas, de amores que has vivido, el daño que te han hecho y el que tú has hecho.

Una sensación que va aumentando con la edad.

Sí, porque cuantos más años tienes, menos tiempo tienes por delante para enderezar lo torcido. Yo me he pasado la vida doblando la edad. Tenía diez y decía que tenía veinte, ahora ya no lo hago.

¿Qué le proporcionan los años?

Una mayor sabiduría, por eso es necesario seguir aprendiendo cada día, aunque suponga un esfuerzo, porque eso te da felicidad y te ayuda a crecer con la gente que quieres.

¿Quién es Rosa Montero?

Nació en Madrid el 3 de enero de 1951. Hija de un banderillero y de un ama de casa.

Estudios: Se licenció en Periodismo y Psicología.

Inicios: Colaboró con grupos de teatro independiente como “Canon” y “Tábano”, a la vez que empezaba a colaborar en medios informativos, entre ellos “Fotogramas”, “Pueblo” y “Posible”.

Trayectoria: Desde 1976 trabaja en exclusiva en el diario “El País”. Ha publicado 15 novelas: la última, “La carne”, publicada por Alfaguara. Además de cuentos, relatos, obras colectivas y diez obras sobre Periodismo.

Premios: Ha recibido numerosos galardones, el más importante, el Premio Nacional de las Letras 2017, que otorga el Ministerio de Cultura y que ostentan tan sólo las escritoras Rosa Chacel, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Carmen Riera.

Familia: Casada con el periodista Pablo Lizcano, fallecido en 2009, a los 58 años de edad. La pareja no tuvo hijos.

La foto favorita de Rosa Montero

“En esta foto estoy con Pablo Lizcano, mi marido: teníamos 38 años, acabábamos de enamorarnos. Vida plena y feliz”.

Entrevista realizada en la Terraza Lobbo. Calle Príncipe de Vergara 181, Madrid.
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