Ayanta Barilli: "Mi hijo construye violines y le gusta escuchar música"

La escritora y periodista nos habla de 'Un mar violeta oscuro', la novela que le valió ser finalista del último premio Planeta. La hija de Sánchez Dragó repasa, con Rosa Villacastín, su trayectoria personal y profesional.

A quienes han seguido a Ayanta Barilli, no debió extrañarles que quedara finalista de uno de los premios más importantes de la literatura española, el Planeta, con su novela 'Un mar violeta oscuro', en la que se adentra en la historia de tres mujeres que han marcado su vida: su bisabuela, su abuela y su madre, que falleció cuando ella tenía nueve años. Una saga que ha marcado su vida y, quién sabe, si también su futuro como novelista. Actriz, periodista, presentadora de televisión, es en la radio donde ha encontrado su hábitat natural, con programas sobre el amor y el sexo. Hija del también escritor Sánchez Dragó, de su padre ha heredado el interés por la cultura y de su madre, una belleza serena, impactante.

Nos recibe en su casa, una vivienda de dos plantas pintada de azul, situada en una de esas antiguas colonias madrileñas de chalets, con sabor de otros tiempos, en la que viven conocidos artistas y cantantes.

Ayanta Barilli se sincera con Rosa Villacastín
Guillermo Jiménez

Ayanta, ¿qué supuso para usted quedar finalista del Planeta?
Un aliciente para seguir escribiendo, un sueño, porque ningún otro tiene tanta visibilidad no sólo en España, también en Hispanoamérica.

¿Qué le llevó a contar la historia de sus antepasadas?
Cuando mi madre muere, yo tengo nueve años y ella 36; fue a partir de ese momento tan dramático y doloroso, cuando me empieza a preocupar muchísimo que pueda olvidarla. Soy consciente de que los recuerdos que tengo de ella no van a resistir el paso del tiempo y decido escribir un diario: no retrata mi día a día, sino todo lo que yo había vivido con ella. Después, empecé a interesarme por los mayores porque tenía miedo de que se murieran, de que se fueran sin dejar rastro.

¿Cómo fue el proceso de selección? Porque la memoria es muy selectiva.
Lo más doloroso fue recordar la enfermedad de mi madre. Necesité imaginármela, meterme en su piel, lo que podía haber significado para ella y para mí, teniendo en cuenta que yo ya tenía dos hijos cuando comienzo la novela.

¿Qué buscaba en ese pasado familiar?
Uno de los grandes temas con los que me encontré era la repetición de patrones familiares, que es algo universal. Patrones que pueden ser muy positivos y que hay que mantener porque suponen una línea de continuidad de un apellido o un modo de ser, pero también patrones malignos.

¿Historias que desconocía?
Sí, y que son las que me llevan a investigar a las mujeres de mi familia y a mí misma, con la intención de no censurar lo malo que me encontrase.

Ayanta Barilli se sincera con Rosa Villacastín
Guillermo Jiménez

Dicen que al jurado le gustó porque es una novela muy feminista.
No sé si es feminista o no, lo es en el sentido de las desigualdades que han sufrido las mujeres, más antes que ahora, y que les llevó a tomar elecciones sentimentales erróneas, capaces incluso de llevarlas a la muerte, como es el caso de mi madre, o a la locura e infidelidad, como a mi abuela. Lo importante de esta novela es que no me he inventado nada y que me siento orgullosa por lo que hicieron todas ellas.

¿Qué tipo de mujer se sentirá representada en sus protagonistas?
Todas las que sus esperanzas y frustraciones quedaron recluidas en la intimidad de sus hogares y a las que yo he querido dar voz. Sabemos lo que sienten y piensan los hombres, pero muy poco de lo que pensaban o sentían las mujeres.

Ha sido actriz, periodista, presentadora, ¿sabe ya lo que quiere ser de mayor?
Contar historias me gusta mucho, porque cuando lo haces te estás metiendo en la piel de otra persona. Estudiar Arte Dramático me ha servido para colarme en las almas de mi abuela y de mi madre, y eso resulta consolador. Es una especie de inmortalidad conseguir fijarlas en el papel e imaginarte cómo eran, qué sentían.

¿Algún reproche a sus antepasadas después de lo que sabe de ellas?
Los reproches están ahí, pero lo importante es saber qué habría hecho yo en su situación. Es difícil saberlo desde el punto de vista moderno. A mi madre le diría: ¿cómo es posible que habiendo nacido en una Italia libre, teniendo la cultura y la belleza que tenía, pudo caer en los errores consabidos? Ahí es donde entran los patrones familiares.

Ella tenía armas intelectuales que su abuela y bisabuela no tenían.
Por eso resulta tan sorprendente. Pero ¿cuántas mujeres hay hoy, cultas, profesionales, que no saben manejar sus vidas?

Ayanta Barilli se sincera con Rosa Villacastín
Guillermo Jiménez

¿Qué lección cree que sacarán sus hijos de este libro?
Cuando se lo di a leer, se quedaron impactados. Lo leyeron antes de que me dieran el premio. Recuerdo que me preguntaron cuánto había de verdad y cuánto de ficción. Estaban muy contentos de no ser huérfanos de su propia historia, me pasó a mí también y a mucha gente por falta de interés o porque no les han contado nada de sus antepasados. ¡Ignoramos tantas cosas!

¿Es partidaria de contar a los hijos capítulos oscuros de la familia?
Sí, porque eso forma parte de la educación. Las raíces son muy importantes, de ahí que al final todos queramos saber de dónde venimos. En mi caso, mi hijo mayor tiene 27 años y mi hija 19: si yo a su edad hubiera sabido lo que sé hoy de mi familia, quizá no hubiera cometido algunos errores.

¿Tanto le marcó la muerte de su madre, siendo tan joven como era cuando murió?
La muerte de una madre para un niño es algo tremendo. Yo estuve al menos un par de años esperando que volviera. Que a mí me dijeran que había fallecido, no tenía sentido. Me ha marcado para mal pero me ha hecho una persona muy sensible.

¿Por qué dejó la interpretación?
Porque no podía más: soy cinéfila, voy al teatro todas las semanas, me atrae muchísimo ese mundo donde tengo grandes amigos, pero empecé a notar que no era lo que estaba buscando. Todavía no había descubierto lo que era la escritura.

¿Qué significa escribir para usted?
Algo íntimo, algo en la que soy yo quien mueve los hilos, la que decide.

¿Es la misma sensación que le aporta también la radio?
Sí, cuando dejé la interpretación pensé: y ahora, ¿qué hago? La radio tiene algo mágico y algo que necesitaba en ese momento. Yo no quería aparecer físicamente.

¿Por qué?, tiene un físico muy atractivo.
Porque no quería tener que estar guapa, simpática, que la gente me reconociera por la calle… Ésa es la parte que menos me gustaba de mi trabajo. ¿Dónde me puedo expresar sin pasar por todo eso? En la radio, sobre todo en programas nocturnos. Así empecé hasta abrirme mi hueco.

¿Con la voz se puede seducir sin necesidad de artificios?
A mí cuando alguien me reconoce porque me ha oído, me hace mucha ilusión.

¿Qué le llevó a presentar 'Es Amor o Es Sexo'?
En mi casa siempre hemos hablado de todo, de una manera libre, divertida y me sorprendió que aquí, en España, estos temas son un problema. Se aborda la sexualidad de la forma más farragosa y no del placer, del amor, de lo lúdico que es, tampoco de las personas asexuadas o sexuales.

¿Le costó tomar la decisión?
Mucho, porque una cosa es hablar en tu casa y otra para el público, sin que resulte vulgar, técnico o aburrido. Me costó encontrar la fórmula, pero la encontré.

¿Puso alguna línea roja?
Sí, durante los ocho años y a lo largo de las tres horas diarias que duró el programa en EsRadio, siempre he evitado que se dijeran palabrotas. Por eso quité las llamadas porque era difícil impedir que entrara gente sin soltar vulgaridades.

Ayanta Barilli se sincera con Rosa Villacastín
Guillermo Jiménez

¿Qué ha aprendido sobre el sexo?
De todo, porque en España hay un submundo en el que participan muchísimas personas, de todas las edades, que practican maneras muy diversas de relacionarse.

¿El sexo sigue siendo tabú?
Para mucha gente sí, porque hablamos muy poco de sexo, pero es un mundo lleno de posibilidades. Ahora mismo la diferencia la marcan las mujeres.

¿En qué sentido?
No sólo deciden lo que quieren hacer sino que han aprendido a desear, eso por una parte, y por otra, las mujeres tenemos una potencia sexual muy superior a la del hombre. La mujer es una diosa del sexo, pero muchas no lo saben porque han estado sometidas a unas reglas que les impedían decir lo que sentían.

¿Debería estudiarse en el instituto?
Por supuesto, a los jóvenes hay que enseñarles cómo amar, cómo decir esto sí y esto no, pero desgraciadamente estamos muy lejos de eso.

¿Por pudor?
A los hijos hay que explicarles lo que les puede pasar fuera de casa, eso es la educación sexual.

¿Qué ha heredado de Sánchez Dragó, su padre?
Es un gran contador de historias, creo que mi herencia principal es mi capacidad para contar historias.

¿Y de su madre?
La capacidad de contar historias, decían de ella que era mejor escuchar cómo contaba las películas que ir al cine. Dejó muchas cosas escritas, sin terminar.

Mi foto favorita

Ayanta Barilli se sincera con Rosa Villacastín
Guillermo Jiménez

"Esta foto me emociona porque es una de las últimas de mi madre, ya enferma, pero todavía se la ve saludable".

En pocas palabras

Ayanta Barilli se sincera con Rosa Villacastín
Guillermo Jiménez

¿Quién fue su primer lector?
Mi marido: sobre la estructura del libro tuve muchas conversaciones con él, y el último, mi padre…

¿Sus hijos también son artistas?
Mi hijo construye violines y le gusta escuchar música. Y mi hija está estudiando todavía.

¿Cómo le gustaría ser de mayor?
Una vieja luminosa, pero sobre todo no quiero prolongar una supuesta juventud.

¿Quién es ella?

Nació en Roma, el 17 de febrero de 1969. Hija del escritor Fernando Sánchez Dragó y de la profesora de Historia y Filosofía Caterina Barilli. Estudios Estudió danza clásica con Víctor Ullate y Arte Dramático con Zulema Katz y Dominic de Facio.

Trayectoria. A los 20 años, la contrata TVE para presentar 'Buenos Días'. Como actriz, empieza su andadura en las series 'Pepa y Pepe', 'Por fin solos'… En teatro actúa en 'Trabajos de amor perdidos', 'Arsénico por compasión', 'Descalzos por el parque'. Ha trabajado como coach en la película mexicana 'Como agua para chocolate', de Alfonso Arau, así como en 'Trece Rosas' y 'La montaña rusa', ambas de Martínez Lázaro. En 2001 comenzó a colaborar con Jiménez Losantos en Cope y, más tarde, en La Mañana como crítica literaria. Años más tarde asume la dirección artística del Teatro Lara, y en el 2009 comienza en esRadio hasta el 2018, donde dirigió y presentó 'Es Amor y Es Sexo'. Desde entonces, presenta y dirige A media luz. En 2018, es finalista del Premio Planeta con 'Un mar violeta oscuro'.

Familia Está casada con Francis Ballesteros y la pareja tiene dos hijos.

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