Grison (41, Madrid) es uno de los rostros más conocidos de la tele en la actualidad. Desde que el programa 'La Resistencia' dio el salto en 2024 de Movistar Plus+ a Televisión Española y pasara a llamarse 'La Revuelta', Marcos Martínez (su verdadero nombre) se ha hecho un hueco como uno de los cómicos más queridos. Su humor ácido, a veces incluso un poco 'negro', contrasta con la inocencia que en alguna ocasión le ha hecho hasta meter la pata en el programa. Desde luego, no deja indiferente a nadie, pero antes de ser 'Grison', hay un pasado en el que su destino no apuntaba a un futuro prometedor. De hecho, él mismo, en algunas entrevistas, ha reconocido que de pequeño, pero sobre todo de adolescente, no dio precisamente la imagen de triunfador: "Era el típico chaval que estaba todo el día en jefatura de estudios".
"Yo salí de la secundaria completamente perdido, sin saber lo que quería hacer en mi vida", explicó en una entrevista en el podcast 'Eh!', y es que admitió que, aunque puso todo de su parte en el colegio, la cosa se torció en el instituto, con un sistema al que no terminó de adaptarse. Además, también ha revelado que en plena adolescencia le tocó 'arrimar el hombro' con el negocio familiar, que, sin embargo, acabó hundiéndose tras décadas de esfuerzo. Repasamos 5 curiosidades sobre la infancia y la adolescencia de Grison.
Grison: de alumno ejemplar en el colegio a mal estudiante en el instituto
Pasar por el instituto puede ser una gran experiencia para muchos, pero puede ser toda una tragedia para otros, y para Grison, por desgracia, fue lo segundo. "La primaria muy bien, pero la secundaria muy mal, tío", confesó en el citado podcast. Aunque en el colegio era casi un niño modélico, el instituto se le 'atravesó' por completo: "Repetí y lo pasé mal", añadió. Sin embargo, por suerte, la vida le ha llevado por otros derroteros en los que ha conseguido tener éxito, demostrando que una buena o mala experiencia en los estudios no tiene por qué marcar todo el futuro de una persona (aunque a los padres, como es inevitable, les traiga de cabeza). "Yo salí de la secundaria completamente perdido, sin saber lo que quería hacer en mi vida, ni nada de nada [...]. Yo de pequeño era el típico chaval que estaba todo el día en jefatura de estudios y me comía mogollón de broncotes, porque no me adaptaba al sistema educativo para nada", reveló.
El 'tic' nervioso que reveló su pasión por la música
Fue precisamente en la época de estudiante donde empezó a darse cuenta de que lo de estudiar no era para él, y que su verdadera vocación estaba en la música. "Era el típico niño que daba con el lápiz a la mesa; estaba siempre haciendo baterías en la clase. Igual por ahí sale la movida. Es una cosa nerviosa, al final", comentó en otra entrevista, en 'El Faro' de Mara Torres, a la que también desveló que, gracias a meterse a clases de guitarra, descubrió que, sorprendente e irónicamente, lo de la docencia también le gustaba: "Un día me llamó mi profesor de guitarra y me dijo que hiciera una suplencia. A mí me molaba el trabajo y ahí estuve casi 8 años". Desde entonces, se ha especializado en guitarra eléctrica, batería y 'loop station', una máquina con la que grabar y crear sesiones de 'beatbox', algo en lo que es toda una eminencia tras convertirse en campeón mundial del 3er Boss Loopstation Contest y subcampeón de España de Human Beatbox (2012-2013).
El negocio familiar: una churrería que ingresaba un millón de pesetas cada fin de semana
Pero antes de la música y el humor, a Grison le tocó, como se dice comúnmente, 'arrimar el hombro' en el negocio familiar: la churrería de su padre, que anteriormente fue de su abuelo. "Mi abuelo empezó con la churrería. Mis abuelos paternos vienen del sur, de Jaén. Él era una persona muy humilde; vinieron muchos proletarios a zonas de Carabanchel, Vallecas... a pisos muy pequeños", contó Grison en 'El Faro'; una etapa de reconstrucción tras la Guerra Civil en la que nacieron muchísimos negocios pequeños, como la churrería que su abuelo decidió poner en Soto del Real (Madrid), que ha sacado a toda la familia adelante, y por la que han pasado todos. Un trabajo muy duro ("cuando tuve ya 16 o 17 años, estaba en el despacho y sirviendo. Un no parar [...]. ¿Tú sabes lo que es, a las 3 de la mañana dejar el cubata e irte a pelar patatas con toda la torrija, a 45 grados...? Es que es jodido una churrería", confesó), aunque dio sus frutos: "Nosotros hacíamos un millón de las antiguas pesetas, que son 6.000 euros, en un fin de semana, entre viernes, sábado y domingo", desveló.
El traspaso significó el hundimiento del negocio familiar
A pesar de que la churrería era un negocio de lo más fructífero, el padre de Grison decidió traspasarla tras décadas de madrugones. Una decisión que significó la muerte del negocio: "Mi padre era churrero en Soto, y mi abuelo también, durante 40 ó 50 años, pero (el negocio) murió con mi padre, de hecho", explicó Grison en el podcast de Cocituber. "Cuando mi padre traspasó la churrería, yo tendría entre 18 ó 19 años. "Mi padre se deshacía ahí, y también era la manera de vivir de mi abuelo durante toda la vida, y estaba acostumbrado a eso".
La familia materna de Grison, una estirpe de costureras
A diferencia de él o de su padre, su madre no pasó por la churrería. Ella, junto a su tía y su abuela, eran costureras: "Trabajaban de encargo para una tienda. Hacían cortinas y colchas de cama", algo que a él no le llamó especialmente la atención, por lo que al cierre de la churrería, decidió apostar por otros trabajos, aunque fuesen más duros: "Yo he sido siempre ayudante de albañil, he puesto ladrillos. El tema de la electricidad me gusta bastante. Si haces las cosas con amor, al final vas aprendiendo", llegó a contar también.














