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Sara Baras: ''Nada me compensa si no puedo estar con mi hijo"

Rosa Villacastín habla con la bailaora y coreógrafa sobre su vida y su nuevo trabajo en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid.

Sara Baras

Rosa Villacastín habla con la bailaora y coreógrafa sobre su vida y su nuevo trabajo en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid.

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Gaditana en Madrid

Ver a Sara Baras en un escenario es una experiencia casi religiosa, por su forma de mover los pies, las manos, la cintura, el cuerpo, toda ella inmersa en la música, en el compás, sola o acompañada, moviendo la falda como sólo ella sabe. Con una elegancia que le sale de lo más hondo de su corazón y que expande por el teatro hasta conseguir que el público sólo tenga ojos para ella y los miembros de su compañía, a quienes se puede ver en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid hasta el 2 de julio.

Nacida en San Fernando, Cádiz, fue Concha, su madre, quien le metió el gusanillo del flamenco en el cuerpo. Un sentimiento que marcó su vida hasta convertirla en una estrella a nivel internacional porque, como bien dice, el arte no conoce fronteras.

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Paco de Lucía y Antonio Gades

Sara, ¿cuando está bailando, siente al público?

Lo siento todo desde el momento que se levanta el telón, incluso hay veces que por la razón que sea tardan en incorporarse a lo que están viendo, y yo lo noto.

¿Pensaba en eso cuando ideó el espectáculo 'Voces'?

Este espectáculo fue una necesidad que tenía de homenajear al maestro Paco de Lucía y a otros grandes del flamenco. Para mí fue un golpe durísimo enterarme de que Paco se había ido y cómo se había ido.

¿Recuerda dónde se encontraba?

En Londres, a punto de dar una rueda de prensa porque al día siguiente estrenábamos 'La Pepa'. Fue tal el golpe, que sentí la necesidad de montar este espectáculo.

También homenajea a Antonio Gades.

Porque fue la persona que me enseñó a valorar los consejos que te dan los maestros, su ejemplo de vida, cómo defendió el flamenco en una época muy difícil. Yo creo que tengo la obligación moral de enseñar todo eso a la generación que me precede.

¿Llegó a bailar con él?

No, le conocí en Japón porque un día vino a vernos donde estábamos bailando. Yo no daba crédito, sobre todo cuando empezó a decirme cómo tenía que poner la pierna, los brazos, porque él simplemente caminando por el escenario, te cautivaba. Tuvimos una relación muy bonita.

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Grandes del flamenco

¿Qué destacaría de Gades?

Que era muy trabajador, que tenía una gran disciplina y un algo especial que sólo tienen los genios. Él lo era, por eso hay un antes y un después de Gades en el flamenco.

¿Cree que se le ha reconocido su valía?

Aquí no, fuera sí, es algo de lo que te das cuenta cuando sales al extranjero, todo lo que él ha hecho. Ahora que me acaban de nombrar Embajadora de la Marca España, comprendo que Gades lo fue también porque dejó su sello en los festivales más importantes de danza del mundo.

¿Qué recuerda de Enrique Morente?

Era un grande, no sólo por su talento, sino por la cultura que tenía, por lo valiente y lo humilde que era. Un ejemplo para las generaciones futuras.

Y Carmen Amaya, ¿qué tenía de especial?

No la conocí, pero en el espectáculo suena su voz porque yo soy una gran admiradora suya, por lo que representó como mujer, por su valentía, protegiendo y tirando siempre de los suyos y por no perder ni pizca de su identidad, ni de su garra ni de su fuerza. Con ella se me mezcla todo, porque el baile no son sólo pasos, es una forma de vivir.

¿No le resulta extraño que apenas se recuerde a las bailaoras?

Yo he tenido suerte por haber llegado en un momento en que la gente quería mujeres. Ha habido bailaoras maravillosas pero que terminaban su trabajo y se iban a casa a hacer la cena de sus niños, y los maridos salían y entraban porque entonces la vida era así.

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"Heredé de mi madre el amor por el flamenco"

A usted eso no le ha pasado.

No, porque es otra época. Yo no me he sentido discriminada nunca por el hecho de ser mujer. Al revés, cuando monto mi compañía en la que la mayoría de los que trabajaban eran chicos, nadie me dijo nunca que se sintiese mal porque la jefa fuera una mujer. Mi ilusión era montar algo, hacer las cosas como a mí me gustaba, pero sin pararme a pensar en situaciones que han pasado a otras generaciones. Ahora no tengo la impresión de que ocurra.

¿Siempre ha estado tan segura de hacia donde quería ir?

En mi carrera ha habido mucha gente que me ha ayudado, maestros que me han dado consejos muy importantes, y eso me ha facilitado el camino.

Su madre ha sido decisiva en su carrera.

Se lo digo siempre, nunca podré agradecerle haberme dado la vida, pero sobre todo inculcarnos el amor al arte, a la música, al baile y al flamenco, ella lo hizo de una manera que nunca nos sentimos presionados.

¿En qué momento siente la llamada del baile?

Siendo una cría de 13 o 14 años ya me gustaba dibujar coreografías. De mi abuelo, que era pianista de música clásica, y de mi madre, que tenía una escuela de baile, heredé el amor al flamenco, también de escuchar a Camarón en las fiestas del barrio.

Tengo la impresión de que lleva una carrera sin contratiempos.

Muy buena, quizá lo que más me ha costado es separarme de mi hijo. Eso no pensaba que me iba a doler tanto. Y eso que intentamos llevarlo con nosotros siempre que podemos, porque desde el principio nos hicimos el firme propósito de llevarlo al colegio, incluso cuando nos hemos acostado muy tarde. Era tanta la ilusión por ser padres que aprovechamos todo el tiempo para estar con él.

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Madre ante todo

Y cuando van de gira, ¿qué hace?

La última a Nueva York, Washington, Miami, México, no lo llevamos y no sabes lo que he llorado, y eso que íbamos a teatros que nunca pensé que llegaría a pisar. A veces pienso que nada me compensa si no puedo estar al lado de mi hijo.

La conciliación es compleja.

No lo es en mi caso porque he logrado que estemos los tres juntos el mayor tiempo posible. De ahí saco la fuerza para después dedicarme a mi trabajo porque si estás bien personalmente eso se nota en el escenario.

A usted se le ve pletórica.

Yo tengo la suerte de estar muy bien rodeada, no sólo por mi familia, también por mis amigos, por la gente que trabaja conmigo, porque es en las pequeñas cosas donde verdaderamente está la felicidad.

Recuerdo cuando empezó con José Serrano, su marido (bailaor).

Te lo comenté en una entrevista que me hiciste hace 17 años, cómo pasa el tiempo...Nosotros nos llevamos muy bien, no tenemos problemas de ningún tipo, quizá tenemos muy claro dónde está cada uno, yo estoy en casi todo lo que tiene que ver con la compañía, y él está en lo suyo.

¿Quién acepta mejor las críticas?

Depende, supongo que como estamos tan compenetrados, no hay problemas en este sentido. Porque esta es una compañía muy familiar y mi marido siempre me dice que tengo mucha paciencia.

¿La tiene?

Sí, también es verdad que intentamos repartirnos las obligaciones para que no sea uno el que cargue con todo el peso, pero nos vamos adaptando a las necesidades.

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"La fama me sirve para ayudar"

¿Cómo gestiona la fama?

Si mi nombre sirve para ayudar a alguien, me olvido de todo, y lo hago. Yo soy madrina de Mi Princesa Rett, asociación que investiga una patología del desarrollo neurológico que afecta más a las niñas. Me he implicado porque me parece tan cruel que los niños tengan que pasar por esto, que haré todo lo que pueda.

Hay enfermedades que no se pueden prever.

Se lo digo a mi marido, mi hijo tiene los cachetes 'coloraos', está muy sano, y de repente te encuentras con una niña que no come, no puede andar, y eso es un dolor tan grande... A la fama le tengo que agradecer que me sirve para ayudar.

Pero hay otra parte de la fama más difícil de controlar.

¿Te refieres a cuando te piden fotos y esas cosas? Yo no lo llevo mal, porque les entiendo, aunque yo sería incapaz de acercarme a un famoso. Soy una persona muy cercana, nada diva, y aunque estemos en un restaurante, me levanto y me hago la foto pero si estoy con mi hijo me respetan.

No protagonizar escándalos tiene su recompensa.

Va a hacer 20 años que tengo compañía y nunca he tenido problemas. Vivo de hacer lo que me gusta que es bailar, soñar y hacer soñar, conocer gente, eso es un privilegio.

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Sus fans internacionales

¿A quién no olvida?

A mis padres, que son muy especiales. He sabido aprovechar todo lo bueno que me ha enseñado esa gente que me he encontrado en el camino. Sin olvidar el factor suerte.

¿De dónde saca tanta positividad?

De la educación que me dieron mis padres, y porque la vida es muy distinta si intentas ver el lado bueno o el lado malo.

¿Qué público es el más entregado?

Tengo pasión por el francés, donde voy a menudo, y me ha sorprendido la buena respuesta de los turcos. Por primera vez hemos estado en Estambul y la conexión ha sido increíble, como la de Singapur o Hong Kong, siendo como son tan distintos a nosotros.

¿Quiénes son más extrovertidos, las mujeres o los hombres?

No lo había pensado pero sí es verdad que muchas veces me dicen que para ir a verme han tirado de los maridos. La mujer es la primera en dar el paso, prueba de ello es que son las que llenan los teatros, las presentaciones de libros, diría que se interesan más por la cultura.

¿Si su hijo quisiera ser artista?

No lo sé, porque en este país cuesta hacerse un hueco, y estar arriba más porque aquí no hay termino medio, pero si él quiere tendría todo nuestro apoyo. Intentamos que tenga la oportunidad de estudiar lo que quiera, y transmitirle los mismos valores que a nosotros nos han transmitido.

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Próximos proyectos

Enuméreme alguno.

La honestidad, la honradez, la lucha, la entrega, el respeto a la familia y que a aquello a lo que te dediques, lo hagas bien, sabiendo que nadie te va a regalar nada.

¿Qué le gustaría dar a su hijo?

En nuestra generación, quienes hemos sido papás más tarde lo somos de otra forma. Estamos muy concienciados, porque es una experiencia que queremos vivir a tope.

¿Pero no les protegen en exceso?

Es posible, nosotros le hemos cambiado de colegio este año y recuerdo su primer día en el que no nos movimos de la puerta pensando que nos llamarían para decirnos que estaba llorando... Pues no, a las cinco salió sonriendo y feliz. Nos dimos cuenta de que los niños tienen vida propia.

¿Le gusta salir al escenario?

Sí, cuando me dice que quiere salir yo le contesto que para salir al escenario hay que hacer algo. Y ¿sabes lo que me contestó?: ¡Pues hago de Spiderman! y salió, lanzando telarañas al compás de la música.

¿Cuáles son sus proyectos inmediatos?

En Madrid estaremos hasta el 2 de julio, los miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos, será un verano tranquilo, para reponer fuerzas y cumplir algunos compromisos porque estrenamos en Pamplona, en el mes de septiembre, un nuevo espectáculo.

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¿Quién es ella?

Nació el 25 de abril de 1971 en San Fernando, Cádiz.

Inicios: Comienza a bailar en la escuela de su madre, Concha Baras, después entra a formar parte del grupo Los niños de la Tertulia Flamenca, con los que recorre los festivales flamencos de Barcelona.

Trayectoria: A los 24 años entra en la Compañía de Manuel Morao, obteniendo ese mismo año el Primer Premio "Gente Joven", de TVE. Durante la Expo 92 actúa en el Auditorio de La Cartuja y a finales de ese mismo año en el Teatro Town Hall, de Nueva York. En 1997 forma su propia compañía, cerrando el XXXVII Festival Nacional del Cante de las Minas. En 1999 estrena "Sueños" y "Mariana Pineda". En 2003 recoge el Premio Nacional de Danza. En 2007 estrena la versión de "Carmen", la cigarrera de Marimé, en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona. Hasta el 2 de Julio se la puede ver en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid con su espectáculo "Voces".

Familia: Casada con José Serrano, un maestro de la danza, la pareja tiene un hijo de cinco años.

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En pocas palabras

¿Ambiciosa? Sí, me gusta luchar por lo que me gusta.

¿Cuántos vestidos tiene? Uf, muchos…

¿Tiene armarios para tanta ropa? No, están en una nave, todo súper ordenado.

¿Su color fetiche? Soy de azules pero creo que hay un color para cada cosa.

¿Para una noche de amor? El rojo, por supuesto.

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Mi foto favorita

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