-¿Ha pagado un plus por ser famoso?
-¡Por supuesto! Los famosos tenemos a favor que nos dan mesa cuando vamos a un restaurante, y en contra que te meten una querella por lo criminal, en vez de por la vía civil, con una petición de la acusación particular de cinco años de cárcel. Si eso no tiene el objetivo claro de hacerte daño, ya me dirás.
-¿Sabiéndose inocente llegó a pensar que podrían condenarle?
-Sí; he pasado noches sin dormir, con pesadillas, porque nunca sabes cuál puede ser la decisión final de un tribunal.
-¿Qué hizo cuando supo que le habían absuelto?
-Dar saltos de alegría, abrazar a mi mujer, llorar... Todavía hoy, cuando hablo de este tema, me emociono, porque lo he pasado muy mal. Cogí una depresión que me ha costado una ruina económica importante, ya que he perdido conciertos y actuaciones.
-¿Y de positivo qué ha sacado?
-Que te das cuenta de quiénes son tus amigos y de quiénes no lo eran tanto.
-Entonces sí ha sacado algo positivo de la experiencia.
-Desde luego. Ya me pasó en el año 1990, cuando tuve un bajón en mi carrera discográfica. No me llamaba nadie, ni siquiera los que cuando estás arriba te dan palmaditas en la espalda. Entonces ya hice una limpia importante. Cuando algún compañero ha tenido algún problema, yo le he llamado para darle mi apoyo y mi afecto.
-¿Se considera afortunado?
-Sin duda. Lo único que no tengo es dinero. Por lo demás tengo una familia maravillosa y una mujer que me adora y a la que adoro.
-¿Cuándo supo que Paca Ribes era la mujer de su vida?
-A Paca y a Manolo, su exmarido, los conocía de Valencia, donde tenían un restaurante. Cuando se separaron, yo vivía en Barcelona. Si viajaba a Madrid, me hospedaba en un hotel, hasta que Paca me ofreció su casa. Ella tenía dos hijos y yo otros dos. Así fue cómo empezamos a salir a cenar, hasta que me di cuenta de que algo especial estaba surgiendo.
-¿Qué le contestó ella cuando se lo comentó?
-Que también sentía algo especial por mí, de eso hace 22 años.
-¿Cómo han sobrevivido al paso del tiempo?
-El secreto está en que Paca ya era mi amiga, mi confidente, la persona a la que comentaba todo y sabía todo de mí. Con Manolo tengo una estupenda relación, tanta que cuando viene a Valencia se queda en nuestra casa con su chica.
-¿La rutina es la tumba del amor?
-Eso dicen, pero no es nuestro caso. Nosotros hemos hecho juntos un camino largo. Ahora le pedimos a la vida que nos dé muchos años por delante. Cuando Paca y yo lo pasamos mejor es cuando nos escapamos un par de días solos.