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Carlos Sobera: "Mi madre pensaba que los actores eran unos aventureros sin oficio"

Una de las ventajas que tiene aparecer en televisión es la empatía que se produce entre  el espectador y el presentador. De ahí que la entrevista con Carlos Sobera tenga un sabor especial. También influye el carácter del actor, en el que prima su gran sentido del humor, su sinceridad y profesionalidad. El presentador y actor charla con Rosa Villacastín...

Una de las ventajas que tiene aparecer en televisión es la empatía que se produce entre  el espectador y el presentador. De ahí que la entrevista con Carlos Sobera tenga un sabor especial. También influye el carácter del actor, en el que prima su gran sentido del humor, su sinceridad y profesionalidad. El presentador y actor charla con Rosa Villacastín...

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Carlos Sobera abre su corazón a Diez Minutos

-Carlos, ¿cuál es el atractivo del poder?
-No lo sé porque no lo he ejercido. Supongo que consiste en tener tarjetas opacas y capacidad para triplicar un presupuesto de la noche a la mañana sin dar explicaciones a nadie.

-Obras como “El ministro” desmitifican.
-Hay que hacer una crítica de lo que está pasando. La mejor manera de llegar a la gente es utilizando el humor. Así la reflexión es más profunda. Ésta es una función sin moralina, pero ayuda a ver la paja en el ojo ajeno y el propio.

-Ha declarado que este país se ha malhumorado.
-Porque lo creo. Gentes que van al paro sin expectativas de un trabajo y la administración subiendo impuestos. Eso, acompañado de escándalos que afectan a partidos políticos, a banqueros, a sindicatos, en medio de un clima de recesión, es francamente desalentador.

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La entrevista

-¿La realidad supera la ficción?
-Lo único seguro es que no ves futuro y, lo que es peor, pierdes la confianza en el sistema.

-¿Volver a los escenarios era una necesidad?
-Lo era porque mi última función, “La guerra de los Rose”, fue hace  dos años y medio. “El ministro” es una comedia muy fresca, contemporánea, una sátira de la sociedad en la que vivimos.

-¿Qué prefiere: televisión o teatro? 
-Me gustan ambos medios; en los dos me siento muy bien.

-¿Qué diferencia hay entre ambos medios?
-De la tele me gusta la espontaneidad, la creatividad, en el sentido de que no hay un guión en los concursos que yo presento y todo depende de tu capacidad creativa. Eso no pasa ni en el teatro ni en el cine, donde todo tiene guión. En cuanto al público, la diferencia esencial es que el de la tele está pagado y el del teatro paga por verte.

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La entrevista

-¿Cómo sabe que lo que hace gusta?
-La carcajada es el mejor termómetro en la comedia. En el drama, la tensión y el silencio que se respira en el patio de butacas.

-¿Quiénes son más receptivos: los hombres o las mujeres?
-Las mujeres porque tienen más intuición, más formación cultural, y en general, son más inteligentes emocionalmente, y eso se nota mucho. 

-¿La fama ayuda a vender entradas?
-El público tiene claro lo que quiere ver y lo que no. Quieren que haya buenos actores y una obra con contenido.

-¿Qué es lo mejor y lo peor de la televisión?
-Lo malo de la tele es que te conviertes en un personaje mediático, que te obliga a estar en el escaparate, y eso es duro. Yo no tengo derecho a quejarme pero reconozco que estar tanto tiempo expuesto tiene sus peligros.

-¿Y de la fama?
-De pequeño asociaba la fama a los grandes literatos, a los grandes músicos, pero eso ha desaparecido y ha nacido otro concepto de fama que es el de aparecer en televisión. Esta fama no aporta nada y es efímera. 

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La entrevista

-¿Cómo controla usted el estrés?
-Bastante mal. Las últimas grabaciones de “Atrapa un millón” las compaginé con el rodaje de una película y la gira de “El ministro”, con lo cual me he resentido de la diabetes tipo 2 que padezco.

-¿No se plantea trabajar menos?
-Ahora que voy a estar en Madrid cuatro meses intentaré controlar un poco más las comidas, descansar y tomarme las cosas con más calma.

-Su madre quería que fuera funcionario.
-Sí, porque era un trabajo estable y duradero. Ahora está muy orgullosa de lo que hago pero antes pensaba que los actores eran unos aventureros sin oficio. 

-¿Por qué era una profesión tan denostada?
-Quizá porque nuestros padres habían vivido la guerra y la postguerra y lo que querían es que sus hijos fueran médicos o abogados y tuvieran asegurado su futuro. 

-¿Qué supone su familia para usted?
-Todo. Les debo cómo me han criado, me han educado y me han protegido. Por eso, cuando estreno una obra, siempre me acuerdo de mi padre.

-¿Por qué razón?
-Porque cuando empecé, él no era un hombre de teatro y nunca me vio sobre los escenarios. Cuando podía haberme visto, ya estaba enfermo y no pudo ser.

-¿Qué le enseñó que le gustaría que aprendiera su hija?
-A mi hija intento darle cariño y complicidad, algo fundamental para su desarrollo. Tenemos muy buena relación, aunque a veces nos enfadamos.

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La entrevista

-¿Hay mucha diferencia entre la educación que usted recibió y la que da a su hija?
-Es inevitable. Los jóvenes de ahora están mucho más informados de lo que lo estábamos en mi juventud. Cuando veo cómo maneja mi hija el móvil o la tableta me sorprendo. Ser padre hoy es muy difícil y complicado.

-¿Debería haber escuelas de padres?
-Sí; estoy seguro de que hay muchos padres a los que les gustaría preguntar cómo evitar que sus hijos accedan a una información que no debería estar a su alcance, cómo tratarlos en el día a día y cuando un hijo dice que no y los padres dicen que sí. 

-¿Son demasiado tolerantes?      
-Sí, porque hay conceptos que están erradicados de nuestra mente. Por ejemplo, ahora no concebimos dar un sopapo a nuestros hijos porque no entra en nuestras cabezas. Mi madre a mí me daba sopapos y mira que la quiero y he sido lo más importante de su vida, pero es que entonces no estaba mal visto. Si ahora cualquiera de nosotros lo hiciéramos nos sentiríamos como un delincuente. Por eso creo que una escuela para padres sería un gran invento.

-¿Tener una vida estable le ayuda en lo profesional?
-Te ayuda en todos los órdenes de la vida. Saber dónde está tu familia, tus amigos, dónde empieza y acaba tu trabajo, te permite disfrutar de todo.

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La entrevista

-¿Es un hombre feliz?
-Tengo dos fortunas en mi vida.

-¿Y son?
-Unos amigos formidables y una familia a la que adoro, que me adora y con la que puedo contar siempre.

-¿Eso es importante para usted?
-Sí, porque, como artista, de vez en cuando, me entristezco o me deprimo. Me deprimo por cosas que me entristecen, que me superan, y eso hace que necesite a mi lado a personas que me entiendan y comprendan.

-¿Dónde le gustaría acabar sus días?
-En el Machu Picchu porque es un lugar energético maravilloso y porque me encanta la cultura precolombina.

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Ficha y firma de Carlos Sobera

Nació: En Barakaldo, Vizcaya, el 11 de agosto de 1960.

Estudios: Licenciado en Derecho Civil por la Universidad de Deusto. Ejerció como profesor de Derecho de la publicidad en la Universidad del País Vasco y fundó el aula de teatro.

Inicios: En el grupo 'La espuela'. En 1994 fue guionista en Euskal Telebista del programa 'Boulevard', que presentaba Anne Igartiburu, y creador de los concursos 'Los jueves, mudanza' y 'Ciudadanos'.

Familia: Su pareja es Patricia Santamarina. Tienen una niña que se llama Natalia, de seis años.

Presenta: Los concursos 'Quiero ser millonario' y 'Atrapa un millón'.

Actualmente: Interpreta en el Teatro Cofidis de Madrid la obra 'El ministro'.

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La foto favorita de Carlos Sobera

"Estoy en 'The Commitments'. La música y los musicales son una de mis grandes pasiones. En realidad todo lo que sea estar sobre las tablas", nos cuenta el actor.

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