Adrián Di Monte, de ‘Senora Acero 3’: “Las escenas de amor me resultan aburridas”

La primera vez que apareció fue en ‘Aurora’ y solo se le vio la mano, descubrimos su rostro en ‘Mi corazón insiste’ y ahora es un ingeniero agrónomo muy pasional en esta narconovela.

 

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En las grabaciones de ‘Señora Acero 3’ a Adrián di Monte le conocían como “el tarzán cubano”. Al actor este apodo le hace gracia e incluso se identifica con el conocido personaje de ficción: “Desde luego de ciudad no soy. Me crié en el monte y rodeado de animales”. A sus 26 años, lleva cinco participando en telenovelas.

¿Qué querías ser de pequeño?
Jugador de béisbol o boxeador.

¿Nunca te planteaste ser actor?
No, aunque me apunté a unos quinientos castings para un anuncio de McDonald’s. Jamás me llamaron, pero conocí a un representante, Jesús Mosquera, que me preguntó si me había planteado ser actor.

¿Y te ofrecieron una novela?
Mi primera oportunidad me la dio Telemundo en Aurora. Yo era figurante, o bueno, diría que menos aún (risas).

¿Por qué dices eso?
El día que debutaba grabábamos españoles, cubanos, argentinos… y todos con un acento distinto. Yo me preparé muy buen mi frase para disimular: “Señor, aquí está su cerveza”. Llegó el día de la emisión del capítulo y ¡solo se vio un plano de mi mano!

¿Te decepcionaste?

Ahora lo recuerdo y me entra la risa pero en ese momento me puso los pies sobre la tierra. Me quedó claro que arrancaba de cero y que solo iba a poder subir con trabajo.

 

¿También cantas?

Sí, aunque triunfar en la música es muy complicado. Ahora estoy experimentando con ritmos urbanos y tropicales porque quiero poner a bailar a la gente.

En Señora Acero eres Abelardo, que tiene secuencias de cama muy comentadas. ¿Cómo las vives tú?

De una forma muy diferente a lo que se transmite en pantalla. A mí las escenas de amor me resultan aburridas. Estás rodeado de luces, con micrófonos y de repente se oye al apuntador: “¡Quita esa mano de ahí que le estás tapando la cara!”. Te aseguro que son el ‘antirromanticismo’.

¿Tan mal se pasa?

Sí, la única vez que me gustó fue cuando conocí a mi mujer, Sandra Itzel, en Rosario. Han pasado cuatro años. Ahí sí que me puse un poco nervioso (risas).

¿Qué te enamoró de ella?

Me atrajo su físico, pero cuando terminamos la novela yo seguía pensando en ella y me di cuenta de lo buena persona que es.

¿Cómo te declaraste?

Soy muy directo así que le dije: “Oye, ¡Vamos!”, y le di un beso. Andar con rodeos me parece una pérdida de tiempo.

¿Eres celoso?

Sí, para qué lo voy a negar. En Cuba siempre se dice que “ni la mujer ni el carro se prestan”. Yo lo cumplo y hasta trato de no ver las novelas de mi novia porque tienen imágenes que prefiero no retener en mi cabeza.

Ella es mexicana y tú, cubano. ¿Qué tal el cruce de culturas?

Bien, aunque hemos tenido que acostumbrarnos a nuestra forma de hablar. En México son más dulces que nosotros.

Tu cuerpo es único. Está marcado por tres tatuajes

El primero me lo hice cuando conocí a mi novia y nos escribimos el mismo versículo de la Biblia, en hebreo. Años después, me dibujé una orquídea en el brazo en recuerdo de mi abuelita que falleció cuando grababa ‘Voltea pa’ que te enamores’. El último está en la cadera y es una frase en árabe que lo motiva: “Vive luchando, vive amando”.

Lee la entrevista completa en la revista Telenovela.

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