‘Héroes, más allá del deber’: cinco vidas al límite

El documental, adaptación del israelí Life On Duty, sigue el día a día de cinco personas cuyas vidas privadas son casi más arriesgadas que las profesionales.

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Héroes, más allá del deber

Cada miércoles, en prime time, llega a Cuatro el documental Héroes, más allá del deber, producido por la cadena en colaboración con la productora Box Fish, adaptación española del factual israelí Life on duty.

El programa se centra en cinco protagonistas, cinco ciudadanos cuyo trabajo consiste en proteger, salvar y cuidar a los demás: un policía local, un bombero, un agente de la guardia civil, un médico de urgencias y un médico del 061. Cinco héroes anónimos, con un alto grado de responsabilidad en su trabajo, que arrastran sus propias situaciones personales, unas más complejas que otras, que ponen a prueba su resistencia y su entereza cuando las dificultades de su trabajo se mezclan con las de su vida privada. En Cuatro, un equipo de grabación les han acompañado 24 horas al día, los siete días a la semana, durante cuatro intensos meses, en sus turnos de trabajo, en sus guardias nocturnas y en sus salidas de emergencia, para contar cómo viven, cómo sienten y cómo reaccionan ante situaciones de riesgo extremo estos profesionales que saben que tienen en sus manos el bienestar, la salud o la seguridad de otras personas. El programa nos desvela quién cuida a los que nos cuidan, condensado en ocho capítulos que forman esta primera temporada.

CINCO SERES HUMANOS DE CARNE Y HUESO
Ante los ojos de los demás son trabajadores sanitarios o miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Debajo de su bata, su chaleco antibalas o su caso, son cuatro hombres y una mujer que sufren, pasan miedo, se emocionan y empatizan con quien se cruza en su día a día.

Héroes, más allá del deber acompaña a estas cinco personas hasta la intimidad de sus casas, abriendo las puertas de sus hogares a todos los espectadores. Todos arrastran un conflicto emocional al que hacer frente y que irá evolucionando en cada entrega hasta superarlo. Tras los muros de sus hogares, los espectadores descubrirán sueños rotos y sueños por cumplir, ilusiones y heridas por cicatrizar que les llevará a combatir el dolor ajeno y el propio con la fuerza y el valor de un héroe.
Un bombero con una hija con parálisis cerebral

David Cubillo. Bombero. Madrileño de 42 años, es jefe del grupo de bomberos del Ayuntamiento de Madrid y trabaja en el parque de Villa de Vallecas. Cada vez que suena la sirena y se monta a un camión, pone rumbo a un destino incierto donde aguarda humo, llamas o situaciones de emergencia. En el recuerdo de David y de muchos de sus compañeros flota todavía el fantasma del 11 M. Sus vivencias de aquella trágica jornada les marcaron para siempre. “Nuestro trabajo es cuidar de los demás. Ésa siempre ha sido mi vocación”, dice David. “La gente concibe a los bomberos como gente que les va a echar una mano. A poquito que hagamos, conseguimos tranquilizarles”. Está casado y tiene dos hijos. Al principio él y su mujer se mostraron reacios a explicar sus vivencias y las de su familia a la cámara, pero enseguida entendieron que son importantes para ayudar a la gente en su misma situación. Porque su hija Alba, la mayor, de 13 años, padece una parálisis cerebral y requiere atención permanente. “He querido que la gente vea los problemas que tenemos y las poquitas ayudas que recibimos las familias de niñas con el problema de mi hija y que los padres debemos hacernos cargo de todo”. El bombero, que ayuda en distintas asociaciones, explica que Alba va a un colegio especial en el Hospital madrileño de San Rafael y está encantado con la labor que desarrolla, pero arrastra consigo la frustración de no poder ofrecer a su hija mejores condiciones de vida y la sensación de no haber dedicado tiempo suficiente a su mujer y a su hijo pequeño, Carlos, de 12 años. Al respecto nos dice: “La responsabilidad de cuidar de Alba en un futuro va a ser de mi hijo Carlos y eso me genera ansiedad”.

Álvaro Chacón. Policía local. Su vida transcurre en la frontera que marca La línea de la Concepción, entre dos países y dos continentes. Forma parte del equipo de la Unidad de Respuesta Inmediata por combatir la impunidad instalada por las mafias en uno de los barrios más conflictivos de la localidad gaditana. Operaciones rutinarias como controles de tráfico o puntos de identificación suelen terminar en persecuciones y momentos de alto riesgo que caminan al filo de la navaja y pueden desembocar en graves incidentes. Su misión es evitarlo y poner a buen recaudo a quienes incumplen la ley. “La tensión que vivimos cada día es similar a la del cazador o el pescador que espera a su presa”, nos dice el policía refiriéndose a su trabajo. ¿Y por qué no mostrar mi trabajo y mi vida al público? se preguntó cuándo le llamaron de televisión. La verdadera lucha de Álvaro está en casa, junto a Gema, su mujer. Llevan más de una década intentando ser padres. Han pasado por todos los procesos para conseguirlo, desde la estimulación a la fecundación in vitro y la adopción. Afortunadamente, esa lucha por tener un hijo parece estar cada vez más cerca. Les queda recibir la idoneidad para ser padres adoptivos por parte de las administraciones; es la última fase de proceso y la más difícil. “Ahora mismo sólo tengo una ilusión en mi cabeza: ser padre”, nos dice.

Yohanna Alonso. Guardia Civil. A sus 33 años se ha curtido en las filas de la Guardia Civil y se permite tregua ni tiempo para respirar. “Desde que era niña he sentido que quería ayudar a los demás. Me sale de dentro y me hace feliz”, afirma. “Mi motivación para salir en este programa es poder tirar de mis chicas. Que ellas vean que una mujer es igual que un hombre, que puedes ser guardia civil y pelear y al tiempo ser femenina”. Yohanna no sólo se refiere a las otras mujeres que estudian para guardia civil-ella trabaja en seguridad ciudadana y da clases de defensa personal y de manejo de armas- sino a las mujeres a las que da clases fuera del horario laboral, de defensa personal femenina, especializada en violencia de género. “Ayudo a diferentes asociaciones, tanto a mujeres maltratadas como a personas enfermas de cáncer y hasta a animales maltratados también”. Tal vez, tanto arrojo es necesario para mitigar el episodio más amargo de la vida de esta Guardia Civil: la muerte de su madre, víctima de cáncer. Su recuerdo y su memoria la persiguen a diario. “La muerte de mi madre me hizo más dura. A veces pienso que después de ese trago ya no puede haber nada que me haga daño”, nos dice Yohanna.

Salvador Vacas. Médico 061. Lleva más de tres décadas salvando vidas desde la UVI móvil, así que este cordobés de 54 años es un auténtico experto ante situaciones intensas y sabe mimar las relaciones humanas que se establecen en esos momentos. Escoltado por su equipo de la ambulancia, Se ha enfrentado en su larga carrera a situaciones inverosímiles, ante las que todavía se sigue sorprendiendo. “En el momento que recibes la llamada para una urgencia, la adrenalina se te dispara”, nos dice. “Los segundos pasan muy lentos en esas circunstancias”, añade. Divorciado, tras un matrimonio forzado por interés familiar más que por verdadero amor, Salvador regresa cada día a una casa vacía donde solo encuentra consuelo a su soledad gracias a su profunda devoción cristiana. Los lazos familiares están rotos después de aquella separación. “Mi separación no fue una opción, fue inevitable. Ese momento fue el más amargo de mi vida porque mi padre, como buen gitano, me desterró”, dice con amargura el doctor. Desde entonces busca una nulidad eclesiástica que le libere de ese dolor. “Yo soy una persona discreta, muy tímida y cuando me propusieron hacer el programa sentí un primer momento de rechazo de tener que salir en televisión –asegura Salvador-, pero enseguida entendí que hay programas que dan una visión de los gitanos un tanto friky y que ésa no es toda la realidad. Existimos una multitud significativa de gitanos silenciosos e invisibles, que participamos en la sociedad en la que vivimos y que no somos marginales. Somos personas normales e integradas en la sociedad y que colaboramos en el bienestar de este país. Y no sólo ahora, sino desde hace muchos años; de hecho, toda mi familia es así”. Este doctor también quiere dejar constancia que él es una persona de fe, católico, apostólico y romano –aunque la mayoría de los gitanos pertenecen a la iglesia Evangelista- y por eso en el programa aparecen imágenes de una eucaristía a la que él asiste y la beatificación de una gitana en Almería.

Julio Armas. Médico de urgencia. Lleva más de diez años salvando vidas en el hospital Vinalopó de Elche como jefe de grupo del servicio de urgencias, justo desde que se exilió de Cuba. De sus decisiones, rapidez de reflejos y su capacidad de reacción ante situaciones límite dependen las vidas de otros. “Me parece muy positiva la experiencia de haber hecho este programa porque es importante que la gente sepa qué pasa cuando hay una parada cardíaca, cuando un paciente entra grave en el hospital, los momentos de tensión que vivimos y que no todo es perfecto. Lo que sale en las series de televisión está muy idealizado, pero las personas que tratamos a esos pacientes no estamos hechos de un material especial; también sufrimos y lloramos”, nos dice. “No somos el equipo de House, pero ojo, ahí estamos juntos, como una sola persona, para ayudar. Esa es nuestra misión. Al final hasta nos olvidábamos de que nos estaban grabando con una cámara”, afirma.
Cuando llega a casa, Julio tiene que enfrentarse a la soledad de tener a su familia a 6.000 kilómetros de distancia física y de una gran distancia emocional por culpa de su condición sexual. “En Navidad, cuando todo el mundo está con su familia es cuando más noto esa ausencia”, afirma, “pero para que la gente se sensibilice con nuestro trabajo, tenemos que mostrar también nuestra faceta humana”. Aceptarse, aprender a quererse y aprender a pedir perdón a quienes hizo daño cuando él era incapaz de amarse a sí mismo son tres enfermedades del alma de las que Julio no ha conseguido curarse. “Intentamos hacer una vida normal delante de todos –nos dice-, pero mostramos nuestra debilidad escondidos”.

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