‘First dates’: nos infiltramos en una cita

¿Cuánto duran los encuentros? ¿Quién paga realmente la cuenta? ¿Hay actores entre los participantes? Descubrimos todos los secretos del restaurante donde el amor es el único plato principal.

 

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“Procura escuchar más que hablar, sé galante y honesto, no mientas en nada y, lo más importante, relájate y ¡disfruta!”. Estos fueron los consejos del sabio maître Carlos Sobera minutos antes de vivir in situ mi cita ficticia en First Dates. Mi objetivo no era conquistar a mi compañera periodista, sino comprobar si aquí es todo real.

Mediaset y Warner me citan a las 10.00 en el restaurante plató ubicado en San Sebastián de los Reyes, Madrid. “Cada día grabamos nueve citas en tres tandas”, me explica la directora, Yolanda Martín, mientras me guía por las instalaciones, un edificio de cuatro alturas.

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El sótano es el lugar donde esperan los chicos antes de acudir a su encuentro y donde se sitúa el control de realización, un Gran Hermano que capta las imágenes recogidas por las 25 cámaras robotizadas. La primera planta es el restaurante; en la segunda está la redacción en la que trabajan 70 personas y en la última, es donde las chicas guardan su turno antes de ser recibidos por Sobera; también aquí está la salita donde se realizan las entrevistas tras la cita.

Para no levantar sospechas, me infiltro entre los candidatos, elegidos mediante un casting previo, que aguardan nerviosos la llamada del equipo. “Me he levantado a las cinco de la mañana para viajar desde Almería”, cuenta uno de ellos, mientras nos quitan los brillos de la cara.

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A continuación, un miembro de producción entrega a cada pretendiente un sobre con dinero con el que tendrán que pagar la cuenta: “Debéis entregar 15 euros y podéis jugar al quién invita a quién”, explica. “¿Y la llamada a un amigo o familia?”, pregunto. “Podéis levantaros cuando queráis”, me responde.

Resueltas mis dudas, llega el momento de entrar al restaurante. Son las 12.00 y, aunque la hora es más propicia para un tentempié, reconozco que los nervios me han generado hambre para degustar los platos de Rachid y Josep, los cocineros de First Dates. Con gusanillo en el estomágo me recibe Carlos Sobera, mimetizado por completo en su papel de celestino. “¿Has tenido suerte en el amor?, ¿cómo te gustan las mujeres?”, curiosea con sonrisa pícara al mismo tiempo que me lleva a la barra de Matías, quien me recomienda tomarme un mojito para matar la incómoda espera.

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Por fin, llega mi compañera que, tras saludarme, no puede evitar reírse. Tras encargar su cóctel, nos acomodamos a nuestra mesa. Mi impresión fue como si acudiera a un restaurante cualquiera, ya que las cámaras apenas intimidan.

 

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“¿Qué váis a tomar?”, quiere saber Lidia Torrent. De la suculenta carta, elegí tartar de salmón, riquísimo por cierto; solomillo de principal y fondant de chocolate de postre.

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Al rato, entran las tres parejas que se sientan en las mesas contiguas. “Las citas no tienen límite de tiempo, unas duran más que otras como en la vida real”, me había explicado antes Yolanda. Nuestra curiosidad periodística nos incita a poner la oreja en las conversaciones colindantes para jugar a adivinar si cuaja o no la cita y, presagiamos que dos de ellas van viento en popa por sus carcajadas nerviosas o por sus miradas cómplices. La otra, en cambio, parecen estar más distantes.

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Mientras, Sobera sigue en su papel de celestino. “Aquí está surgiendo el amor, ¿eh?–nos dice muy pillo– Os dejo la botella de vino para que fluya”. Terminada la comida, pasamos por el fotomatón para retratar nuestra visita.

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Ya fuera, a las 13.20, charlamos con los concursantes de una de las citas y, efectivamente, no ha funcionado, aunque sí coinciden en algo: “Carlos Sobera es muy gracioso”. “La esencia del programa es que el espectador se cuele en una cita a ciegas”, concluye Yolanda, que remarca que en la mitad de ellas triunfa el amor. En la mía no triunfó, pero First Dates me hizo recordar que tu media naranja puede llegar en el momento y en el lugar menos esperado.

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