Jordi Évole: “Con 15 euros puedes salvar una vida en el Mediterráneo”

Además, el periodista nos avanza los temas de la nueva temporada, esta vez más alejados de la política: “Hablaremos de eutanasia con un testimonio de una persona que ya no está entre nosotros, de abusos sexuales a niños, del movimiento antiglobalización…”

 

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El 12 de octubre se estrena en más de 130 salas de cine Astral, un reportaje de Salvados en el que Jordi Évole y su equipo se suben a bordo de un velero de lujo reconvertido en barco de rescate para la ONG Proactiva Open Arms. El objetivo de este salto a la pantalla grande es que el espectador del programa se moje y pague cinco euros de entrada, que irán destinados íntegramente a dicha ONG. El mismo domingo 16 podrá verse el especial en La Sexta, como inicio de la nueva temporada de Salvados.

Jordi, ¿ha sido esta tu experiencia más dura en el programa?
A nivel humano, sí. Normalmente lo que hacemos en Salvados es ir a los sitios cuando ya han pasado las cosas, y aquí hemos ido cuando estaban pasando. Te encuentras con una realidad muy cruda, pero tampoco tienes que pensar mucho en lo que estás sintiendo sino en cómo contarlo para que el espectador sea consciente de la magnitud de la tragedia. Es un Salvados muy diferente y nos hemos tirado a la piscina… A ver si hay agua.

¿Saben adónde vienen y qué se van a encontrar?
Hay de todo, pero en la mayoría de casos hay una desinformación absoluta. Por ejemplo, les enseñábamos un mapa de Europa, el Mediterráneo y África y les preguntábamos si sabían dónde estaban, y ellos señalaban directamente a Grecia e Italia. Cuando tú les dices que están solo a 20 millas de la costa de Libia, donde se produce el 90 por ciento de los rescates, flipaban. Solo habían hecho una quinta parte, como mucho, del trayecto. Y se quedaban asustados, no entendían nada, se frustraban porque todavía no estaban en Europa. No tienen ni idea de la dimensión que tiene el Mediterráneo, alguno se piensa que es un río y que se puede cruzar de costa a costa en poco tiempo. Por no hablar de la crueldad con que se comportan los traficantes. Con el combustible que les ponen es imposible llegar a Europa, llenan los depósitos lo justo para hacer 20 millas y que los rescate una fragata o el barco de una ONG. O les dicen “tira para esas luces, que eso ya es Europa”, y en realidad son plataformas petrolíferas.

¿Hay algo de esperanza dentro de ese drama?
Ellos tienen una mirada hacia el futuro muy optimista y muy limpia, que contrasta con la actitud de los gobiernos europeos con ellos. Eso va a ser un choque y un contraste fuerte para quien vea el progama.

¿Por qué elegisteis la ONG Proactiva Open Arms?
Andabámos tiempo pensando en la aventura de embarcarnos con una ONG, pero al tener que montar 3 o 4 personas del equipo, había dificultades. Proactiva nos lo puso fácil y encima coincidió con el primer rescate del Astral en alta mar. Y se suma la curiosidad de que es un barco cedido por Livio Lo Monaco, un empresario con mucho dinero que había triunfado en los noventa con aquellos anuncios de Cosntantino Romero y María Teresa Campos. El hecho de poder explicar todo esto era ya muy interesante.

¿Cuál es la principal queja de los voluntarios que trabajan en la zona?
Quejarse allí es algo superfluo. Pero en cuanto a los países de acogida y Europa en general, la queja es que con muy poco se puede hacer mucho. Poner en alta mar el Astral, convirtiendo un barco de lujo en uno de rescate, no es tan caro. Su coste ha sido de unos trescientos mil euros. Si hacemos la división entre todas las personas que han atendido, nos salía a 15 euros por persona… Con 15 euros puedes salvar una vida en el Mediterráneo. Y por muchas crisis que haya en la UE, ese gasto se lo podían permitir, como es obvio. Hay países mucho más pequeños que están acogiendo hasta 20 veces más refugiados que los miembros de la Unión, como Jordania, Líbano… El comportamiento que tenemos como Viejo Continente, con nuestras democracias asentadas, nos están poniendo en una situación de mediocridad importante.

¿Llegan tantos niños como vemos en los informativos?
En nuestras misiones no hemos visto demasiados, pero en otras operaciones del Astral sí que había bastantes. Es una lotería, una veces sí, otras no. No es matemático.

¿Con qué momento te quedas?
Cuando se lanzan desde la lancha al agua es un momento muy delicado. Pero el más emocionante y bonito fue cuando un socorrista le dio unos caramelos a un niño y la reacción del pequeño fue compartirlos con otro socorrista; lo hizo de manera natural, compartir la nada que tenía con él. Esta gente llega sin nada y les quitan hasta el equipaje para que pueda caber más gente en la barca; van descalzos, en calzoncillos, empapados, llegan con lo puesto… También destaco los propios testimonios de los rescatados. Creo que hemos conseguido que el público viva lo que nosotros hemos vivido, y que en lo que dura el documental se sienta dentro de esas barcas. Cuando ves a esas personas hablar, con tanta ilusión, y sabiendo lo que les espera… Pues es muy duro.

¿La travesía es dura? ¿Te mareaste?
La verdad es que no. Hicimos una prueba previa en un viaje entre Granada y Barcelona, y no me mareé, y en la travesía hasta la costa libia tampoco… David Cabrera, el realizador, sí se mareó, pero en cuanto empezó la acción, no sé si por la adrenalina, no volvió a recaer.

Hay miles de entradas ya prevendidas en los cines. ¿Esperas una buena acogida?
Es nuestra primera experiencia en un mundo, el del cine, que desconocemos por completo. Nos dijeron que iba a ser imposible que algo que se estrenaría en televisión pronto tuviera éxito antes emitiéndose en los cines… Pero la respuesta está siendo fantástica, con muchos cines llenos ya, mucha compra anticipada, muchas gente preguntando cómo verlo… Me parece alucinante esta pequeña movilización, y encima con un tema que a veces parece que nos pilla tan lejos. Cuando decidimos hacer el estreno en cines era para contrarrestar esa frase de “Salvados está muy bien, pero luego no sirve para nada”. Así invitamos al espectador a que se active, que mueva el culo y decida ir al cine para que esos 5 euros de la entrada sirvan para ayudar a más refugiados.

¿Después de reportajes así cuesta volver a la ‘rutina’ de la política nacional?
Como equipo sí nos hemos cansado un poco de la política del país. Un cara a cara como los del año pasado igual no tendría la misma acogida ahora… En esta nueva temporada no tenemos previsto hablar de política, aunque lo impregne todo.

¿De qué hablaréis en las próximas entregas?
En el segundo programa nos centraremos en la eutanasia, con el testimonio de una persona que ya no está entre nosotros. Para el tercero hemos viajado al Congo para hablar de la situación de las mujeres, que se convierten en arma de guerra, que son violadas, y con niños de la guerra que han practicado esas barbaridades, muchas veces para conquistar territorios donde hay minas de coltán, que luego sirven para que las empresas de telefonía fabriquen móviles cada vez más pequeños. Significa ponernos ante el espejo de en qué hemos convertido el mundo.

¿Puedes avanzar algún tema más?
Hemos hecho una entrevista a James Rhodes [en la foto], un compositor británico que sufrió abusos sexuales de su profesor de gimnasia cuando era niño, y su testimonio servirá para que muchos que han pasado por ese infierno se identifiquen. Esa historia la narraremos en paralelo con la de una chica que fue violada por su entrenador de gimnasia. Y también hemos viajado a EE.UU. para hablar con la periodista y escritora Naomi Klein, que es una referente dentro del movimiento antiglobalización y anticapitalista, para que nos dé sus recetas de cómo podemos aprovechar, por ejemplo, el cambio climático para cambiar nuestra sociedad.

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