Desde que se falló el Premio Nadal 2026, una declaración ha circulado entre editoriales, periodistas culturales y lectoras fieles a la narrativa española contemporánea. "Me ha gustado una barbaridad". La ha escrito Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), uno de los autores más respetados de nuestra literatura reciente. La dedicó a la última novela de David Uclés (Úbeda, 1990). La cita aparece recogida por su editorial y ha sido repetida en medios culturales tras la concesión del premio. Barcelona vuelve a ocupar un lugar protagonista en la ficción y esta enunciación ha servido de base para muchas lectoras que buscan una historia interesante, adictiva, bien escrita y con identidad.

El contexto importa (y mucho). El Premio Nadal, uno de los galardones literarios más veteranos y reconocidos en España, lleva décadas señalando novelas que después encuentran un público amplio y diverso. La información sobre el fallo del jurado, las primeras reacciones y las valoraciones de figuras como Àngels Barceló (Barcelona, 1963) o Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) procede de la comunicación oficial de la editorial y de entrevistas concedidas en radio y prensa cultural. En el mismo marco se delimita la recepción de la obra de Uclés, un autor importante desde hace tiempo, desde 'La península de las casas vacías', y que ahora consolida su proyección con una historia ambientada en una Barcelona marcada por un suceso extraordinario.

Destino 'La ciudad de las luces muertas', de David Uclés

'La ciudad de las luces muertas', de David Uclés

Features at a Glance

EditorialDestino
Número de páginas288
Año de edición2026

El libro del que todo el mundo habla es 'La ciudad de las luces muertas', de David Uclés (Úbeda, 1990), publicado en tapa dura en la colección Áncora & Delfín tras alzarse con el Premio Nadal 2026. Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha contado que la novela le había gustado "una barbaridad" y ha destacado la procesión de personajes que desfilan por sus páginas. La editorial recoge también las palabras de Àngels Barceló (Barcelona, 1963), quien ha señalado que reconocía los rincones de la ciudad y que la lectura es una guía emocional por Barcelona. Estas declaraciones, sumadas a otras de voces como Gioconda Belli (Managua, 1948) o Xavi Ayén (Barcelona, 1969), han contribuido a dibujar un mapa de expectativas altas alrededor del libro.

Durante un día entero, Barcelona queda sumida en la oscuridad, tanto la solar como la artificial. Solo persiste una claridad tenue cuyo origen nadie logra explicar. Ambientada en la posguerra, Uclés despliega un juego narrativo en el que distintas Barcelonas, de diferentes épocas, convergen en un mismo espacio. Edificios que ya habían desaparecido reaparecen, construcciones del futuro asoman en el presente y personajes históricos se cruzan con figuras de otros tiempos. La información sobre esta estructura narrativa procede de la sinopsis oficial facilitada por la editorial, aunque la lectura revela una intención más amplia de exploración sobre la memoria colectiva de una ciudad que se construye a partir de capas superpuestas de historia, arte y vida cotidiana.

Como lectoras, asistimos al regreso de escritores y artistas que marcaron la cultura del siglo XX. Pablo Picasso (Málaga, 1881) se cruza con Simone Weil (París, 1909); Julio Cortázar (Bruselas, 1914) retrata a Carmen Laforet (Barcelona, 1921); Antoni Gaudí (Reus, 1852) interactúa con transeúntes anónimos; Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953) se adelanta a su destino. La presencia de George Orwell (Motihari, 1903) protegiendo a figuras como Montserrat Caballé (Barcelona, 1933), Núria Espert (Hospitalet de Llobregat, 1935) o Jordi Savall (Igualada, 1941) nos regala una dimensión cultural de literatura, música y escena. Aparte del efecto llamativo de estos encuentros, Uclés escribe sobre el del arte como soporte de una comunidad tambaleante.

Nos ha llamado la atención la declaración de Cristina Cerezales Laforet (Madrid, 1951), hija de Carmen Laforet (Barcelona, 1921). Ha opinado que la lectura fue una experiencia intensa y que compartió el viaje con su madre desde la memoria: "Ha sido toda una experiencia la lectura, me he metido a fondo en una Barcelona surrealista. He disfrutado el viaje compartiendo la aventura con mi madre, Carmen Laforet".

Por otro lado, el estilo de David Uclés merece una mención aparte. En esta novela despliega una imaginación y sentido del humor desde una una mirada crítica hacia la historia de Barcelona. El término "realismo uclesiano", utilizado por Àngels Barceló (Barcelona, 1963), apunta a una manera personal de narrar elementos fantásticos con referencias a calles, plazas y episodios conocidos. La superposición de tiempos y la convivencia de personajes de distintas épocas exige una arquitectura narrativa fuerte. Uclés articula la historia a través de escenas relacionadas con el arte, la política y la vida cotidiana. La idea de que la palabra, la pintura, la música y la escena actúan como conciencia profunda de la sociedad que recorre toda la novela y deja una sensación de amplitud y calma. Barcelona aparece compleja, contradictoria y con matices. Hay un deseo de rendir homenaje a la ciudad y un juego con el multiverso, mencionado por Pepa Fernández (Cervera, 1963) en RNE, que abre la puerta a una reflexión sobre lo que fue y lo que podría haber sido la ciudad en distintos momentos históricos.

A estas alturas del año, con las primeras principales novedades literarias ya en las mesas de novedades, 'La ciudad de las luces muertas' llama la atención por su ambición, su juego con la memoria cultural y su integración de figuras históricas. El eco mediático, respaldado por declaraciones importantes y por la trayectoria previa de su autor, sitúa esta novela como una de las propuestas más comentadas de lo que llevamos de 2026. El pronunciamiento de Eduardo Mendoza adquiere pleno sentido y resume la experiencia de lectura con una opinión directa, clara y rotunda: le ha gustado una barbaridad. A nosotras también.