Alain Hernández, así pasó de los jamones a ser actor

Después de “Mar de plástico” y “El accidente”, esta primavera le veremos de nuevo en un papel de villano, esta vez en la serie “La Catedral del Mar”. Mientras tanto, el actor catalán sopesa nuevos proyectos.

Alain Hernández
César Núñez

Siete películas y cuatro series de televisión en los últimos tres años. No está mal para alguien que dejó la empresa familiar de jamones, en la que tenía un futuro garantizado, para dedicarse a la interpretación cuando ya estaba a punto de entrar en la treintena. Y de todo esto hace poco más de una década. Ahora, a la espera del estreno de la serie “La Catedral del Mar” (Antena 3), en la que vuelve a meterse en la piel de un villano, estudia nuevos proyectos. A esta sesión de fotos viene acompañado de su ex pareja, la fotógrafa Marina Castells, con la que mantiene una envidiable relación.

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Empezaste tarde en la interpretación, ¿por qué?

El gusanillo me vino de repente. De hecho, sigo pensando que no es algo vocacional y si lo es, lo mío es vocación tardía. Cuando estudiaba bachillerato ni tan siquiera hice teatro(risas).

Trabajabas en la empresa familiar de jamones. ¿Qué hizo que cambiaras de aires?

Me sentía atrapado en la empresa y a los 28 años decidí hacer un curso de teatro como hobby y me enganchó. Aunque hasta los 32 no decidí dedicarme profesionalmente. Ya tenía la vida solucionada, era el hijo del jefe y quería demostrarme a mí y a mis padres cúales eran mis verdaderos límites.

Tu personaje en “La Catedral del Mar”, de nuevo, un villano.

Sí, es Llorenç Ballera, que abre la trama. Como he hecho tantos villanos y canallas, no me lo pensé dos veces.

¿Cómo llevas lo de hacer tan a menudo de “malo”?

Antes me sentía más encasillado. Mi perfil de rapado ha sido el culpable (risas). Lo que he intentado es dar a esos personajes un punto tierno e infantil. ¡Y funciona!

En tres años, siete películas. ¿Suerte o constancia?

Me siento muy privilegiado, porque no es fácil, sobre todo pensando que algunos papeles son de protagonista. Es la confirmación de que algo estoy haciendo bien. A mí nunca me han regalado nada.

Hace poco veías las pelis de Luis Tosar. Ahora las protagonizas con él. ¿Qué supone?

Lloré cuando supe que rodaría junto a él. Es como si me dicen que voy a jugar al fútbol con Messi o tocar la guitarra con Mark Knopfler.

¿Con qué director te gustaría trabajar?

Con Alejandro Amenábar.

¿Cómo gestionas la fama?

Vivo muy intensamente todos los rodajes y eso me hace sufrir y disfrutar a partes iguales. Cada vez que acabo uno tengo un bajón. Hace tres años tuve episodios de ansiedad porque estaba con cuatro proyectos a la vez. Un día, tras casi 200 funciones de la obra “El Rey Tuerto”, en la primera escena me quedé literalmente en blanco. Jamás me había pasado y ese día me di cuenta de que tenía que parar. Mi cabeza me pidió frenar y lo hice. Ahí te das cuenta de que eres vulnerable.

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Tu perro, Trastu, es un pilar en tu vida. Cuéntanos...

Es un beagle que está conmigo desde hace 8 años y se ha convertido en mi mejor amigo. Tenemos una conexión más allá de amo-perro. Es cómo nos miramos, cómo entiende las cosas, cómo me las hace saber. Trastu me da mucha calma.

¿Marina y tú sois pareja?

Lo hemos sido y ahora somos amigos. Queda algo, pero, básicamente, una relación con mucho cariño.

Texto: David Ruiz. Fotos: Cèsar Núñez. Ayudante de foto: Marc Llibre. Estilista: Ángel Cabezuelo. Maquillaje y peluquería: Emma Tutsaus para “Y”. Agradecimientos: Obra Social La Caixa y BCN Fira District.
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