Cristina Soria habla de su libro y su experiencia en 'Sálvame'

Casada con uno de los directores del magazine vespertino de Telecinco, se ha hecho popular por su trabajo en este programa y en su versión 'Deluxe'. Pero ella es mucho más: tiene su despacho de coaching, da clases, publica su quinto libro… Y suma y sigue.

Cristina Soria
Guillermo Jiménez

Nos citamos con ella muy cerca de su casa, en El Retiro, el parque madrileño donde el 3 de junio, de 12 a 14 h, firmará ejemplares de “No son las dietas, son los hábitos”, en la caseta 226 de Espasa, en la Feria del Libro. Allí nos habló de su faceta de escritora y de su trabajo de coach, con el que la hemos conocido en “Sálvame” y el “Deluxe”, en Telecinco.

Ya vas por tu quinto libro.

Nunca imaginé algo así, y encima un manual de autoayuda.

Pero eres periodista.

Sí. De pequeña soñaba con escribir y hace poco mi madre me recordó que de niña quería escribir de una amiga de mi abuela con una vida muy trágica.

Así que, el próximo podría ser de ficción.

No lo descarto, pero escribir una novela me parece tan complicado, requiere un tiempo que yo no tengo… Al fin y al cabo, ahora escribo sobre situaciones con las que trabajo a diario como coach y he aprendido a vivir el momento. En eso estamos.

¿Por qué hablas ahora de alimentación?

Todos nos pasamos la vida cuidándonos, pero la mayoría no damos con la fórmula para equilibrar la alimentación con nuestras rutinas diarias. Y muchas veces comemos de manera errónea porque no sabemos gestionar nuestras emociones. Es cuestión de inteligencia emocional.

¿A ti te preocupa?

Como a todos. Yo puedo hablar del tema no como especialista, porque no lo soy, pero voy teniendo conocimientos. Es más, voy a una nutricionista que me ha enseñado a comer.

¿Tu relación con la comida?

Durante años pasé de ella. Comía lo que me daba la gana, estaba en 48 kilos, y encantada de la vida; hasta los veintitantos conseguí estar así. Pero al hacerme mayor (tiene 43 años) y ser madre (tiene dos hijos, Gonzalo y Jimena, de 13 y 9 años respectivamente), el cuerpo me cambió y empezó la lucha.

¿Cocinas?

Sí. Llevo desde los 18 años fuera de casa, cuando dejé Zaragoza y me fui a Madrid a estudiar Periodismo, y no me ha quedado más remedio. En casa nos gusta comer mucho, imagina con dos niños a los que alimentar… Y encima tengo un padre que es muy buen cocinero, que está en un nivel muy “top”. Suelo organizar el menú semanal, y hay platos que adapto a los niños y a mi marido (Alberto Díaz, uno de los directores de “Sálvame”), porque yo no como tanta pasta y tanto arroz.

¿Tu plato estrella?

Hago muchos guisos, cocina muy tradicional; vamos, la de las abuelas. Y, de momento, los míos no protestan. Mi hijo ya come en casa y está mejor físicamente que cuando lo hacía en el colegio. Que nadie se dé por aludido, por favor, pero es que la comida de casa es más sana.

¿Qué tal comen los de “Sálvame”?

Mejor de lo que a algunos les pueda parecer. Siguen dietas equilibradas, y así lo demostraron cuando hicimos una prueba en el programa.

¿Te llevas mejor con alguno?

No tengo problema con ninguno, y mira que hay veces que les he dicho cosas que no querían escuchar. Supongo que alguna cara me han puesto, pero no tengo queja. Y conmigo se han portado siempre bien, han dado cobertura a mis libros, los han subido a sus redes… Tengo buena relación con todos. Pasamos tantas horas juntos…

¿Qué tal es trabajar con tu marido?

Normal, en la tele no estamos en “modo pareja”.

¿Comentáis el programa antes y después de cada emisión?

Nada, en casa no hablamos de “Sálvame”. Ahí cada uno es libre e independiente.

Fue él quien te animó a pasar de periodista a coach.

Sí, pensó que el coaching podía ayudarme, y yo siempre digo que me da buenos consejos.

¿Y por qué el coaching? ¿Te ve especialmente empática?

A lo mejor, es posible. Tal vez pensó que yo sabía escuchar. La verdad es que no lo sé, nunca le he preguntado. Es verdad que soy una persona que está a la duras y a la maduras, y cuando ha pasado algo malo en mi grupo de amigas, espero haber estado siempre ahí.

En tu caso fue un proceso duro (dejó la comunicación y el marketing en una multinacional para cuidar a su hija, que nació con problemas de salud, ya superados).

Sí, fue fruto de algo personal, un momento de catarsis. Yo creía que estaba ya todo programado, pero a veces la vida te sorprende y cuando menos te lo esperas, da un vuelco. Yo conseguí cambiar la perspectiva de las cosas y estoy súper orgullosa de ello. Y llevo ya siete años de coach, con mis clientes, dando clases y en televisión.

¿Aplicas el coaching en casa?

Lo que uno puede y le dejan. Y tratando con los hijos, cuesta.

¿Cómo desconectas?

Aprendes. No me machaco como antes, que era muy perfeccionista, y procuro no llevarme las historias a casa.

¿Concilias?

Más que conciliar, sobrevivo gracias, en parte, a llevar una agenda personal y otra laboral. Siempre tienes que tirar de ayuda, eso está claro, y hay que ir dejando que los niños sean más independientes y responsables. Y en casa colaboramos todos.

¿Que harás este verano?

Me voy a hacer el Camino de Santiago. Es un proyecto con la agencia Pangea, que organiza viajes de autor. La idea es hacer cuatro días de ruta con 10 o 15 personas.

Textos: Belén Alonso. Fotos: Guillermo Jiménez. Ayudante de foto:

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