Javier Tudela y Marina Romero pasarán por el altar. Nueve años de relación y dos hijos después, el hijo de Makoke ha anunciado su intención de casarse con su novia, y madre de sus hijos. Una decisión que han tomado después de atravesar unos de los momentos más difíciles de su vida: el cáncer de Marina.
Así lo ha anunciado el propio Javier en la boda de su madre, Makoke, con Gonzalo, donde ha realizado una conexión en directo en 'De Viernes'. Allí, la propia Makoke ha confesado que ha aprovechado el momento para darle el ramo de novia a Marina con la intención de que ya vivan la boda que, a su juicio, les toca. Lo que ella no sabía en ese momento, o al menos cuando hizo las declaraciones, es que la pareja ya lo tenía en mente.
"Después de darme dos nietos, porque las personas son plenas después de tener nietos y todo lo que ha pasado, se lo merece. A mi hijo le he hecho una faena pero después de tanto tiempo, se tienen que casar y vivir esto", confesaba Makoke a la reportera. Sin embargo, para Javier no era ninguna faena. "Estábamos ya pensando en boda, estamos bastante interesados en poder hacerlo pero lo quiero hacer a mi manera. Habrá boda porque tenemos dos hijos y me quiero casar", sentenciaba.
De esta forma, confirmaba que su proyecto de vida con Marina dará un paso más y que, aunque todavía no conoce cuándo ni cómo, sí que sabe que se dará el 'sí quiero' con la madre de sus hijos, a quien ha apoyado durante este último año.
El duro año de Marina Romero
La influencer y novia del hijo de Makoke revelaba en 2025 que padece cáncer lo que generó todo un terremoto en la vida de la pareja y su familia. Tanto que Makoke decidió posponer su boda puesto que "no hay nada que celebrar en este momento". La propia colaboradora se rompía en directo al hablar de la situación.
Afrontar esta enfermedad y todo el tratamiento ha sido duro para la familia, pero también fue una prueba de fuego con la que se unieron aún más. Y así lo demostró Javier Tudela con su mensaje por su noveno aniversario, y ahora con su decisión de casarse.
"Hay cosas que hacemos sin pensar, por inercia, como leer un libro bajo la sombra en una tarde tranquila, preparar tortitas una mañana cualquiera, escuchar la risa de tus hijos mientras juegan, o simplemente tumbarte a mirar las nubes pasar. Pequeños gestos, tan normales que casi nunca los valoramos y ahí entiendes que lo simple nunca fue pequeño, lo esencial no estaba en lo extraordinario, sino en esos momentos sencillos que siempre estuvieron ahí, esperando a ser apreciados", escribía.














