Kiko Rivera confiesa que fue adicto a las drogas

El hijo de Isabel Pantoja se abre en cuerpo y alma al enfrentarse a su 'curva de la vida' en 'GH Dúo'. Aparte de hablar sobre su adicción al hachís, la marihuana y la cocaína, Kiko Rivera habló sobre la muerte de su padre y sobre cómo afrontó la entrada en la cárcel de su madre.

Kiko Rivera habla de su adicción a las drogas, la muerte de su padre y la entrada en la cárcel de su madre
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Kiko Rivera ha sido el encargado de inaugurar la sala de ‘la curva de la vida’ en ‘GH Dúo’. El mediático hijo de Isabel Pantoja se ha abierto en cuerpo y alma para exponer un sinfín de intimidades que nunca antes se había atrevido a decir públicamente. Lo primero que hizo fue hablar sobre su infancia, en la que todavía no era consciente de la repercusión mediática que tenía su madre. “La niñez la viví maravillosamente bien. Nunca me faltó de nada. Si mi madre estaba trabajando yo me quedaba en casa con la persona que me cuidaba”, recordó. Sin embargo, durante la juventud comenzó a sufrir lo que supone ser miembro de dos de las familias más famosas de nuestro país.

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“Empecé a darme cuenta de que no era un niño normal. Yo iba con mis compañeros al colegio y a ellos no les seguían las cámaras ni les hacían fotografías”, explicó. “Sabía que algo pasaba, pero no lo llegaba a entender bien… A lo mejor mi madre me llevaba a cenar al McDonald’s o donde fuese y nos seguían un montón de fotógrafos. Eso no lo llevaba muy bien”. Pese a todo, asegura que nunca le ha recriminado nada a su progenitora, a la que califica de “protectora”, ya que ha sido un niño afortunado al que no le ha faltado de nada.

Ahí fue, entre mi niñez y mi juventud, cuando me enteré de la ausencia de mi papá. Fue muy duro para mí. Yo veía que a mis compañeros les recogían sus padres en el cole”, continuó diciendo. “Recuerdo que mi madre, quizás para no hacer daño a un niño, nunca me contó la verdad sobre cómo murió. Me enteré por televisión. Fue el día que murió mi padre, el 26 de septiembre. Recuerdo que mi madre ese día no dejaba nunca que viésemos la tele, pero como soy un polvorilla, encendí la de mi cuarto y lo vi. Me dio un patatús, era muy pequeño. Sabía que era torero, pero no sabía cómo había muerto”.

En lo más bajo de la curva, Kiko Rivera situó la entrada en prisión de su madre, algo de lo que le cuesta mucho hablar. Tanto es así, que escribió “lo que le pasó a mi madre”. “Es, sin duda alguna, el momento más triste de mi vida. Ni siquiera me gusta nombrarlo. Gracias a mi mujer lo pasé de la mejor manera posible”, le dijo a Jorge Javier. “Ahora ya lo he superado. Bueno, casi superado, pero me cuesta”.

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En ese momento, el presentador quiso saber si se acordaba de la primera noche que su madre durmió en la cárcel. Kiko Rivera contó que sí, ya que la tonadillera no tuvo valor de despedirse: “Mi madre es muy especial, no le gusta hacer sufrir a sus hijos. Yo sabía que iba a pasar, pero no sabía cuándo… Recuerdo que mi mujer y yo fuimos a Cantora para estar con ella. Sabiendo la gravedad del asunto, cenamos con la mayor armonía posible, intentando estar lo más felices posible”. Tras despedirse e irse a dormir, a la mañana siguiente se enteró de que su madre ya no estaba. “Me hubiese gustado que me hubiera dicho que mañana era el día, así me hubiese quedado con ella más tiempo”, se lamentó el joven. “Quizás no me di cuenta en aquella cena que lo que estaba haciendo era despedirse… Fue una bomba para mí. Lo he pasado muy mal”.

Otro de los peores días que vivió estando su madre en prisión fue el de la primera visita. “Lo peor es cuando te tienes que ir. Cuando llegas vas con la alegría de poder abrazar a tu ser querido, pero el irte es lo más malo del mundo”, explicó apesadumbrado. “Íbamos y era mi madre la que nos daba ánimos a nosotros. Jamás lloré delante de ella, pero cuando salía de ahí era un alma en pena”.

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Sobre si ha hablado con su madre sobre su vida penitenciaria, Kiko confiesa que no: “No, no puedo todavía. Quitando a mis hijos, la persona a la que más quiero es mi madre… Me cuesta, sé que algún día lo hablaremos. Ella ha contado cosas, pero de yo ir a preguntarle, no. Es un tema que intento tenerlo apartado por mi bienestar y el de ella”. Por su parte, Irene Rosales confirmó sus palabras: “Él estaba muy mal. Luego me pasaba tres o cuatro días para levantarle el ánimo”.

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Pese a todo lo dicho, en esta noche de confesiones, llegó el plato fuerte cuando contó un oscuro y desconocido capítulo de su vida: su adicción a las drogas. “Te voy a ser sincero, no lo he dicho nunca. En determinado momento de mi vida tuve adicción a las drogas. Lo pasé muy mal”, verbalizó en lo que parecía ser una liberación. Señalando los bajones de su curva, el cantante contó que las drogas fueron su válvula de escape para olvidarse de sus problemas. “Gracias a mi mujer, mi madre y mis amigos de verdad he conseguido salir”, continuó diciendo. “Lo cuento porque gracias a Dios lo he superado. A base de médicos, de psicólogos, de lucha…”.

En ese momento, Jorge Javier intervino para apuntar que le parecía que había desvelado ese secreto tan íntimo como prueba de amor hacia su esposa. “No queríamos contarlo, pero ella ha sido tan importante para mí en ese aspecto… Gracias a ella he aprendido a disfrutar de la vida. Ella fue la que se puso firme y me enderezó”, explicó agradecido. Según sus palabras, lleva un año y medio completamente limpio, siguiendo un tratamiento y haciéndose sus rutinarias pruebas de control. “Me costó lo más grande, pero a unos niveles grandísimos… Mi familia puede comprobar que sigo cumpliendo con lo que tengo que hacer”.

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Tras indicar que le gustaría que su confesión pudiera ayudar a alguien que vea que su problema no tiene solución, ya que “se puede conseguir si estás dispuesto a hacerlo”, Kiko contó que lo más duro fue cuando se lo dijo a su familia, especialmente a su madre, a la que tanto quiere. “He estado enganchado a la cocaína, al hachís y la marihuana”, enumeró, señalando que el consumo de estas dos últimas drogas era diario. “Eso influía que en el trabajo no daba todo lo que tenía que dar”.

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Y es que, dando razón a los rumores que venían circulando, Kiko Rivera ha reconocido que el bajón anímico que protagonizó y que le hizo cancelar su agenda profesional fue motivado, aparte de por la drástica pérdida de peso, por su desintoxicación de las drogas: “Cuando decidí que iba a cambiar lo pasé fatal. Tenía temblores, sudores fríos, mal humor… Para mí ir a trabajar era síntoma de que iba a recaer”.

La que consiguió que Kiko cambiara el chip fue Irene, quien cansada de la situación y al ver que no podía hacerle entrar en razón, llamó a Isabel Pantoja para contarle que su hijo tenía que hablar con ella. “Es algo que intentamos solucionar los dos, pero vi que no podía sola… Era la única opción que me quedaba”, señaló la andaluza. Antes de terminar, el presentador le preguntó qué creía que estaría pensando su madre en esos momentos: “Seguramente se sienta orgullosa. Gracias a ella y mi mujer soy una persona nueva y feliz. Se lo agradeceré eternamente a ellas dos. Me han hecho ver la vida de otra manera”.

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