Fabiola Martínez: "Cuando Kike nació, ya era una cuestión de vida o muerte, más de muerte que de vida"

La mujer de Bertín Osborne, centrada en la fundación que lleva el nombre de su marido y que se dedica a orientar y ayudar a padres de niños con lesiones cerebrales, se sincera y habla de la familia que ha formado con el cantante y sus hijos, Kike y Carlos.

¿Cómo no admirar a unos padres que dedican todo su esfuerzo, amor y cariño en sacar a su hijo adelante? ¿Cómo no reconocerles la labor que hacen en favor de quienes no tienen medios económicos pero comparten los mismos problemas? ¿Cómo no acudir a la llamada de Bertín Osborne y de Fabiola Martínez, su mujer, el día que presentan ante la prensa a su hijo Kike, con el fin de dar visibilidad a una enfermedad, parálisis cerebral, de la que poco se habla?

Confieso mi respeto por estos padres que asumieron desde el minuto uno que no podían tirar la toalla, después de que los médicos les dijeran que las posibilidades de vida de Kike, su primer hijo, eran prácticamente nulas. Una larga y dolorosa lucha, que no ha terminado, pero de la que van recogiendo sus frutos día a día.

Fabiola Martínez se sincera en una entrevista con Rosa Villacastín
Ana Ruiz HEARST

Fabiola, ¿cómo vivieron ese momento con Kike?
Fue muy emotivo, también los previos porque no sabíamos cómo iba a reaccionar, ya que era la primera vez que iba a estar ante los fotógrafos. Todo salió muy bien porque se sentía protagonista, el centro de atención de todos. No tengo más que palabras de agradecimiento para los medios.

¿Cómo surgió la idea de celebrar un acto en el que estuvieron Felipe González, Pablo Casado y Adolfo Suárez junior?
Queríamos explicar el trabajo que hacemos en nuestra Fundación, ya que mucha gente piensa que sólo hacemos terapia para niños. Y no es eso. Atendemos a los padres, les ayudamos explicándoles nuevos métodos, atendiéndoles a nivel psicológico, o aportándoles asesoramiento jurídico, incluso en algunos casos intentando ayudarles económicamente, porque no siempre tienen medios para comprar sillas adaptables, ortopedia, etc.

Viendo el cambio que ha experimentado su hijo, sensibilizar a la opinión pública no debe ser difícil.
Ojalá, porque visibiliza el problema y hace que muchos empaticen con la situación. El mensaje positivo que hemos querido transmitir es que 'sí se puede', porque un niño o una persona con parálisis cerebral no es alguien por quien no se pueda hacer más.

Lo dice por experiencia propia.
Y porque te puedo asegurar que es mucho lo que se puede hacer, pero claro, hacen falta recursos, medios, asesoramiento...

¿De dónde sacan ustedes esos recursos?
De organizar eventos privados que nos permiten recaudar fondos para hacer frente a todas esas necesidades, aunque también recibimos partidas de otras fundaciones más grandes como la ONCE, Mapfre o la del cáncer.

La gente, los empresarios, ¿son receptivos?
Nosotros llamamos a todas las puertas posibles, porque hay muchas personas solidarias, pero también es cierto que ser la Fundación Bertín Osborne tiene sus pros y sus contras, ya que los hay que piensan que tenemos muchos medios, cuando lo cierto es que Bertín y yo no llegamos a todo. Por eso pedimos ayuda.

¿Cuáles son los problemas más urgentes?
Poder dar tratamientos que algunos padres no pueden pagar. Un ejemplo: si mil personas pusieran un euro cada una, no sabes la de cosas que podríamos hacer. No todo es costoso, depende de lo compleja que sea la situación de quien padece parálisis cerebral.

Fue muy emotivo ver a Kike escuchando atentamente a su padre.
Me sorprendió porque nunca le habíamos visto en ese contexto y se manejó muy bien. Kike es muy vergonzoso y, cuando alguien le dice algo, se tapa la cara, pero ese día estuvo genial y cuando le hablaban escuchaba atentamente. Bertín también se emocionó mucho.

Usted estaba como un flan.
Yo me sé manejar mejor, pero ver a Bertín cuando se emociona… se pone como un niño chico. Cuando volvimos a casa y le preguntamos a Kike si le había gustado el acto, decía: “Sí, sí”. Le dijimos que nos sentíamos muy orgullosos de él.

Fabiola Martínez se sincera en una entrevista con Rosa Villacastín
Ana Ruiz HEARST

¿Carlos no tiene celos de su hermano?
A veces hace cosas que nos damos cuenta de que las hace para llamar la atención, para decir "Yo también estoy aquí y necesito que me miméis". Nosotros intentamos mantener el equilibrio entre lo que Carlos necesita y lo que hace para llamar la atención.

¿Es buen estudiante?
Más que buen estudiante, es muy listo, aprende y asimila todo muy rápido, pero precisamente porque es listo, no estudia, aunque aprueba todo.

¿A Carlos le sigue interesando la música?
Yo estoy un poco frustrada porque fui una niña a la que le hubiera gustado tener más posibilidades de las que tuve para hacer más cosas. Por esa razón, a veces que pienso que si mis padres me hubiesen potenciado ciertas habilidades, quizá hoy tendría otras herramientas, pero mis padres no tenían medios, y me da rabia que Carlos no perciba eso.

Él ha crecido en un ambiente muy diferente.
Hace poco estaba pensando en llevarle de voluntario a comedores sociales, para que vea que el mundo no es sólo el que él vive. Habrá gente que piense que soy muy dura, no es así, quiero demostrarle cómo es el mundo, ya que cuando crezca va a tener que tomar decisiones difíciles y es mejor que esté preparado.

Al acto acudieron otras madres.
Dos de ellas tuvieron experiencias bastante duras porque antes tenían hijos sin problemas. En eso soy una afortunada porque mi primer hijo fue Kike y yo no tenía una referencia de cómo ser madre. Aprendí a ser mamá desde el momento en que vino al mundo, ellas no.

No les gusta que les llamen súper mamás.
Porque lo que hemos hecho es coger el toro por los cuernos y tomar decisiones a veces complejas. Encontrar el momento para dar el paso adelante es importante, y no es igual para todos. Nosotros en la Fundación abrimos una línea telefónica por un caso en concreto.

¿Qué ocurrió?
Era una mamá que no aceptaba el problema, que se encontraba sola y no podía hacerle frente. Rezaba para que cuando llegara a casa su hijo no estuviera. Era una pesadilla: yo, como madre, intentaba animarla, pero no era suficiente. Llegó un momento en el que la situación era muy crítica y necesitó ayuda psicológica. Es cuando nos dimos cuenta de que en esos casos necesitan a un profesional.

¿Qué papel juega la religión en la manera de encarar estas situación?
Cuando no crees acabas creyendo, porque llega un momento en el que sientes que estás en manos de no se sabe quién. Cuando te dicen "de esta noche no pasa su hijo", si no eres creyente rezas a quien sea. También conocemos personas que no quieren bajo ningún concepto que su ser querido sufra, y eso es muy respetable. Y aunque yo soy muy pro vida entiendo y respeto a quien no quiere que su hijo pase por situaciones tan dolorosas.

¿A qué se aferraba usted?
A todo, sólo pedía que Kike saliera adelante.

Fabiola Martínez se sincera en una entrevista con Rosa Villacastín
Ana Ruiz HEARST

¿Es cierto que estando embarazada se contagió de listeriosis?
En el protocolo del embarazo ya te hacen pruebas para ver si tienes toxoplasmosis, que es lo que está en las carnes, por eso cuando estás embarazada no puedes tomar determinados alimentos. Yo, como no podía tomar carne ni jamón, comía mucho queso. La bacteria suele estar en los productos no pasteurizados, porque lo que se consigue con la pasteurización es eliminar la bacteria, dado que les someten a altas temperaturas. Pero hay quesos que no pasan por ese proceso.

¿En qué momento supo que tenía listeriosis?
Nunca lo supe. Justo coincidió que nos vinimos a vivir a Madrid pero mi médico estaba en Sevilla, yo le contaba los síntomas, pero no les dio importancia y esperamos a una revisión rutinaria, cuando ya el feto estaba más afectado, porque la listeriosis había pasado a la placenta. En la consulta tuve contracciones y el médico, en vez de mandarme a controlar, me recetó una pastilla para parar las contracciones.

Madre mía.
Cuando Kike nació ya era una cuestión de vida o muerte, más de muerte que de vida porque ya estaba muy afectado, tenía una septicemia tremenda. El cerebro fue lo último que se contagió, gracias a Dios porque podía haber sido peor.

Ahora que sabemos más, ¿cree que las autoridades han tardado en tomar medidas para retirar estos productos?
Sí, porque los médicos poco pueden hacer hasta que no les llega el caso, pero hay que evitarlo con las revisiones periódicas obligatorias a estas empresas, algo que no hacen. Si nadie vigila lo que hace el comerciante, ocurren estos dramas.

¿Está siguiendo este asunto?
Imagínate, esta empresa no va a levantar cabeza en la vida, a este empresario se le va a caer el pelo. Lo último que he escuchado es que hay grabaciones de estos señores jactándose de lo que había pasado. No sólo que no han evitado que pasara, sino que, sabiéndolo, no han hecho nada.

Gente sin escrúpulos.
Claro, pero el Estado debe tener mecanismos para que estas cosas no ocurran.

¿Su relación con Bertín se ha fortalecido con todo lo que han pasado?
Si yo admiraba a Bertín, ahora más porque ha sabido ser un compañero y padre excelente.

¿No es tan machista como dicen?
Lo que sí te puedo decir es que yo no soy sumisa ni lo he sido nunca. Para que un machista despliegue su poder tiene que tener al lado una mujer sumisa que acepta ese tipo de relación. La pregunta que me hago es: ¿si a Bertín le ven así, cómo me verán a mí?

Es indudable que le gusta provocar y crear polémica.
Incluso te voy a decir algo: no pensar lo que dice le ha creado problemas laborales.

Fabiola Martínez se sincera en una entrevista con Rosa Villacastín
Ana Ruiz HEARST

Ahora es usted quien preside la Fundación.
Asumir esta responsabilidad me genera un cierto estrés, pero lo disfruto tanto... Me gusta ponerme retos, ver cuánto dinero necesitamos para pagar el proyecto que tengamos entre manos. Cuando lo sé me reúno con mis colaboradoras para ver dónde podemos conseguir el dinero. Mi labor es la gerencia y todo pasa por mí.

¿Han pensado en trabajar en otras comunidades?
Ya lo hacemos. Como Bertín viaja tanto, decidimos convertirnos en una Fundación itinerante, ya que no es lo mismo mover un equipo de tres o cuatro personas, a que las familias se trasladen donde vivimos nosotros. Ya tenemos personal en Valencia, Barcelona, Málaga, Coruña, Bilbao, y pronto en Canarias. La central está en Madrid y Sevilla.

Trabaja con mujeres.
Porque funcionan y trabajan muy bien.

¿Las hijas de Bertín colaboran?
Nos ayudan puntualmente porque ellas colaboran con la Asociación contra el Cáncer, por el problema que tuvo su madre. Lo bonito es que somos una gran familia.

Bertín tiene nietos de la edad de Kike.
Cuando nos reunimos todos en verano, Kike es uno más, son muy cariñosos con él, sobre todo los de Eugenia, que son a los que más vemos porque viven en Madrid.

Sus padres se vinieron de Venezuela para ayudarle, ¿cómo siguen?
Es lo que me permite hacer tantas cosas. Mi madre, desde que Kike nació, se quedó conmigo, mi padre iba y venía, hasta que hace seis años se quedó también, aunque de vez en cuando va a Venezuela porque tengo allí a mis dos abuelas.

¿Qué añora de su país?
Tengo añoranza de no poder enseñar a mis hijos dónde pasé mi infancia, dónde están mis raíces. Aunque hiciera una escapada, el país ya no es el en el que yo crecí, pero me siento muy orgullosa de cómo somos los venezolanos.

¿Ve luz al final del túnel?
Lo que ha pasado el último año nos ha impactado, porque como personajes públicos hemos dado la cara por personas que pensábamos que eran las indicadas para sacar el país adelante; no ha sido así, y eso es muy frustrante y decepcionante.

Su foto favorita

Fabiola Martínez posa con su marido, Bertín Osborne, y su hijo Kike
Cedida

"Esta foto me gusta porque me dice que es un comienzo diferente. Un punto de partida de una etapa nueva".

¿Quién es ella?

Fabiola Martínez se sincera en una entrevista con Rosa Villacastín
Ana Ruiz HEARST

Nació en Maracaibo, Venezuela, el 28 de diciembre de 1972.

Estudios. Siendo estudiante de Medicina, participó en el certamen de 'Miss Venezuela' en 1993, representando al Estado Zulia, lo que le sirvió de plataforma para triunfar como modelo y para hacer publicidad.

Trayectoria. Un año después aterrizó en España, donde se quedó a vivir convirtiéndose en un rostro conocido por su trabajo en publicidad. En un casting conoce a Bertín Osborne, con el que se casa cinco años después, y con el que tiene dos hijos, Kike, que nació con parálisis cerebral, y Carlos. Después de muchos tratamientos, Fabiola y Bertín deciden crear la Fundación que lleva el nombre del cantante, dedicada a ayudar y orientar a padres de niños con lesión cerebral, y de la que es presidenta la propia Fabiola. Además, lleva la coordinación de la empresa de alimentación que tiene su marido, con el que colabora también en su programa de entrevistas.

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