Joan Manuel Serrat está en una nueva etapa. El cantautor español dejó los escenarios a sus 82 años para disfrutar de una rutina más tranquila, sin los horarios y compromisos que marcaron buena parte de su carrera. Disfrutar de los hábitos cotidianos del día a día como pasear, aficionarse a algún hobbie o cocinar. El músico explicó en su momento que el retiro de los escenarios le permitió recuperar tiempo para actividades que antes quedaban relegadas. Leer, escribir, caminar y encontrarse con amigos forman parte de sus días.
Uno de los momentos que más disfruta es el comienzo del día es cuando toma su desayuno. Serrat contó que desayuna únicamente un café solo, negro y preparado a su gusto. Suele acompañar esa taza con la lectura del diario en papel, un hábito que mantiene y que le permite comenzar la mañana con tranquilidad.
A Serrat le gusta cuidarse y se declara fanático de la cocina mediterránea y sostiene una filosofía que definió como una “moderación placentera”. Para él, disfrutar también forma parte de la relación con la comida. Dentro de sus preferencias de platos, el cantante tiene perdición por uno muy sencillo, pero de lo más rico: los huevos fritos con papas. Serrat contó que esa preparación fue su cena durante unos 20 años y que todavía se considera un experto a la hora de preparar huevos fritos. También mencionó su gusto por los bocadillos de mejillones en escabeche.
En su intervención en el Ateneu de Maó, en Menorca, Serrat habló también de sus raíces obreras y de la figura de su padre, un hombre al que definió como alguien atravesado por algunos de los golpes más duros del siglo XX. Serrat quiso subrayar la confianza que su padre depositó en él cuando decidió abandonar los estudios universitarios de Biología para dedicarse a la música. "Él tenía una doble ignorancia sobre lo que yo iba a hacer, pero me tuvo una enorme confianza", explicó el artista, que vinculó esa actitud con los valores que aprendió en casa.














