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Frank Blanco: "En el tema catalán han sido todos unos irresponsables"

Es difícil no dejarse atrapar por la simpatía y naturalidad de Frank Blanco, compañero de profesión, que a los 15 años ya presentaba un programa para niños en la emisora de su pueblo, Mollet del Vallés. Desde entonces, su trayectoria está repleta de éxitos.

Su camino ha sido largo, tanto en radio como en televisión, aunque su gran éxito es no haberse dejado embaucar por los halagos, por el ego, que tantos estragos hace entre los famosos.

Frank llega a nuestra cita, en el hotel Dome de Madrid, con un libro nuevo: "Sobrevivir a los cuarenta", en el que aborda con humor e ironía el tema de la edad, el deporte, la familia, el trabajo, la salud y, cómo no, el sexo, el amor y los hijos.

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Confieso que su libro me ha hecho llorar.

¿En serio?

Me ha hecho llorar de risa.

Menos mal, porque ése era el objetivo.

¿Cómo es posible que a los 40 se cuestione tantas cosas?

Porque desde pequeño me como mucho el coco. Y de hecho la idea de escribir este libro surge porque poco antes de cumplirlos empieza a obsesionarme un pensamiento.

¿Negativo o positivo?

Negativo, me voy a morir.

¿Así sin más?

Sí, sí, sin que ocurriera nada especial, pero como todo tiene su explicación, es muy posible que se deba a que a los 40 pienso que estoy más cerca de la llegada que de la casilla de salida. Y eso me lleva a reflexionar sobre temas que planteo en el libro.

¿No habrá tenido que ver el hecho de ser padre?

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No lo había pensado, no lo he analizado, es posible que sí, porque desde que soy padre me siento más responsable del futuro de Martín y de Mateo, mis dos hijos, cuando antes de tenerlos sólo me ocupaba del mío.

Un proceso natural, ¿no le parece?

Con ese pensamiento recurrente de que me voy a morir, me apenaba pensar qué sería de mis hijos si yo muero, y si me muero, que me moriré, que sea cuando mis hijos estén encarrilados. Aunque después de leer mucho, esto que me ocurre le pasa a mucha otra gente, pero no a mi edad.

Sorprende tratándose de un hombre joven.

Lo dices porque da la impresión de que a las mujeres es a quienes más les preocupa el tema de la edad, quizá porque vamos muy descoordinados. El momento vital de un hombre a los 40 nada tiene que ver con el de la mujer a esa edad.

¿Que diferencia hay?

La mujer a los 40 está en lo mejor de la vida, mientras que el hombre, según los expertos, entre los 45 y 50, tiene razones para preocuparse.

¿Le preocupa el sexo?

También, aunque he preguntado a una sexóloga, Silvia Sanz, y me ha asegurado que la vida sexual en la mal llamada crisis de los cuarenta, no es peor, sino que puede ser incluso mejor.

¿Haciendo qué?

Hay que hacer cambios, no podemos pasarnos la vida haciendo lo mismo... Hay que ser más creativo y probar cosas diferentes. A los cuarenta sigue mandando la cabeza, porque la cabeza es la que se excita, la que envía señales de mambo, y el aparato responde sin problemas.

¿Alguna otra recomendación?

Hacerlo muchas veces, todas las veces que puedas, porque como bien dice el padre de un amigo: cuando llegas a una edad, el polvo que no eches ya no lo echarás.

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¿Cómo es el amor a los 40, igual, mejor o peor que antes?

A los cuarenta ya sabes lo que quieres, sabes lo que no estás dispuesto a hacer por amor y, si lo haces, es porque estás seguro de que es lo que quieres. Ya te conoces para no dar pasos en falso.

Tiene una buena carrocería.

Soy un acordeón, voy ganando y perdiendo peso dependiendo del momento de la vida. Cuando empecé "Zapeando", pesaba diez kilos más. Y antes de eso había estado en muy buena forma física que intento recuperar.

¿Tanto le afectan los cambios?

Antes de "Zapeando" pasé un momento raro porque salí de la SER de una manera que no se lo deseo a nadie, fue muy duro, decidí comer lo que me diera la gana. Superado ese mal momento, trato de estar lo mejor posible.

¿Le parece justo que a los hombres se les exija físicamente lo que a la mujer?

Son cuestiones culturales que van cambiando. Ahora jugamos cada vez más en igualdad de condiciones, para lo bueno y para lo malo. Es verdad que se veía como algo normal que la mujer saliera guapa en televisión y al hombre se le exigía menos. Ahora ya no.

Lo dice muy convencido.

Porque a mí nadie me obliga a perder peso o a cortarme el pelo, lo hago porque quiero ofrecer mi mejor versión.

¿Cómo se sintió cuando dio las campanadas con Cristina Pedroche?

Tuve que asumir que estaba ahí, junto a Cristina, aunque todas las miradas se dirigieran a ella. Todo el mundo recuerda el traje que llevaba, y nadie el que llevaba yo.

¿A quién se le ocurrió la idea?

A Cristina, fue ella la que ideó que esa noche tenía que dar espectáculo. Una idea muy brillante.

¿Por qué le ofrecen tantos programas "bombones"?

Es lo que me dice todo el mundo, lo que se nota es lo bien que lo pasamos en "Zapeando", así como el que presento en Europa FM. Yo creo que eso forma parte del éxito que hemos conseguido.

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¿El buen rollito es sincero?

Totalmente, aunque lo normal en televisión es que no tengan esa buena energía que tenemos nosotros. Aquí ha surgido, dentro y fuera del plató. Desde el primer día fomento esa amistad.

Le felicito.

Hay que asumir que somos diferentes, que esto es un trabajo, y que hay días que Ana Simón me mataría, y otros que yo la mataría a ella.

No es fácil que un programa blanco tenga éxito.

Nosotros intentamos no ofender, que la gente esté a gusto con lo que hacemos, porque el terreno del humor es delicado. Ponemos tantos vídeos que dan para hacer chistes de personajes, de situaciones, pero qué necesidad tenemos.

¿Hay algún tema tabú en "Zapeando"?

No, aunque nunca abordamos cuestiones sobre terrorismo o el fallecimiento de famosos, salvo en el caso de Chiquito de la Calzada, que al ser humorista, lo abordamos con todo respeto.

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Chenoa ha escrito el prólogo de su libro.

Se lo pedí porque es amiga, y en todos mis libros busco gente cercana, y ella ya tiene mi edad.

¿De quién ha heredado el humor?

No tengo ni idea, mi madre es muy graciosa, de hecho todos se la llevarían a su casa.

¿Qué papel ha desempeñado en su vida?

A mi madre la admiro profundamente, pero no tenemos esa relación de abrazarnos o besarnos todo el día, no sé si por la vida que ha llevado o por la educación que recibió. Cuando nos tuvo no se llevaba expresar las emociones.

Algo hemos aprendido ¿no le parece?

Puede ser. Mi madre nació en el 36, le tocó la guerra civil, la postguerra, sacar adelante a una familia, a este país, y yo, como toda mi generación, estamos en deuda con nuestros padres y con quienes vivieron esa época muy difícil, pese a la cual lograron salir adelante, y educarnos bien. Y, por si todo eso fuera poco, hicieron posible que pudiéramos vivir en democracia.

Su padre murió joven.

Hace 20 años, pero tuve la enorme suerte de que mi abuelo me contase muchas historias, también la de mis padres, que se conocieron en Ciudad Real, donde llegaron ambas familias huyendo de las bombas de la guerra. Se instalaron en un pueblo donde, como había minas de mercurio, pensaron que se trataba de un lugar seguro... Yo he crecido escuchando esas historias y las tengo presentes para no olvidar de dónde venimos.

¿Echa de menos a su padre ahora que usted lo es?

Muchísimo, su muerte no la tengo superada, es más, si abordamos este tema acabo llorando. Sira, mi mujer, me dice: tú no has pasado el luto, y es cierto. Yo le tenía mucha admiración, porque era un tipo estupendo. Me pareció injusto que muriera tan joven.

Qué injusta es la vida.

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Lo peor es lo que sufrió. Aparte de perder a mi padre, me dio rabia que no pudiera disfrutar de su jubilación, sus hijos, sus nietos. Quizá la ausencia temprana de mi padre, tenga que ver con mi obsesión con la muerte.

En la radio empezó de niño, ¿qué le atrajo de las ondas?

La curiosidad, soy muy cotilla. A los 13 años los reyes me regalaron una radio, y fue cuando oí en la emisora de mi pueblo un programa de niños. Molaba que sólo hablaran ellos, de manera que convencí a Jordi, un amigo, para que me acompañara y fuimos.

¿Qué pasó después?

Que me hicieron hablar un día, y otro, hasta que hice un programa.

Todo le vino rodado.

Lo que no quiere decir que me lo hayan regalado, no. Yo empecé casualmente, después hubo un momento, cuando tenía 16, que me di cuenta que eso era lo que quería hacer. Y empiezo a pelear, porque hay cosas que vienen rodadas pero otras hay que buscarlas.

¿Lo más difícil al llegar a Madrid?

Dar el paso de venir, mi padre había fallecido, y yo me lo pensé mucho, porque al venirme a Madrid tuve que dejar sola a mi madre.

¿Presentar es una lotería?

Todavía no me lo creo, ha sido muy emocionante. Cuando me llamaron de "Caiga quien caiga" pensé que era para hacer de reportero, pero cuando me dijeron que pensaban en mí para presentarlo, alucinaba.

¿Cómo aprende a gestionar la fama?

He tenido suerte con la gente que me ha rodeado, y si han visto que en algún momento me estaba volviendo gilipollas, me han encarrilado, quizá porque yo no olvido que vengo de una familia humilde.

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¿Qué es lo prioritario para usted?

Seguir cerca de los míos, y que los tuyos te reconozcan. Los amigos de siempre siguen estando ahí y con los nuevos, tengo cuidado.

¿Es desconfiado?

Soy bastante tímido y ya estoy en un punto de la vida en el que notas quién no te quiere.

¿Cómo le ha marcado nacer en Cataluña?

Yo me siento muy catalán. No por no ser independentista eres menos catalán, no, porque en Cataluña es donde me siento cómodo porque es mi casa... Y hablo catalán donde tenga que hacerlo, en Madrid menos, lógicamente.

¿Cómo vive la actual situación?

¡Paso por tantos estados de ánimo! Le ocurre a mucha gente, independientemente de lo que pueda pensar. Estoy enfadado con todos porque me parece que en general todos han sido unos irresponsables. ¿Sabes cuando ves una película mala pero te quedas hasta el final porque has pagado la entrada y quieres ver qué ocurre? Yo estoy en eso, la película es muy mala y le sobran tres cuartos de hora.

A nivel afectivo, ¿ha perdido amigos?

No, porque tengo mis amigos de infancia, mi familia, hermanos, sobrinos, y aunque cada uno tenemos una manera de pensar, tratamos de debatir de una manera sana, aun pensando de diferente manera nos respetamos. Me cuentan que tampoco hay tantas familias rotas, alguna habrá, pero la mayoría no.

Desayunar con sus hijos es prioritario.

Lo hago para disfrutar de ellos y, si puedo, voy a buscarles al colegio dos o tres días en semana. El resto del día no les veo hasta el fin de semana que es sagrado para mi familia.

¿Ellos le dan estabilidad emocional?

Sin duda, hace unos días fuimos al Circo Mágico de Madrid, en el que hay un payaso, que es el mejor que he visto en mi vida. A Martín, mi hijo mayor, nunca le había visto reír tanto. Le miraba y pensaba no quiero que esta imagen se me olvide. El premio es su felicidad.

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Su mujer dejó el trabajo para estar con sus hijos. ¿Usted hubiera hecho lo mismo?

Sí, y entiendo a quienes lo hacen. En nuestro caso la decisión fue consensuada. La otra opción era que a nuestros hijos les cuidara otra persona, pero decidimos que Sira echaría el freno para quedarse a cuidar a los niños.

¿Qué les transmiten?

Valores, y espero que un día se den cuenta de que tienen mejor vida en cuanto a calidad, de la que tuvimos nosotros. También les inculcamos que cuando ya han utilizado sus juguetes, los donen a alguna ONG. Tienen que entender que hay que respetar a la gente.

¿El secreto de una buena relación?

Si yo lo supiera... En mi caso se basa en respeto y confianza. Yo no soy nada celoso, y aunque me haya sentido celoso en algún momento, siempre he confiado en mi pareja.

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¿Quién es Frank Blanco?

Nació el 13 de abril de 1975, en Barcelona. Creció en Mollet del Vallés. Es el pequeño de tres hermanos. Su padre era de Córdoba y su madre, de Badajoz.

Inicios: Con 13 años debutó en la emisora de su pueblo, Radio Mollet, en un espacio para niños. En esos estudios empezó su formación.

Trayectoria: Ha realizado labores de presentación y dirección en distintos espacios de radio, como "Anda ya!" (Los 40 Principales), "Atrévete" (Cadenal Dial), "Las Mañanas Kiss" (Kiss FM) y "Vamos tarde" (Europa FM), donde continúa.

En televisión ha colaborado en "Crónicas Marcianas" y ha presentado "Caiga quien Caiga", "Gran Hermano: El debate", o "Zapeando", en La Sexta, donde sigue.

Dio las famosas Campanadas 2017 con Cristina Pedroche en La Sexta. Y en 2016 con Irene Junquera.

Libros: Es autor de "Cómo ser padre primerizo y no morir en el intento", "Padre con un par" y "Sobrevivir a los cuarenta", prologado por Chenoa y editado por Planeta.

Familia: Está casado con la locutora Sira Fernández. La pareja tiene dos hijos, Martín y Mateo.

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La foto favorita de Frank Blanco

"Tenía 3 años cuando me hicieron esta foto. Iba con mis hermanos, que echaron a correr como si fueran a dejarme solo, y yo iba llorando tras ellos".

Entrevista realizada en el Hotel Dome. Carretera de Fuencarral a Alcobendas, km 8, Madrid. Telf.: 91 186 49 89.

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