María Marte: "El día que me dijeron que mi padre había muerto, me nombraron chef"

La chef, Premio Nacional de Gastronomía, charla en esta entrevista con Rosa Villacastín.

La chef, Premio Nacional de Gastronomía, charla en esta entrevista con Rosa Villacastín.

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''Siempre he tenido que luchar porque vengo de una familia muy humilde''

Si alguien le contase la verdadera historia de María Marte, pensaría que es fruto de la imaginación de algún escritor, pero no. En éste, como en otros muchos casos, lo más sorprendente es que aquella joven dominicana que llegó a España en busca de un futuro mejor para sus hijos, que para lograrlo tuvo que trabajar quince horas diarias limpiando casas y locales, es la misma que hoy se pasea entre las mesas del selecto Club Allard de Madrid, con dos estrellas Michelín. En un tiempo récord, es ya una de las chefs más prestigiosas de nuestro país. 

-¿Qué siente cuando echa la vista atrás y ve lo que ha conseguido?
-Lo primero que me viene a la mente es: ¡Qué bonito que la gente se haya fijado en lo que hago y en cómo lo hago! Porque para mí es una gran satisfacción saber que mis sueños se han cumplido. Por eso tengo un gran compromiso con este país, porque me ha dado la oportunidad de demostrar todo lo que sé y lo que valgo.

-Después de una vida de lucha y de incertidumbre, ¿no es verdad?
-Siempre he tenido que luchar porque yo vengo de una familia dominicana muy humilde, en la que todos hemos tenido que ganarnos la vida desde muy niños para comer.

-¿Es eso lo que le inculca ahora a sus hijos?
-Lo primero que les enseño para que les quede claro, como me quedó a mí, es que lo que se consigue fácil se pierde rápido, por eso es tan importante que lo que tengas sea fruto de tu trabajo.

-¿Alguno quiere seguir sus pasos?
-Tengo mellizos, niño y niña, y el niño ya me dijo que quiere que le matricule en una escuela de cocina para saber si es eso lo que desea estudiar.

-¿Ellos saben lo que ha tenido que trabajar hasta llegar dónde está?
-Claro, yo les he contado todas las penalidades que he tenido que pasar, aunque muchas cosas las han leído en la prensa. Ellos son mis fans más fieles, los que me mantienen con los pies en la tierra al igual que mi familia, mis hermanos y mis amigos de Santo Domingo, ya que mis padres murieron antes de poder ver lo que había conseguido.

 

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''Mi madre fue la que me enseñó toda la delicadeza que puede tener una mujer en la cocina''

-¿Fueron los que le inculcaron el amor por la cocina?
-Sí, mi padre fue cocinero, y yo recordaré siempre sus salados, y los pasteles de mi madre. Ella fue la que me enseñó toda la delicadeza que puede tener una mujer en la cocina. Por eso me acuerdo de mi mamá cuando alguien me dice que la confitura que yo hago es una obra de arte.

-¿Cómo reaccionaron cuando les dijo que se venía a España?
-Mi madre se asombró muchísimo porque soy la pequeña de siete hermanos, pero ella sabía que tenía una razón muy grande para emprender ese viaje, mi hijo mayor vivía aquí desde hacía un año con su padre porque los dos decidimos que era lo mejor para el niño, como así fue. A los ocho años ya hablaba inglés. Nunca he sido una madre egoísta, siempre he querido lo mejor para mis hijos aunque supusiera un sacrificio para mí.

-Para recuperar al mayor dejó a los mellizos en su tierra.
-Así de difícil y complicada es la vida, pero es lo que me tocaba hacer. Ahora el mayor vive en EE.UU. y también le gusta la cocina. Voy a ir a verlo y a intentar traérmelo a Madrid, pero lo importante es que nunca me ha dado problemas y es un chico muy inteligente.

 

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''Tener dos estrellas Michelín me compromete a ser cada día más responsable''

-¿Qué fue lo más difícil a su llegada a España?
-Todo porque yo no conocía a nadie más que al padre de mi hijo y a mi hijo. Y lo que más me llamó la atención es el aire de superación que se respiraba en todas partes. Hoy, trece años después, todo me parece un sueño.

-¿De quién ha heredado ese afán de lucha y superación?
-De mi mamá, ella fue una luchadora, que trabajaba de sol a sol porque se quedó sola con siete hijos. Se separó de mi padre y tuvo que trabajar mucho para sacarnos adelante. Mi padre también fue un gran trabajador. Él es el que siempre me decía que para comer hay que trabajar.

-¿Le gustaría tener su propio restaurante?
-Una nunca deja de soñar pero de momento no pienso en eso, sólo en cumplir mi compromiso con Madrid, con España y con el Club Allard. Mi obsesión es que esto siga adelante, y por eso voy a seguir sacrificándome.

-¿A qué le obliga tener dos estrellas Michelín?
-Más que obligar, me compromete a ser cada día más responsable, a crear cada día cosas nuevas, a trabajar de sol a sol, pero es la vida que yo he elegido, esperando que mis hijos entiendan que todo lo que hago es por ellos. Yo tengo un compromiso con los dueños del restaurante pero también con los inspectores de la Guía Michelín, a los que no pienso defraudar.

 

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''No es fácil en este trabajo conciliar la vida familiar con la laboral''

-No debe ser fácil estar a la altura que le exige ser la ganadora del Premio Nacional de Gastronomía.
-No lo es. Por eso hay que buscar productos nuevos, formarte cada día, estudiar mucho...

-¿Por qué hay pocas mujeres cocineras?
-Eso es algo que siempre me ha llamado la atención, pero lo entiendo porque no es fácil en este trabajo conciliar la vida familiar con la laboral. Imagínate que un chef no puede enfermar, tiene que estar aquí por respeto a los clientes.

-¿Sueña con cocinar su plato ideal?
-Un día lo soñé y lo hice realidad. Estaba en mi querido Santo Domingo y, paseando, me encontré con un camino lleno de flores, era algo espectacular, nunca había visto algo así, se trataba de la flor de hibiscus. Me quedó tan grabado que, cuando llegué a Madrid, lo hice y hoy es uno de los platos estrella de la casa.

-¿Le ha traído suerte?
-Tanta que pensé que tenía que tatuármelo para recordar ese momento.

 

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''El día que mi padre había muerto, me nombraron chef del Club Allard''

-¿Qué clientes son más exigentes, los hombres o las mujeres?
-Hay de todo, pero creo que las mujeres se fijan más en la presentación, en el mimo que pones en los detalles.

-¿En qué personas se apoya para conseguir la fuerza que tiene?
-En mi marido. Él siempre ha confiado en mí y, cuando me veía dudar, me decía: “Adelante, tú puedes”. Sin él me habrían pasado estas cosas pero quizá no habría tenido el coraje de cogerlas.

-¿Alguna asignatura pendiente?
-Me gustaría estudiar psicología, aunque me he dado cuenta de que en la cocina se aprende a conocer a la gente. Y dirigir una ONG para ayudar a niños o mujeres maltratadas, devolver a la vida lo mucho que me ha dado.

-¿La última vez que lloró?
-Hace unos días recordando a mis padres, que murieron en 2010, uno detrás del otro. Y el día que me dijeron que mi padre había muerto, me nombraron chef del Club Allard; después de una tristeza viene una alegría, así es la vida.

 

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La firma de María Marte

Nació: En Jarabacoa, República Dominicana, en 1976. Su vocación por la cocina comenzó en su infancia, jugando a las cocinitas con sus amigas.

Familia: Tiene tres hijos, el mayor vive en Estados Unidos con su padre, y los mellizos en Madrid con ella y su actual marido.

Inicios: Gracias a la ayuda de su madre, decidió venirse a España para estar con su hijo mayor. Fue limpiadora y peluquera, aunque su pasión era la cocina.

Éxito: La contratan en el selecto Club Allard, con dos
estrellas Michelín, coincidiendo con la consolidación
del chef Diego Guerrero, quien la fichó para ocupar la plaza
de limpiaplatos que había quedado libre. Tres meses después, viendo su vocación por la gastronomía, se convierte
en la mano derecha de Diego, hasta que él se marcha y pasa a ocupar su puesto.

Premios: En 2015 es distinguida con el Premio Nacional de Gastronomía.

 

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