Stephen Hawking, una de las mentes más privilegiadas y famosas del mundo de la ciencia, ha fallecido en su casa de Cambridge a los 76 años. El astrofísico británico dedicó toda su vida al estudio del universo, el cosmo, y las estrellas. Pero, sobre todo, fue un símbolo de esperanza y superación para todos los pacientes de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), una terrible enfermedad degenerativa. Hawking, que nació en Oxford el 8 de enero de 1942, tenía poco más de 20 años cuando se la diagnosticaron y los médicos le dieron solo dos años de vida. Al final, y contra pronostico, vivió 54 años.
Y aunque la enfermedad le condenó a una silla de ruedas y a no hablar sin la ayuda de un sintetizador de voz, eso no fue obstáculo para continuar sus investigaciones científicas. Demostró la existencia de agujeros negros y comprobó que el universo nació de un gigantesco estallido, el Big Bang. Y pese a una vida de dificultades, nunca perdió su sentido del humor. Algo que han destacado sus hijos, en un comunicado tras su fallecimiento: "Era un gran científico y un hombre extraordinario cuyo trabajo y legado sobrevivirá por muchos años. Su coraje y persistencia, con su brillo y humor, inspiraron a personas por todo el mundo".









