Tradición, modernidad y homenaje. Esos serían los tres atributos que definen a mi madre en lo que a decoración se refiere. Ella está muy orgullosa de sus raíces, de su pueblo, de su tierra y de su familia. Y ahora que ha vuelto a él después de muchos años, tiene claro que cada pieza que haya en su casa recordará de una u otra manera de dónde viene.

Así que, evidentemente, en todas las estancias hay una clara inspiración retro, afianzada con pequeños retazos de modernidad en piezas que, si bien recuerdan a las de las abuelas, son el claro ejemplo de que lo de antes siempre se puede mejorar un poquito.

No tanto en calidad (todos sabemos que muchas de las piezas que tenían las abuelas en casa siguen intactas a día de hoy por la calidad de los materiales con los que están hechas), como sí en funcionalidad. Algunas eran tan delicadas que había que tener mucho cuidado con el uso que se les daba y otras, de hecho, no estarían optimizadas para la forma de usarlas que tenemos hoy.

Es algo que se nota, sobre todo, en el menaje de cocina: las cazuelas de barro de las abuelas no se pueden aprovechar en la vitrocerámica, muchas de las vajillas mantenían intacto su dibujo porque solo se podía fregar a mano y sus platos más famosos no se podrían poner ni en el microondas, ni en el horno, ni en el lavavajillas.

Estos últimos de los que hablamos son los que protagonizan, de alguna manera, el último regalo que he hecho a mi madre. Hablo de los platos de latón de siempre. Los que mi abuela llamaba ‘platos de porcelana’. Unos platos hechos de hierro esmaltado, lacados en blanco y con el borde azul marino (también los había con el borde rojo y con el borde verde) que, a menudo, se usaban para batir huevos y para conservar los alimentos fríos durante más tiempo. ¿El problema de esos platos? Que en cuanto se astillaban, quedaban inservibles porque bajo ningún concepto su material interno podía entrar en contacto con la comida (era tóxico).

three empty ceramic bowls with floral decoration on white wooden table
Crispin la valiente//Getty Images

La vajilla de porcelana que se parece a los platos de latón de toda la vida

Pues bien, esos platos de latón están representados al 100% en una de las vajillas más especiales que he encontrado en Carrefour. Una vajilla que no solo es especial por su diseño, sino porque, además, guarda otra conexión con lo retro: es de la marca Santa Clara, una de las marcas de vajillas más míticas de los 60 y 70. Están fabricadas en Galicia y conservan el encanto de lo de antes, pero mejorando los aspectos que se pueden mejorar.

Vajilla de Porcelana Blanca Alma, de Alfares de Santa Clara

Vajilla de Porcelana Blanca Alma, de Alfares de Santa Clara

Esta vajilla en concreto corresponde a uno de los modelos básicos de la firma gallega: el modelo Alma, de venta en Carrefour.

Lo que más me gusta de ella, además de que sigue esa estética retro mejorada que busca mi madre en su casa del pueblo, es que también guarda un toque de modernidad: en lugar de ser redondos, cada uno de los platos que la conforman son octogonales, aunque parecen los auténticos platos de latón por sus colores y sus líneas básicas. Eso sí, están lacados en blancos y tienen el bordecito azul que más las representa (también está disponible con el borde verde y con el borde rojo).

vajilla de porcelana blanca alma, de alfares de santa clara

La que yo he regalado a mi madre está pensada para 4 servicios: incluye 4 platos llanos, cuatro platos hondos y cuatro platos de postre y, de momento, dice que va a dejarla para utilizar en su día a día, en combinación con la azul Klein de Duralex que también le regalé este verano.

Como las piezas son de porcelana, se pueden lavar a máquina sin ningún problema, así como ponerlas en el microondas sin los riesgos que sí implican los platos antiguos.