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Algo tan sencillo como un tapiz puede esconder bajo su manto grandes historias. Durante siglos, las grandes familias españolas utilizaron sus diseños para transmitir de generación en generación qué les había sucedido a sus antecesores. Al cruzar las puertas de una casa, las paredes hablaban ante que sus anfitriones y en muchos casos ejercían como símbolo del dominio y el poder.
Sin ir más lejos, la Reina de Inglaterra ordenaba colocar tapices específicos según quién iba a ser recibido y Carlos V viajaba con tapices, incluso, en campañas militares para dormir rodeado de ellos y mantener la sensación de hogar y autoridad en plena guerra. Es cierto que hoy no necesitamos tapices para demostrar poder ni para aislar palacios, pero ¿no te parece que seguimos buscando lo mismo?
Un tapiz ideal para las paredes de tu casa
Habrán pasado los siglos, pero en el fondo seguimos buscando paredes que hablen, que nos arropen y, sobre todo, que digan algo de nosotros. Quizás por eso, con la llegada del 2026, Ikea no solo ha lanzado una colección de decoración moderna y colorida, sino que ha reinventado la decoración de la casa con una colección de tapices para colgar en la pared.
He seleccionado este porque, a mi juicio, de entre el amplio catálogo que ofrece Ikea, es el que tiene la capacidad de dotar de voz la estancia en la que se cuelgue. Lo más curioso es que bebe directamente del arte popular sueco, una tradición donde la geometría, el color y el simbolismo se combinan para crear piezas que son tan decorativas como narrativas. No es un cuadro, porque no pretende quedarse ahí impertérrito sino un textil pensado para convivir con la casa, para aportar calidez y carácter sin rigidez.
Fabricado en algodón, cuenta con esa textura amable y mate que dota al tapiz de un carácter aún más acogedor. Es ideal para salones que buscan romper con la frialdad de una pared blanca, dormitorios donde se quiera prescindir del cabecero tradicional o incluso recibidores que necesiten un elemento con presencia sin resultar cargante. El diseño, por clásico y estético, es perfecto para cualquiera de estos propósitos: formas geométricas claras, simetrías acordes a los tiempos que corren y colores que aciertan combinados.
Cómo decorar poniendo un tapiz en la pared
Uno de sus grandes aciertos está en la facilidad de colocación. Los orificios situados en la parte superior permiten fijarlo a la pared de manera sencilla, sin complicaciones ni montajes aparatosos. Eso lo convierte en una pieza especialmente adecuada para quienes como yo viven de alquiler o para quienes, como contaba el otro día Ana Milán, disfrutan cambiando la decoración con cierta frecuencia. Desde luego, el tapiz se cuelga, se descuelga, se traslada. No exige compromiso eterno, solo ganas de probar.
Eso sí, ten en cuenta que no incluye la varilla de suspensión y la verdad es que no me parece una carencia, sino una invitación a personalizarlo. Puedes optar por una barra de madera para reforzar su aire artesanal, una varilla metálica si buscas un contraste más contemporáneo o incluso soluciones textiles si prefieres un acabado más informal. Al final lo que buscas es que el tapiz se adapte a ti y a tu casa, que no al revés.
Si Isabel II aún viviera, te diría que el tapiz de algodón no solo decora. Es algo que no entiende ni de suecas ni de inglesas. De reinas es contar la historia de tu vida con una tradición reinterpretada, un diseño que mira al pasado para encajar en el presente. Sin duda, estamos ante una forma sencilla y honesta de transformar una pared en algo más que un fondo: en parte viva de la casa.








