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Mis amigas y yo hemos jugado a este fin de semana a un ¡concurso de tapas! Quedamos en mi casa y cada una tenía que traer un plato que hubiera preparado anteriormente en la suya. Tal vez te resulta ridículo, pero como anfitrión, supuse que mi cocina debía estar a la altura de las circunstancias. Sin embargo, cuando me puse manos a la masa -mi intención era preparar croquetas-, me encontré con que mi casa estaba mucho menos preparada de lo que pensaba para ese momento.
A ver, ya sabía que no contaba con los fogones de Martín Berasategui, pero no iba a poder preparar mi plato con comodidad con lo que tenía por allí repartido. Y hay muchas cosas dentro de la organización de mi hogar que estoy dispuesto a tolerar, pero perder el concurso de tapas en mi propio campo no iba a ser una de ellas. Competir conmigo es un problema porque rara vez estoy dispuesto a perder, aunque para lograrlo tengo que hacerme con 6 chollos para ganar espacio en una cocina pequeña que he encontrado en las rebajas de Lidl e Ikea.
La victoria se sirve con estos 6 productos
Empecé por lo básico: si iba a ganar el concurso, necesitaba orden, espacio y no acabar con la espalda destrozada antes de que llegaran mis amigas. Ahí es donde entró en juego el soporte universal para electrodomésticos. Porque sí, nadie habla de la lavadora cuando piensa en croquetas, pero todo empieza ahí.
Este soporte, sin cajón y de tamaño universal, eleva cualquier electrodoméstico a una altura de trabajo cómoda y ergonómica. Vaya, que llenar la lavadora deja de ser un castigo lumbar y pasa a ser un gesto rápido y limpio, sin necesidad de agacharte como si estuviese sonando Daddy Yankee de fondo.
En una cocina pequeña —como la mía— cada centímetro cuenta, y elevar los electrodomésticos no solo mejora la postura, también libera sensación de orden y control. Así mismo, el soporte es robusto, hecho de metal resistente, y soporta hasta 175 kg sin inmutarse. De no ser suficiente, las patas incorporan goma antideslizante, lo que significa que la lavadora no se desplaza ni vibra como si quisiera sumarse al concurso de tapas.
Y no solo eso, sino que además amortigua las vibraciones, algo clave cuando tienes vecinos, la vajilla de tu abuela cerca o simplemente amor propio. Eso sí, yo lo compré en blanco, pero está disponible en plateado y negro. Elige el que más te guste en función del estilo de tu cocina con el fin de que no desentone.
El segundo movimiento fue admitir una verdad incómoda: no me faltaban ganas de cocinar, me faltaba encontrar los ingredientes. En una cocina pequeña, cada alimento parece multiplicarse por tres y no hay quien sepa donde ha metido el aceite, el pan rallado o la harina. Ese problema se acabó al incorporar este carrito auxiliar que, gracias a sus tres estantes, puedes almacenar cuanto quieras.
Cada estante cuenta con barras laterales que aseguran el contenido, así que nada se mueve ni se cae, aunque lo saques y lo metas varias veces durante el cocinado. Encima el carro incorpora un asa y dos ruedas que permiten extraerlo y desplazarlo con facilidad. Está calculado a la perfección para ocupar esos huecos que siempre desaprovechamos, como detrás de la puerta o al lado de la nevera.
La estructura combina hierro, plástico y MDF, además de revestimiento en polvo, lo que le da un aspecto limpio y resistente. Teniendo en cuenta que soporta hasta tres kilos por estante, resulta más que suficiente para el día a día de una cocina doméstica bien organizada. Está disponible en blanco o gris, colores neutros que encajan sin esfuerzo en cualquier estilo.
Antes de seguir ¡un truco de cocina! Los condimentos son la varita mágica que transforman un plato bueno en uno ganador de cualquier concurso. Por eso incorporé estos botes para especias: molinillos, saleros, pimenteros, tarros y frascos, todos con un diseño sencillo pero pensado para la vida real.
Cada uno está hecho de vidrio transparente, así que nunca hay dudas sobre qué hay en su interior o cuándo toca rellenarlo. Además, el tapón de rosca, con silicona integrada, garantiza que la tapa encaje a la perfección y no se escape, evitando derrames y manteniendo los aromas intactos. Es un detalle pequeño, pero cuando el pimentón vuela, agradeces cada milímetro de precisión.
El diseño combina utilidad y estética: discreto en la cocina, elegante en la mesa, práctico en todo momento. Durante el fin de semana, hicieron que cada especia estuviera exactamente donde debía, listos para darle el toque final a mi plato. Porque ganar no era solo cuestión de sabor, sino de control, orden y precisión. Y con estos frascos, cada condimento jugaba en mi equipo.
Te adelanto de antemano que no basta con cocinar bien: hay que servir mejor. Porque puedes tener el mejor plato del concurso, pero si las croquetas llegan a la mesa sin gracia, pierden puntos antes del primer bocado. Así que aposté en llevarme de Ikea esta vajilla moderna, de líneas limpias, detalles sencillos y ese toque artesanal que hace que cada pieza parezca pensada, no improvisada.
Son cuencos ideados para lucirse en conjunto. Cuando los utilizas en conjunto, la mesa gana coherencia, equilibrio y una estética cuidada que eleva cualquier comida, incluso un plan informal entre amigas como este. Si hay vajillas que pecan de antiguas y estridentes, esta me pareció moderna, elegante y con un acabado que premia el buen gusto. No roba protagonismo a los platos, pero los acompaña como se merece.
No pierdas de vista tampoco la protección de lo que importa: la mesa. Da igual cuánto brillo tenga tu croqueta o cuán perfectas sean los cuencos que elegimos en Ikea, si al final quedan marcas, arañazos o quemaduras, todo se va al traste. Aquí es donde vino a jugar la estrella del equipo: mi salvamanteles favorito del catálogo de la compañía sueca.
Hecho de corcho natural, protege mesas, encimeras y manteles de los daños provocados por el calor. Y no es solo funcionalidad: su motivo moteado con lunares azules irregulares añade un toque de encanto. A mi gusto es discreto, elegante y suficientemente versátil como para acompañar tanto el desayuno improvisado como la cena que marca el concurso de tapas.
Cierro con lo que ocurre cuando el concurso termina. Porque sí, las croquetas vuelan, pero siempre queda algo: una tanda de más, una salsa que ha cuajado demasiado bien o ese postre que todas prometen llevarse luego. Para no desperdiciar nada —y para demostrar que el concurso no acaba con el aplauso final— traje a casa la bolsa isotérmica con recipientes portalimentos de Lidl.
Fabricada con material reciclado, cuida lo que guardas dentro y se lleva consigo cualquier tipo de preocupación. Su compartimento principal es amplio y está completamente aislado, manteniendo los alimentos frescos durante más tiempo, tanto si toca transportar sobras como si decides preparar con antelación. Tiene una capacidad de unos 5 litros aproximadamente y te aseguro que es suficiente incluso cuando cada una trae un plato.
Por menos de ocho euros, incluye cuatro recipientes a juego: dos grandes de 1000 ml y dos pequeños de 550 ml. Son herméticos, con cierre de clic, resistentes a temperaturas de -20 a 100 ºC y aptos para microondas y lavavajillas. Ese es solo un ejemplo de que Lidl piensa en el uso real, de ahí que la bolsa esté perfectamente preparada para su transporte.
Además, tiene un asa de transporte con correa de hombro ajustable y extraíble, una gran solapa frontal con bolsillo de malla integrado que incluye un acumulador de frío, y una cremallera YKK de alta calidad. Eso es todo lo que necesitaba para que, fuese cual fuese el veredicto, todo quedase en su sitio, sin fugas, sin olores y sin sustos.
Del resultado del concurso poco hay que decir. Solo te aseguro que, si no hubiese sido por esta compra de última hora en Ikea y Lidl, servir, emplatar y presentar habría sido mucho más complicado. Esa noche todos hemos aprendimos que ganar no era solo cuestión de sabor y presentación, sino también de que todo el entorno trabaje a nuestro favor. El estilo y la discreción ya estaban en la mesa.
Juan Sáez es experto en cultura pop, crónica social y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos sociales y culturales bajo una mirada crítica y comprometida. Lo que Carrie Bradshaw habría sido si, en lugar de subirse a unos Manolos, se hubiera comido una caja de seis.
Licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III, analiza tendencias, historias y noticias desde el humor para que el lector ría y reflexione en una sola pieza. Ha colaborado en programas de televisión y crea contenido para redes, donde aporta análisis frescos e irónicos con un sello muy personal.



















