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Hace sesenta años que mi abuela se hizo con su primera lavadora. Fue entonces cuando aparcó en una esquina el cesto de mimbre con el que había bajado y subido con la ropa a la fuente del pueblo. Por aquel entonces aún no se lo imaginaba, pero con ello daba el pistoletazo de salida a una tendencia en decoración que nos ha acompañado desde hace décadas.
Lo que, por aquel entonces, le pareció una solución sencilla para quitárselo de en medio y que no estorbara, se ha convertido hoy en un auténtico icono decorativo para hacer nuestros hogares más vintage. Resulta que las cestas de mimbre se han convertido en un elemento imprescindible para el diseño de interiores.
Las cestas de mimbre ahora son tendencia
En su mayoría, las cestas de mimbre presumen de una enorme personalidad, capaces de aportar calidez, textura y un toque nostálgico al salón, además de espacio de almacenaje, por supuesto ¿Alguna vez te has preguntado cómo combinar en el salón las cestas de mimbre para que parezcan objetos de decoración vintage en pleno 2026?
Cesta de junco de mar, de Maisons du Monde
Para lograr ese efecto vintage, el primer paso es apostar por la variedad. Mezclar cestas de distintos tamaños, formas y trenzados crea un conjunto visualmente interesante. Una cesta como la de Maisons du Monde, fabricada en junco de mar, resulta práctica, bonita y tiene ese aire de casa bien cuidada que siempre es portada de revista.
El junco de mar destaca por su resistencia y durabilidad, pues posee fibras más flexibles y fuertes que otros tipos de mimbre, lo que permite que la cesta soporte peso sin deformarse fácilmente. Además, es resistente a la humedad y a la exposición al sol, lo que hace que la cesta mantenga su forma y aspecto durante más tiempo, incluso en ambientes costeros o húmedos.
La forma cuadrada la hace especialmente versátil. No es demasiado grande, pero tampoco se queda corta: el tamaño justo para convertirse en toda una aliada para el día a día. Incluso a mí me gustan más cuando, como en este caso, tienen esas pequeñas imperfecciones que aportan autenticidad. Si alguien te pregunta, puedes colarle que te lo ha hecho a mano un artesano.
Cesta de rafia trenzada, de Lefties
Si además eliges tonos naturales como el de la cesta de Lefties, refuerzas ese aire de objeto que cualquiera diría; cuenta la historia de varias generaciones de mujeres... y no la del repartidor que te la acaba de traer. Lo que más me gusta, eso sí, es que une lo mejor de dos mundos: la naturalidad del seagrass trenzado a mano y la suavidad de un tejido interior de algodón 100%, extraíble y lavable.
Como ocurre con el junco de mar, el seagrass es un material resistente al agua y a la humedad, lo que evita que la cesta se deteriore o se deforme con el uso frecuente, especialmente en entornos húmedos o costeros. En su caso, además, sus fibras largas y flexibles permiten tejer cestas con mayor uniformidad y un tacto suave, mientras que su color natural y variaciones tonales ofrecen un acabado estético muy atractivo y orgánico.
Con respecto al paño, gracias a que es de algodón, se puede retirar fácilmente para lavarlo, algo que se agradece cuando la cesta pasa por varias manos, habitaciones o funciones. Asimismo, su estructura de hierro le da una mayor firmeza y estabilidad, lo que la convierte en una gran opción para organizar sin perder forma. Mantiene su silueta incluso cuando está llena, y eso se nota en cuanto le das uso.
Cesta clásica, de Ikea
La ubicación es tan importante como la elección de las cestas. Colocarlas junto al sofá, a modo de contenedor para revistas o mantas, las convierte en parte de tu decoración sin robar protagonismo. Si te apetece probar en una estantería, esta de Ikea queda genial intercalada entre libros y marcos de fotos. Ese contraste entre papel, madera y ratán resulta muy atractivo y evoca salones de épocas promesiles adaptados al presente.
¿Qué es lo mejor del ratán? A diferencia del junco de mar o el seagrass, proviene de la corteza de ciertas palmeras trepadoras, lo que le da fibras más densas y elásticas, ideales para trenzados finos y estructuras que soporten peso sin romperse. Además, su superficie lisa permite acabados uniformes y un aspecto elegante, y si bien no es tan resistente, no deja de ser la opción más sofisticada.
Gracias a sus asas, es fácil de mover, levantar y transportar. Este año, además, se lleva mucho personalizar las cestas. Un pequeño detalle puede transformar por completo su aspecto: un lazo de cuerda natural, una etiqueta de tela cosida o incluso un toque de pintura a la tiza en los bordes. Estos gestos sutiles refuerzan la sensación de objeto recuperado del pasado.
Cestas con forro de flores, de Amazon
No conviene, eso sí, sobrecargar estas cestas. El encanto vintage que tanto se lleva este año se basa en la sencillez y en la apariencia de uso real, no en el exceso de adornos. Por eso este set de cestas tejidas a mano, precisamente porque a veces no necesitas más. La pequeña para lo esencial, la mediana para lo cotidiano y la grande para lo que necesita más espacio.
Están elaboradas con cuerda de papel natural y renovable, que reúne las mismas ventajas que el resto de materiales, si bien este caso que incluye un forro interior del algodón con estampado floral, lo hace aún más ideal. Yo sé que en cuanto mi madre y mi abuela la vean van a saber que se trata sin lugar a dudas de su favorita. No pasa desapercibida en ninguna estancia.
Además, pueden apilarse o guardarse una dentro de otra cuando no se usan, ocupando el mínimo espacio. Además, cada cesta ha sido tejida a mano por artesanos, lo que hace que cada pieza tenga ligeras variaciones en el trenzado y el color. Esa irregularidad natural no es un defecto: es parte de su encanto y de su carácter único. Son resistentes, fáciles de transportar y pensadas para durar.
En definitiva, combinar cestas de mimbre en el salón para que parezcan objetos de decoración vintage en 2026 es un ejercicio de equilibrio entre ser abuela y nieta. Con variedad, buena ubicación y materiales adecuados, estas piezas a simple vista humildes pueden transformarse en auténticos elementos decorativos que cuentan historias y hacen del salón un espacio más acogedor y personal.











