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Los costureros de mimbre han formado parte, toda la vida, de la cultura española. Como las cestas de rafia y de finas láminas de madera que las abuelas de los rincones rurales aprovechaban también para guardar sus enseres de bordar, zurcir y coser. Pero, junto a todos ellos, hay uno que siempre permanecía, sin hacer mucho ruido, cerca de un sillón en la sala de estar o el salón de muchas casas de esa época: el costurero de madera.
Era ese costurero ‘bueno’, la pieza central de todos los demás. Solía ser el más grande, el de mayor capacidad, el que más cosas tenía y el que nutría de material a los otros, que eran los que solían moverse y salir de casa. El de madera era el de verdad, al que había que acudir cuando teníamos que buscar un botón específico o un color de hilo determinado.
En los casos más sofisticados, este costurero de madera tenía patas y, incluso, servía de mesa cuando estaba cerrado. En otros casos, solo llevaba la estructura y el asa. Eso sí, siempre tenía un elemento común: se abría al medio y, cuando estaba completamente abierto, parecía unas escaleras que se abrían a cada lado. En cada ‘escalón’, un cajón con gran capacidad para guardar toda la costura.
Llevo bastante tiempo sin ver uno de estos costureros. Han sido sustituidos por otros más minimalistas que, sin embargo, no son tan bonitos. Así que mi sorpresa ha sido mayúscula cuando lo he vuelto a ver en Leroy Merlin.
El costurero de madera vuelve a Leroy Merlin
Lo único en lo que el modelo nuevo de Leroy Merin dista de los antiguos es en que han eliminado el asa de madera mítico. Y quizás esta sea una buena idea, si tenemos en cuenta las necesidades de espacio actuales. Pero todo lo demás permanece intacto: su apertura al centro a modo de escaleras, el espacio en cada uno de sus compartimentos y hasta las bisagras de madera.
Eso sí, no está barnizado y no tiene patas. Lo primero no es de importancia; tiene un color natural precioso, pero también se puede barnizar del tono que más nos guste. El segundo, de nuevo, es casi mejor opción que si tuviera patas porque se puede guardar en cualquier sitio o mostrar encima de una mesita auxiliar de forma silenciosa, sin ocupar gran parte de la decoración, pero siendo elemento central al mismo tiempo.
Mide 26 x 12 x 15,5 cm, un tamaño ‘mini’ que cuesta menos de 25 euros. Yo, al menos, estoy deseando comprarlo para colocarlo de decoración en mi salón pequeño y guardar todos mis enseres de ganchillo y de bordar, porque ahora me he aficionado a las labores.
Pese a que este de Leroy Merlin es el que más se adapta al espacio que tengo en casa y el que me parece más manejable, en pleno 2026 sigue siendo posible conseguir los costureros de madera originales que tenían las abuelas.
No hace falta buscar mucho: he encontrado en Amazon uno que podría estar sacado de cualquier casa de los años 50 o 60.
Tiene cinco grandes compartimentos, el asa central que llevaban todos y las patas, para que no haya que moverlo mucho. Así que es perfecto para casas con mucho espacio o donde se necesite mucho espacio para guardar muchos enseres de costura.





