Hace apenas tres años, mi papá y yo decidimos meternos en una obra en la finca que tenemos en el norte de Cáceres. En concreto, convertir la habitación del vino de mi abuelo en un dormitorio funcional y moderno. ¿Qué fue lo primero que hicimos? Ponernos unos guantes y empezar a sacar todo lo que estaba almacenado ahí desde hace más de 40 años.

Nuestra sorpresa fue enorme cuando descubrimos, entre tinajas y damajuanas, una colección de latas de ColaCao originales que habían aguantado bastante bien el paso del tiempo. “Un tesoro”, me dijo mi papá, cuando vio estos pequeños objetos que algún día salieron de la tienda de ultramarinos que regentaban mis abuelos en nuestro pueblo.

Efectivamente, un tesoro que hoy en día no solo conservo, sino que sigo utilizando: una de esas cajas (en concreto, la de los “hilos”) es mi botiquín aquí en Madrid. Otra (en este caso en la que pone ‘botiquín’) es en la que guardo mi colección de pañuelos de papel actualmente.

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Marta Moreno Pizarro
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Marta Moreno Pizarro

Pero es que tengo otras tres que hoy en día son las protagonistas de la decoración de mi cocina: aunque guardo la pasta, el café y las lentejas en ellas, son tan bonitas que también me sirven para decorar, tal y como hicieron en los años 50, en los 60 y en los 70 en España, que fueron las décadas en las que se lanzaron las latas originales (esencialmente, para proteger el producto).

Son pieza clave en 2026, porque hace unos años pasaban totalmente desapercibidas. Pero este año, con la fiebre vintage en lo alto, todo el mundo me pregunta por ellas. Ojalá ColaCao las reinventase. Hasta entonces, solo queda buscarlas en modelos parecidos y en tiendas de segunda mano. De hecho, es justo lo que yo he encontrado en pleno Rastro de Madrid.

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Marta Moreno Pizarro

Dónde conseguir en 2026 una lata de ColaCao

“Pañuelos”, “hilos”, “botiquín”, “fotos”, “labores” o “botones” podía leerse en cada una de estas latas originales. Palabras acompañadas por un color específico que marcaban el uso que dar a cada una de estas cajitas tan especiales. Ahora, la única forma de conseguir las originales es teniendo suerte en el mercado de la segunda mano. Pero he de decir que se están revendiendo a precio de oro.

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ColaCao

La otra opción es optar por la reinvención que ColaCao ha hecho de sus icónicas cajas de lata. Ahora tienen aires retro, pero mantienen el logo de la marca y el color amarillo corporativo. En el frontal, una niña (o un niño, dependiendo del modelo) bebiendo un vaso de leche. Viene con una bolsa de 1.4 kg de ColaCao en su interior.

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U optar por hacerse con alguna caja de hojalata que se parezca a estas icónicas, aunque no sean las originales. Ikea, por ejemplo, ha reinventado las cajas de galletas danesas y, entre la colección, hay un modelo que se parece bastante al icónico de ColaCao aunque, en este caso, es lisa y de colores pastel (súper bonita, la verdad).