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El otro día Agatha Ruiz de la Prada enseñaba su casa para una popular revista conocida por su saludo. De entre las declaraciones que concedió para acompañar las fotografías, hubo una que me parece una auténtica fantasía: “Es una casa pensada para esta etapa de mi vida; como para una señora mayor y muy pija”, decía con rotundidad… ¿y no son así las casas con las que hemos soñado?
Hay quien dice que lo ha bautizado bajo el nombre de “supercasa de soltera” con el fin de que enseñarla, también le sirva para encontrar novio. Con esos cinco salones y las obras de arte que ha elegido para decorarla, desde luego lo pone fácil. Al fin y al cabo, se sitúa en uno de los barrios más exclusivos de Madrid y, si me preguntas, solo le falta un detalle.
Mesas auxiliares a tu disposición
¿Cómo es posible que en ninguno de los cinco salones haya incluido las icónicas mesas auxiliares de Ikea? Si algo le falta a esa casa no es arte ni metros cuadrados: es versatilidad. Porque por muy espectacular que sea un salón, siempre llega ese momento en el que necesitas un sitio perfecto para apoyar un libro, una copa o ese objeto bonito que acabas de traer de un viaje. Y ahí es donde entran en escena estas mesas auxiliares.
Su diseño más minimalista de lo que esperaríamos de Ágatha, combina metal, vidrio y madera y consigue algo que no siempre es fácil: resultar sofisticado sin perder calidez. Encajan igual de bien en esos salones llenos de piezas de diseño que en un espacio más relajado y cotidiano. Son de esas piezas que no compiten con el resto de la decoración, sino que la elevan.
Las baldas de vidrio, por ejemplo, ofrecen un lugar perfecto para crear pequeñas composiciones decorativas. Imagina libros de fotografía con portadas irresistibles, una planta frondosa que aporte vida o una vela elegante que complete el ambiente. Y si prefieres tener lo práctico más a mano, la balda de nogal es ideal para guardar lo que utilizas a diario: una libreta, el mando de la tele o incluso ese café que te acompaña en la sobremesa.
Otra de sus grandes virtudes es la flexibilidad. Son fáciles de mover por la habitación, así que puedes cambiarlas de lugar según lo necesites: junto al sofá cuando llegan invitados, al lado de tu butaca favorita para una tarde de lectura o incluso separarlas para repartir puntos de apoyo por el salón. Funcionan igual de bien juntas que por separado.
Además, la mesa más baja se puede colocar fácilmente debajo de la más alta. Este detalle no solo aporta dinamismo visual, sino que también permite ahorrar espacio cuando lo necesitas. Es un gesto sencillo que cambia por completo la funcionalidad del conjunto. Porque sí, tener cinco salones está muy bien, pero tener una mesa perfecta en el lugar exacto… eso sí que es lujo.















