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Las estanterías de una casa pueden decir mucho de las personas que viven en ella. Y analizar los objetos que hay en ellas también: un jarrón, unos libros, unas fotos... De ahí que conozca a más de una persona que, cuando la invitan por primera vez a casa de alguien, su primera impresión no sea la que puede dar un recibidor con las mochilas de los niños por el suelo ni si el color de las cortinas va a juego con el de las paredes, sino en los detalles de la estantería que haya en el salón. Una de esas personas es mi tía. Me ha contado tantas historias sobre estanterías y sus dueños, que ahora yo, casi sin quererlo, también las analizo. Algunas de las cosas más curiosas que me ha enseñado son que una estantería llena de libros no significa que en esa casa se lea mucho; hay que fijarse en el tipo de colección, en los autores, en si los lomos están gastados o si parecen recién comprados y si están perfectamente alineados. También dice que las estanterías con plantas siempre transmiten sensación de hogar y que si va a una casa en pleno agosto y sigue a la vista la vajilla con motivos navideños es que en esa familia, probablemente, la Navidad sea una de sus fiestas favoritas del año. Y luego están los pequeños detalles pero no por ello menos importantes: cajitas de joyeros, fotos, recuerdos de viaje o los jarrones.
Y a ella, que tiene toda la casa llena de jarrones, pues es uno de los detalles que más le gustan. Según ella, para muchos es solo un elemento decorativo, pero según el modelo, el material, la antigüedad, ese objeto dice mucho de la personalidad de quien vive en esa casa. Hay quienes los usan con flores secas, otros prefieren las naturales y otros directamente los colocan vacíos porque no necesitan nada más. Uno de los que más ha llamado su atención en las últimas semanas ha sido un jarrón de cerámica, blanco con flores azules dibujadas y con un aire entre oriental y andaluz que bien podría haber estado colocado en la estantería de una casa señorial del siglo pasado o ser uno de esos juegos de macetas pintadas a mano de los patios cordobeses. Pues ni una cosa ni la otra, el jarrón estaba en una estantería de una tienda de Primark y costaba 8 euros.
Este jarrón parece una antigüedad, pero es de Primark y solo cuesta 8 euros
Este jarrón de Primark pertenece a los objetos que mi tía cataloga en la categoría 'originales', porque si lo colocas en la misma balda que unos libros antiguos y usados, parece un jarrón que ha pasado de generación en generación y cuyo valor sentimental puede ser incalculable, cuando en realidad es una pieza que has comprado hace unas semanas y que el mes que viene puedes cambiar de lugar y que parezca totalmente otro, como en la cómoda de la entrada con unas flores secas.
El diseño mezcla dibujos de flores que parecen hechos a mano, unos jarrones que antes solo encontraba cuando viajabas a ciudades concretas de la geografía española, como los pueblos del sur, o cuando recorrías algún mercadillo de antigüedades. Por eso resulta tan curioso encontrarse con un jarrón de este estilo en una tienda en la que la mayoría entramos para comprar pijamas, camisetas o algún complemento. En las estanterías de la zona de decoración de Primark está esta pieza que, colocada en la estantería de cualquier salón, puede hacer volar la imaginación de quien se fija en ella, pensando en a cuántas generaciones habrá pertenecido o la de historias que puede contar. Sin embargo, la realidad es mucho más sencilla y es que la historia de este jarrón acaba de comenzar.











