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En tres alturas, con un gran palo de madera central, blondas en el borde y un metal plateado al que se sacaba brillo de vez en cuando. Albergando toda clase de frutas, era más bonito cuantos más colores albergase en su interior. Y siempre (siempre) presidiendo la mesa de la cocina, estuviéramos o no usándola. Creo que el frutero de metal de los años 90 es una de las piezas de decoración de las que mejor recuerdo guardo de mi niñez. Quitarle del centro de la mesa era, y sigue siendo en mi caso, sinónimo de que la hora de comer se acerca.
Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando he visto que ese frutero que sigue siendo tan importante en mi familia a día de hoy, ahora ha vuelto reinventado de la mano de Ikea. Un frutero que, como en mi caso, lo he visto encasa de mis abuelos, de mis tíos y de mis amigos y que puedo concluir que, por ende, fue un icono en los años 90. Ahora, en pleno 2026, la fiebre de lo retro lo ha recuperado, le ha dado un aire nuevo y está listo para volver a presidir la mesa de las cocinas actuales durante, al menos, tres décadas más.
El frutero metálico de los 90 está en Ikea
Ya lo hizo con el de mimbre y ahora se ha lanzado a por un diseño algo más moderno: el de metal en tres alturas. El frutero que presenta Ikea tiene todas las vibes de aquel que todos tuvimos, pero en su versión renovada. De hecho, así lo afirman ellos mismos en la página del producto: “Una moderna reinterpretación de una clásica fuente para servir”.
Aunque sigue manteniendo las tres alturas disminuidas, ahora las bases de cada una de ellas no son metálicas ni tienen blondas, son de vidrio resistente y están curvadas hacia arriba, para que la fruta no se resbale (algo que, tengo que decir, sí que pasa a veces en el que mis padres tienen en casa).
La barra central, sin embargo, es metálica y no lleva ningún adorno: es lisa y tiene un gancho en la parte de arriba, como si pudiéramos colgarlo de algún sitio.
Sigue siendo ideal para no mezclar la fruta, para separarla por tipo o, incluso, por frescura: de esta forma, si alguna pieza se pone mala, será más complicado que 'infecte' al resto.
De hecho, este frutero, si bien es perfecto para frutas, también sirve como fuente para servir, tal y como ellos mismos afirman. Es ideal para aperitivos, para dulces o para tartas (yo, por ejemplo, veo cada día accesorios del estilo en pastelerías y cafeterías).
No obstante, a mí sigue gustándome mucho la idea de poder rendir homenaje de alguna forma a mi infancia con este frutero. Porque, aunque se adapta a las necesidades del siglo XXI y mejora un modelo que nos sirvió mucho a todos hace décadas, sigue manteniendo esa esencia que lo hizo grande entonces y que, sin duda, seguirá haciéndole grande hoy en día. Así que yo, de hecho, voy a comprármelo ya para ponerlo, como en casa de mis padres, en el centro de la mesa de mi cocina y poder quitarlo y ponerlo cada vez que la vaya a utilizar. Y lo pondré encima del mantel para que la gente se sirva el postre.














