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Era un clásico. Cada vez que mis abuelos ponían la mesa para comer o para cenar, yo me sentaba ansiosa para ver qué comida me tenían preparada. Pero, sobre todo, para utilizar la jarra rosa de cobre. No porque fuese bonita, que también, sino porque el agua siempre me sabía mejor. Y multiplicaba su buen sabor si la echaba de la jarra rosa al vaso rosa metálico de la misma colección. Me encantaba sentir cómo, desde que ponía el agua en los entrantes, hasta que terminaba el postre, el agua no se calentaba ni un poquito. Se mantenía fresquita, como recién salida de la nevera.
Recuerdo con especial cariño esa jarra rosa de cobre de casa de mi abuela. Una jarra y unos vasos que, por suerte, a día de hoy siguen con nosotros, guardados en una esquina del armario de las fuentes y los platos, y que seguimos utilizando cuando la ocasión lo requiere. Mi abuela se ha vuelto, quizás, un poco menos glamourosa y muchas veces sustituye esa icónica jarra por las de plástico, porque dice que son más cómodas, pero a mí me sigue gustando lucir con orgullo una jarra y unos vasos que, además de bonito, son bastante más sostenibles que los modernos.
Esas jarras de cobre en color rosa que fueron tan conocidas en la década de los 60 y en la de los 70 han vuelto al parecer. Todo tiene que ver con la fiebre retro que nos envuelve este año y, por suerte, las he encontrado disponibles en diferentes tiendas de decoración. Esta es la pista que ha hecho darme cuenta de que son tendencia y, quizás, vuelvan a ser un objeto icono de una generación.
Vuelven las jarras de cobre que estaban en casa de las abuelas
La jarra de cobre rosa que casi todos hemos conocido ha vuelto. Una jarra que, aunque casó impresión en los años 60, encuentra su origen y primer uso en la Antigua Mesopotamia y en Egipto.
A priori, puede que no recuerdes bien esta jarra y sus vasos a juego: era rosa metalizada, por dentro de color plata y habitualmente no tenía tapadera. Eso sí, estaba como ‘martillada’ por toda la superficie y llevaba un asa que, al menos en el caso de la de mi abuela, era negra y de plástico. El vaso seguía la misma estructura y, a veces, también los veíamos en forma de taza.
Justo la misma jarra y justo el mismo vaso he encontrado yo entre las novedades de Amazon y de Maisons du Monde. La jarra es, de los dos, la que más parecido guarda con esas retro originales.
La forma, la textura, el color, el asa, la capacidad (1200 ml) … Sin embargo, ha mejorado en algo: esta tiene tapadera, a fin de que el agua se conserve mejor en su interior.
El vaso con asa de Maisons du Monde, sin embargo, me recuerda un poco a los antiguos que salen en las películas ambientadas en el Antiguo Egipto. Un vaso bastante napoleónico, que guarda similitudes con la jarra, aunque el rosa es algo más apagado.
Tiene forma redondeada y sigue el diseño martilleado y, además, está fabricado de forma artesanal.
Hay quien atribuye a estas jarras beneficios para el sistema digestivo venidos del contacto del agua y el cobre, pero nosotros preferimos no entrar en estos terrenos porque no hemos encontrado una fuente fiable que los avale o los refute. Así que, nos quedamos con que estas jarras y sus respectivos vasos son una forma de seguir rendiendo homenaje a las raíces de las que venimos.
















