Que entre hermanos, cuñados e hijos de Rocío Jurado se estén tirando los platos a la cabeza no debería ser ninguna novedad. La familia de ‘La más grande’ puso de moda hacer de las rencillas familiares un espectáculo televisivo y, sin embargo, no fue la única impronta que la cantante ha dejado en el mundo de la vajilla española.

rocío jurado
Agencias

Basta con asomarse al álbum de fotos de Rocío para comprender que no solo siguió la moda de los pantalones de campana y el cardado hasta arriba en la época de los setenta. Como lo hiciera su coetánea, Lola Flores, ella también apostó por la vajilla Duralex, el último grito de la época, y al contrario que su familia, esa sí que resultó ser indestructible.

Rocío Jurado, icono de la canción… y la cocina

Nuestras abuelas, de la edad de Lola y Rocío, se dejaron también seducir por esos platos y vasos llegados de Francia. Allí habían descubierto el vidrio templado, el material que garantizaba que jamás se resquebrajaran ni rompieran mientras los fregaban. Su éxito residió en que se caracterizaban por ser irrompibles y hoy esa resistencia los ha vuelto a poner en boga.

vajilla duralex
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No sería de extrañar que junto con las fincas y los royalties Rocío Carrasco hubiese heredado esta vajilla, como si hubiera sobrevivido al tiempo sin apenas inmutarse. En España fue toda una revolución porque hasta entonces se utilizaban vajillas de loza y porcelana que después quedaron relegadas únicamente a las ocasiones especiales porque tenían la fragilidad de un lazo familiar en Yerbabuena.

Las de Duralex aguantaban más trote y no por buenas, resultaba ser caras. Eran platos comprados por todo tipo de amas de casa y pensados para el uso diario de familias casi tan multitudinarias como los Flores o los Mohedano. Su encanto estaba precisamente en ser prácticas, robustas y lo bastante bonitas como para estar siempre sobre la mesa.

Vajilla Duralex de 18 piezas para seis personas

Vajilla Duralex de 18 piezas para seis personas

Fue así como se ganaron un hueco en nuestra memoria y no hace falta ser un amante d elo vintage para quererla de vuelta en el comedor. Por duraderas fue tanto su uso que después de tanto tiempo han pasado a ser parte de nuestra historia. Se han convertido en el símbolo de una España en transformación, de las familias que la ocuparon y de las mesas camilla que tanto vivieron a su alrededor. En su sencillez reside la nostalgia que evoca.

Está claro que hay objetos que van más allá de las tendencias, sino que persisten en el tiempo "como una ola". Duralex, como las canciones de las folclóricas, siguen siendo una manera de conectar con nuestras abuelas, madres y tías, el telón de fondo para las risas, las charlas y las comidas que nos unen como familias ¿Un consejo? Lo auténtico y lo duradero siempre persevera y en cada cocina, finca o copla hay historias que merecen ser contadas.