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Es por todos conocido del buen hacer existente en Sargadelos para la cerámica. Su historia comienza con el siglo XIX de la mano de Antonio Raimundo Ibáñez, un empresario que, gracias a la abundancia de arcillas, caolín, agua y leña y la cercanía al puerto de su Lugo natal, pudo poner en marcha una ambiciosa fábrica de loza fina con tecnología avanzada para su tiempo, inspirada en modelos industriales europeos.
Su proyecto alcanzó su máximo esplendor a mediados de siglo, llegando a emplear a cientos de familias y exportando productos a todas las partes del mundo. Fueron las primeras en presumir de la estampación industrial, la producción de loza “pedernal” y decoraciones inspiradas en modelos ingleses, franceses y gallegos. No había familia en el país que no contase con una de estas vajillas en su casa, pues rápidamente se popularizaron.
Una vajilla como la de Sargadelos
Hoy, Sargadelos es un símbolo de la identidad cultural gallega y de la unión entre arte, industria y memoria histórica, reconocido por su estilo inconfundible y su papel en la renovación de la cerámica artística en España. Tal vez por eso Ikea se ha inspirado en esa morriña gallega para lanzar su nueva vajilla que parece sacada prácticamente de la fábrica de Ibáñez.
La vajilla SILVERSIDA combina sostenibilidad, funcionalidad y diseño contemporáneo en una propuesta pensada para el uso diario y también para ocasiones especiales. Está fabricada a partir de un proceso de reaprovechamiento de materiales en el que se han triturado productos defectuosos de la compañía sueca. El resto, entre un 30 y un 35%, procede de materias primas vírgenes, lo que permite que la resistencia, durabilidad y seguridad estén garantizadas.
Visualmente, sus piezas presentan un acabado con un motivo orgánico tan propio de las de Sargadelos, lo que aporta un carácter único y moderno a la mesa. En cuanto a su funcionalidad, cada pieza ha sido diseñada pensando en la comodidad. El borde de fácil agarre facilita el manejo en el día a día, permitiendo servir alimentos de forma sencilla. Esta ergonomía convierte la vajilla en una opción práctica sin renunciar a la estética.
A su sostenibilidad se suma que su acabado sea distinto en cada pieza. Su acabado y su concepto de reutilización hacen que cada pieza tenga una ligera singularidad, lo que consigue que cada una de ellas sea exclusiva. Así, del mismo modo que Sargadelos supo en su origen unir tradición, innovación y recursos del entorno para crear un estilo propio que trascendió su época, Ikea retoma ese mismo espíritu adaptado a los valores actuales.
















