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Llevo años haciendo la compra en el mismo supermercado. Te puedo decir dónde está la leche, la fruta, los huevos y si el precio de los yogures ha subido en la última semana, pero había una sección en la que nunca me había dado por entrar: decoración y hogar. Cuando tenía que renovar la vajilla, miraba en Ikea; si tenía que cambiar los manteles, me iba a Zara Home y, si se me rompían las tazas y necesitaba nuevas, JYSK había sido mi último descubrimiento. Hasta hace unos días no había entrado nunca en los pasillos de productos para el hogar, como sábanas, toallas, sartenes y baterías de cocina de Alcampo. Y ha sido todo un descubrimiento. Iba camino de otro de los pasillos que más frecuento, el de los productos de limpieza, cuando mi vista se desvió hasta un espejo que me resultó familiar.
Un espejo de arco, con el contorno trenzado, de fibras naturales, igualito al que tenía mi abuela en la entrada de su casa. Un espejo del que siempre presumía porque se lo había hecho el cestero del pueblo. Cuando le hizo el encargo, en los años 60, dice que el hombre la miró como diciendo 'otro encargo que me voy a tener que quedar', pero fue todo lo contrario; pocos días después de colocarlo en la entrada de la casa, vecina que lo veía, vecina que le encargaba una versión. El diseño triunfó, o eso me contaba cada vez que salía de su casa y me miraba en el espejo antes de salir a la calle.
El espejo de mimbre que cuesta 15 euros en Alcampo
A pesar de su éxito, este tipo de espejos de mimbre y otros objetos como las sillas de este material, décadas después dejaron de verse, aunque mi abuela nunca lo cambió. Se les asociaba a algo anticuado, a esas casas de pueblo a las que ahora todos queremos volver, aunque sea para desconectar unos días. Y quizá por eso, este modelo de espejos está más de moda que nunca. Lo que hace unos años se veía anticuado, hoy es tendencia, como este espejo, que vuelve tal cual, nada de reinvenciones ni con materiales nuevos, ni versiones de colores. En ese pasillo al que nunca había prestado atención estaba esta pieza con forma de arco con contorno trenzado de 35x54 cm. Y con un precio que parece de otra década: cuesta menos de 15 euros.
Cómo combinar el espejo de mimbre
Su diseño en forma de arco y el detalle trenzado en el marco lo convierten en una pieza perfecta para complementar la decoración de cualquier estancia de la casa. En un salón queda de maravilla con muebles de madera envejecida, sofás en tonos neutros, como el beige, crudo, gris suave, y textiles naturales como lino o algodón. Se puede colocar sobre un aparador, junto a una lámpara, un jarrón y varios libros apilados; mientras que en un dormitorio, lo ideal es colocarlo sobre una cómoda o tocador, colores tierra y otros objetos sencillos como una bandeja de madera en la que colocar las joyas y un frasco de perfume. A mí, personalmente, más que colgado de la pared, me gusta apoyado sobre la cómoda. Y, por supuesto, en el recibidor, como mi abuela, sobre una consola estrecha y junto a una cesta de fibras naturales en el suelo y una alfombra de yute natural en el mismo tono.














