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Tener unos días para descansar no solo sirven para desconectar de la rutina, sino para captar algunas tendencias en las que, posiblemente, no habíamos recaído antes por las prisas del día a día.
Eso es, al menos, lo que me ocurre a mí. Estos días de descanso me han servido para darme cuenta del papel tan importante que ocupan en la actualidad las damajuanas a la hora de decorar. Me ha bastado ir a un restaurante con Sol Repsol (Veratus, en Jarandilla de la Vera) para cerciorarme de que, definitivamente, estos objetos propios de las bodegas de campo, dejaron de serlo hace bastante tiempo.
Además de mi amigo, que regenta el restaurante que acabo de nombrar, tengo otros dos que acaban de estrenar su propia casa, por suerte. Y en ambos dos, también están presentes las damajuanas. Eso sí, ya no tienen el aspecto de toda la vida. Ahora no están rodeadas de plástico y tampoco de mimbre natural. Ahora ya no albergan ni vino ni aceite en su interior: ahora se utilizan a modo de florero, de jarrón o de decoración en sí mismas. Y el resultado no puede ser más bonito.
Por qué las damajuanas ahora decoran
Ese vidrio verde transparente es el culpable de que estos objetos tan identificativos del campo español hayan salido de él y ahora decoren en todas partes. Hasta hace algunos años, esa estructura redonda de cristal había estado ‘escondida’ detrás de una capa de mimbre o de plástico que servía de protección. Porque su función era la de transportar líquidos y, evidentemente, había que protegerlos de los golpes.
No obstante, ese recubrimiento de mimbre o de plástico tenía otras funciones: proteger el líquido interior de la luz y conservar constante la temperatura en el interior.
Esas funciones ahora pierden sentido porque ya no se utilizan para albergar vino, si no para decorar.
Tres ideas para usar las damajuanas en decoración
En el caso de mis dos amigos y del restaurante del tercero, el uso es el mismo: han perdido el mimbre y el plástico y las tienen colocadas a modo de jarrón en diferentes alturas. En casa, uno de ellos la ha aprovechado en la entrada, justo al lado del recibidor, con unas pampas en el interior. El segundo, casi igual, pero sin plantas: por sí misma.
Y el tercero tiene colocadas al menos cinco damajuanas en las estanterías y las esquinas que conforman su restaurante extremeño. En diferentes alturas y diferentes tamaños, haciendo juego entre sí.
Aunque esta es la idea básica, hay otras muchas formas de aprovechar su potencial. A mí, por ejemplo, me gusta mucho la idea que propone el estudio de interiorismo The Numen Studio, de Las Rozas. Después de visitar un taller artesanal de Badajoz, vieron el potencial de colocar damajuanas en los huecos de las escaleras. Sobre todo si estas son blancas. El resultado es ideal, muy mediterráneo y con un toque rústico.
Y, por último, la que para mí es la opción más curiosa de todas: convertir una damajuana antigua en una lámpara para la mesita de noche. El proceso es súper sencillo y el resultado no puede ser más bonito y funcional.
Esta idea la he sacado de la experta en orden Elena Orozco, pero es cierto que ya los expertos en decoración de Leroy Merlin hablan de la misma opción: “Si tienes este objeto guardado en un trastero es hora de que lo desempolves y lo incluyas en tu hogar”, explican en el blog especializado.














