Los pequeños accidentes en la cocina son más habituales de lo que nos gustaría. Quemaduras, cortes, una taza que se rompe o un despiste que acaba con la sartén o la olla con una capa de comida quemada. El problema es que nunca ocurre con cualquier utensilio, sino con ese al que más cariño tienes (y, por supuesto, el más caro); eso duele un poco más. Y aún más si se trata de una reliquia familiar, como una olla de Le Creuset.

Hace dos días, mientras preparaba una receta que había visto en DIEZ MINUTOS, terminé pegando el pollo, el ingrediente principal, en el fondo de la olla antigua de mi familia. Esta cazuela en particular ha pasado de generación en generación. De mi abuela a mi madre, y luego a mí cuando me fui a la universidad. Entregarle a una chica de 18 años una reliquia familiar tal vez no fue la mejor decisión de mi madre, pero la he protegido (casi) con mi vida. Hasta ahora. Como es lógico, entré en pánico e hice lo que cualquier persona racional haría: la llené con agua caliente y detergente y lo dejé en remojo toda la noche. Pero cuando la marca carbonizada seguía ahí a la mañana siguiente, incluso después de otras 24 horas de remojo, supe que necesitaba una solución.

Así que recurrí a la experta que mejores consejos me ha dado en organización y limpieza, Katie Mortram, editora de Household Advice. Enseguida me reveló su secreto, algo que la ha salvado incontables veces. Su solución, con un solo ingrediente, era tan sencilla y a la vez tan ingeniosa que tuve que probarla de inmediato. Y, como compartir es de guapas, aquí te explicamos cómo salvar tus sartenes y ollas de hierro fundido quemadas.

Cómo limpiar las ollas y sartenes de hierro fundido quemadas

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Comencé por lo más obvio: eliminar los restos de comida sueltos. Un buen remojo en agua caliente con jabón suele ser suficiente. Una vez eliminada la mayor parte de los residuos, llegó el momento de probar el truco secreto: el método de las pastillas para lavavajillas.

Llené la olla hasta la mitad con agua tibia, eché una pastilla para lavavajillas (la salvadora de esta historia) y la puse en la vitro a fuego lento. Debe hervir a fuego lento, no a borbotones, así que vigílala durante unos 20 minutos sin tapa. También encendí el extractor y abrí un poco la ventana, por si acaso. No olía mucho a productos químicos, pero como se suele decir, más vale prevenir que lamentar.

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A los diez minutos, revisé el agua y no podía creer lo que veían mis ojos: ¡el agua, antes cristalina, se había vuelto completamente negra! Me sentí como si estuviera preparando una poción en el caldero de una bruja. Después de veinte minutos, apagué el fuego y dejé que la olla se enfriara por completo antes de continuar con la limpieza. Es importante no verter nunca agua fría directamente en una olla caliente, ya que esto puede provocar que el esmalte se agriete.

Una vez que se templó el agua, vacié aproximadamente tres cuartas partes del líquido, dejando solo lo suficiente para fregar. Con un cepillo de nailon (hay que evitar los estropajos metálicos, ya que rayan el esmalte), comencé a frotar. El agua se fue oscureciendo aún más, a medida que se desprendían los residuos quemados, y poco a poco el esmalte recuperaba su brillo.

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Cuando por fin la enjuagué bien, no podía creerlo: las manchas negras casi habían desaparecido por completo. Le di una última pasada rápida para que quedase reluciente, pero la verdad es que pude restaurar la querida olla de mi abuela en veinte minutos.

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Cómo evitar que la comida se queme en una olla o sartén de hierro fundido

La próxima vez que uses tu olla o sartén de hierro fundido, no hagas lo mismo que yo. Evita el problema antes de que empiece, sobre todo si acabas de salvarla, porque lo último que quieres es quemarla de nuevo. Unos cuantos hábitos sencillos pueden marcar la diferencia:

  • Asegúrate de que la olla esté bien centrada en la placa para que el calor se distribuya uniformemente y evita subir demasiado la temperatura; un calor medio te da mucho más control. Además, remueve con frecuencia para que no se pegue nada y vigila el nivel del líquido para que no se seque.
  • Para platos que requieren tiempos de cocción más prolongados, prueba a terminarlos en el horno. El calor indirecto es mucho más suave y reduce la probabilidad de que se quemen.
  • Para el hierro fundido tradicional, conviene seguir las instrucciones del fabricante antes del primer uso. Muchas de estas piezas necesitan un proceso conocido como curado, que consiste en aplicar una fina capa de aceite y calentarla para proteger la superficie y mejorar su rendimiento con el paso del tiempo. Todo dependerá de su esmaltado; por ejemplo, el de Le Creuset no suele necesitar este proceso.